Notas sobre notas (a propósito de <<enin>> y otros lectores de mis columnas)

OPINIÓN

La Voz de Asturias supera en casi 200.000 lectores su anterior récord
La Voz de Asturias supera en casi 200.000 lectores su anterior récord

13 abr 2026 . Actualizado a las 11:55 h.

No es práctica mía dedicar un artículo a quienes con hábito comentan u opinan o hacen interpretaciones parciales o sesgadas, a mayor gloria del cinismo populista triunfante, o que, simplemente, ven entuertos malévolos donde solo hay molinos (de viento, por descontado) que muelen la actualidad para obtener una fina harina a través de la que se pueda vislumbrar la marcha del mundo y de quienes afirman ser lo más chic de la evolución por selección natural, sea esta lenta o rápida o alterne la una con la otra, sacando naturalmente de este proceso a los fundamentalistas religiosos que siguen al pie de la sagrada letra los tres libros monoteístas triunfantes, la Torá o Pentateuco, la Biblia y el Corán, donde se asegura <<científicamente>> que el Señor de los Cielos, antes de descansar, tan merecidamente, nos creó artesanalmente y que somos copias inmutables de sus haceres con el barro y la costilla.

(Ahora que caigo, hay un tergiversador reincidente que me ha afeado en dos ocasiones, que yo recuerde en estos momentos, pero que pudieron ser tres o cuatro, porque es uno de los lectores-comentaristas de este diario, que escribe desde Gijón, más pertinaz en la defensa de ese cinismo referido; me ha afeado, decía, el hecho de que «nunca» me meto con la religión musulmana, cuando, si se repasa mi trayectoria como articulista, que empezó en la década de los 80 en <<La Voz de Asturias>>, continuó en <<La Nueva España>> y sigue en la edición digital de <<La Voz>>, es decir, centenares de artículos, aparte de opúsculos en publicaciones literarias y filosóficas, comprobará mi rechazo visceral al yihadismo y otras manifestaciones disparatadas del Corán, del mismo modo a quienes retuercen la Torá. Esta malintencionada atribución quizá la legitime el susodicho porque es al cristianismo y, particularmente, al catolicismo, al que acudo cuando tengo que acudir porque es un hecho cultural de primera magnitud en el espacio geográfico en el que fui parido sin haber dado yo consentimiento, que es el caso de todo dios. La diferencia más pertinente es que yo, en lugar de alborozarme por tal afortunado acontecimiento, me revuelvo contra la condición miserable, de una crueldad ilimitada e incluso inimaginada antes de su ejecución, de los hombres, casi todos espirituales, convertidos en la peste de las pestes. Pero, en fin, que cada cual viva con sus propios anclajes el parvo tiempo que tiene y se olvide del prójimo si es para joderle a sabiendas y reiteradamente con satisfacción sublime, que el objeto del mal es el deleite).

Pero no es este de Gijón, ni el de Lena, ni el de Siero, ni el de Villaviciosa, ni el de otros, asiduos ellos a reprocharme mi talante ético, o tendente, esforzado, con caídas y recaídas, pero sin tregua, nunca desanimado en pos de la ética (en el caso de Julio Iglesias, y lo menciono porque lo mencionó el de Gijón, el hecho de que el fiscal español le haya dado carpetazo, no se debió a la falta de indicios de acoso y derribo de jóvenes hembras, que es como las contemplan nuestro «cantante universal», en la estela de su padre, sino que el fiscal adujo incompetencia por vivir en el extranjero, incompetencia, desde luego, discutida, como han señalado algunos juristas, campo este, el de la jurisprudencia española, que está en la picota, según denuncian magistrados de la UE, que alertan de que nuestro Tercer Poder está haciendo las veces, asimismo de acoso y derribo, de un Gobierno legítimo, por otro lado nada escandaloso en la era de la demolición de la legalidad internacional; mujeriegos contumaces y huevazos, ya se trate de Julio Igleias, de José Luis Ábalos o de Íñigo Errejón, que se hayan en tres posiciones ideológicas incompatibles, fueron en su oportuno momento reprobados en mis escritos; o sea, que no se me venga con la cantinela de que solo aludo a la fachería), y adjudicarme la par ser sanchista, cuando no pertenezco ni pertenecí al PSOE ni a otras formaciones más a la izquierda, que no son ángeles asexuados, pero que respeto cuando sus políticas tienen algunas inclinaciones con los de <<abajo>>, léase como premisa transcendental no bajar los impuestos para respaldar tales inclinaciones, y recriminar paralelamente las inclinaciones de los de <<arriba>>: privatizaciones, etcétera, etcétera.

No, no es de mi interés contestar a estos ciudadanos corrientes que beatifican a los de <<arriba>>, como si ellos formaran parte de ese club, pero que son parte necesaria, como siempre, para que acaben gobernando precisamente contra ellos y, todavía así, congratularse. Mi interés está en el comentario de un lector de Gijón que se hace llamar <<enin>>, comentario a la columna que firmé el pasado domingo, titulada <<Noelia o el furor del fundamentalismo>>. Escribe <<enin>>: “No le faltaré al respeto, como usted acostumbra al nombrar a los cristianos”. Pues bien, <<enin>>, en primer lugar, gracias por no faltarme al respeto, y en segundo, le pregunto de qué forma y manera he faltado yo al respeto a los cristianos en el escrito de marras, porque lo he releído en busca de irreverencias y no hallé ninguna.

Pero antes de nada: mi sumisión por todo ser moral está conmigo desde antiguo, y muy especialmente la religiosidad o espiritualidad, que es una de las manifestaciones humanas más contundentes y extendidas desde la Prehistoria, y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos. Es Antropología básica. Es consustancial a un cerebro desmesurado. Casi la totalidad de la humanidad pone sus esperanzas en ella, porque ese cerebro con tanto gris sabe lo que le espera: ser polvo o ceniza. En consecuencia, mi cortesía hacia el cristianismo es principio. Con quien no soy cortés es con «colectivos (Abogados Cristianos, Alianza Evangélica Española) o individuos (arzobispo de Oviedo)», escribí, porque transfiguran los hechos y las palabras de Jesús en una dirección anticristiana, diariamente bendecida por la extrema derecha, y por la otra, la que asoma cada día con más descaro y sin vergüenza la vena ultra. En el artículo, más adelante, puntualicé, aunque a usted pudo habérsele pasado el apunte, hecho nada excepcional ni reprochable: «Lo que ocurrió en el devenir de los cristianos, los fundamentalistas [aquí está el apunte] fue sencillo. Una secta religiosa logró, con la fortuna de cara, hacerse con Roma y, por medio de ella, implantarse en el imperio y más allá, y transcurrido un puñadito de siglos, erigirse como una potencia universal…», y un poco más adelante señalé el «furor de los cristianos contra lo que no ha sido establecido canónicamente (¡?) es perturbador, cuando no espantoso». De otro modo, volví a señalar a quienes, a lo largo de los siglos, en concilios y múltiples proclamas desde cualesquiera lugares donde se implantó esta doctrina, interpretaron e interpretan el Nuevo Testamento (del Antiguo, mejor no indagar) a su antojoso, grotesco y pérfido beneficio, y siempre dispar con los principios de bondad y sobriedad de los primeros cristianos. Recuérdese a Mateo (20:16): «los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos». Entonces, ¿no se estará refiriendo Mateo a los cristianos de los círculos del IBEX-35 o de Silicon Valley como los últimos, y como los primeros, a la chusma planetaria, en la que se incluyen, reseñé como un caso entre millones, el escalofriante porcentaje de muertos entre los niños con cáncer en África en contraposición a los porcentajes en Europa o América?

Y hasta aquí mi argumentación a su «No le faltaré al respeto, como usted acostumbra al nombrar a los cristianos ». En cuanto a la cuestión de la vida y la muerte, de la eutanasia sí o no, del derecho a decidir si vale o no la pena (¡¡¡¡pena!!!!) vivir una vida de tormento alienante y, muy oportunamente, coincidente con el concepto del adjetivo «insoportable», mi miramiento hacia sus posiciones, aun no comulgando con ellas, <<enin>>, es sincero. Y ese miramiento se refuerza con sus también sinceras y loables palabras cuando escribe: «Que tenga usted un buen día, vívalo como mejor le plazca pero, vívalo y aléjese, a poder ser, de la muerte, que esta le espera a usted y a todos nosotros, en cualquier momento y esquina. Saboreé la vida».

Ahora bien, <<enin>>, una cosa es la discrepancia en cualesquiera de las cuestiones enunciadas y otra es callar ante el párrafo que se ha largado, a saber: «De las contradicciones de quienes gustan ser llamados progresistas. La bondad o la maldad va en función de a quién se tiene en la diana, ese el baremo de buena parte de aquellos que gustan de ser llamados progresistas. Si en el centro de las críticas se encuentra un católico o una persona que se sienta patrióticamente español, ahí la progresía aplaude con las orejas. Ha pasado siempre en la Historia, y muchos de estos fervientes críticos son, para más inri, cuñas de la misma madera, que por razones que desconozco, no desaprovechan oportunidad para descargar su irá pero no por el bien ajeno sino para su propio regodeo. Se regocijan en demasía, buscan, como señala usted, Aina, el aliado perfecto a aquel que piensan que peor aceptación tendremos [se puede mejorar mucho esta redacción]. Hacen gala de eso que dice, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Lamentable». Porque lo lamentable es el fondo y el tono demagógico que usa, puesto que a mí no me gusta «ser llamado progresista», ni soy bueno ni malo dependiendo de la «diana», diana en la que no están, genéricamente, el «católico o una persona que se sienta patrióticamente español», porque sobre el católico, estimo que ha quedado diáfana mi perspectiva diferenciando al honesto del fundamentalista, y sobre el patriota, respeto. Lo que no respeto es que nadie, amparándose en sus creencias, su españolidad, su ideología política u otras atalayas, no actúe con dosis apropiadas de ética, o sea, algo así como «ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:39). Y mi ira la descargo no para mi “propio regodeo”, la descargo contra quienes arbitrariamente, sin justificación, por capricho o inconsciencia, me atribuye ese «regodeo». Sin embargo, si usted u otros me tienen en tan miserable condición, no voy a insistir en mi defensa, porque yo no soy nadie que merezca públicamente la pena y estoy ya un tanto acorazado contra los dardos afilados que se me lanzan cada domingo. Mi defensa se centra en los de <<abajo>> y mis censuras en los de <<arriba>>, cuando estos, desde el cargo político que ocupen o posición de dominio social o económico (que algunos de estos se atribuyen perversamente ser de izquierdas o progresistas), vapulean a aquellos. Este es el espíritu cardinal que anima mis escritos, reconociendo, faltaría más, equívocos, descuidos o desaciertos, porque soy hombre, y hombre mínimo. Pero que no se confunda al patriota con el salvapatrias ni al católico con el nacionalcatólico universal, ese que en los años 60 últimos hacía cantar a los niños en escuelas y colegios «Voy por rutas imperiales/caminando hacia Dios».

(Ya que este artículo es único, en tanto en cuanto menciono a algunos lectores, sería asimismo indecente por mi parte no mencionar a algunos lectores morales: <<Emei>>, de Avilés; <<Lin>>, de Cudillero; <<Escéptico>>, de Langreo; <<mans>>, de Ribadeo; <<numeritos>>, de Gijón, e <<Izde>> y <<Jtm>>, de Oviedo. Con esta mención no persigo que mis opiniones sean en su totalidad o en buena parte respaldadas por sus comentarios; el tributo que les rindo es por su conciencia solidaria con los de <<abajo>>).