Si el río Esva hablara, gritaría, gritaría y diría: «Depuradora sí, en el centro de Trevías no». Gritaría lo mismo que hizo hace unas semanas el pueblo de Trevías. Cientos de personas salieron a la calle bajo sus paraguas a clamar por una forma diferente de hacer las cosas. Desde entonces, siguen en una lucha por hacerse oír antes de que las grúas comiencen a construir una depuradora en el centro del pueblo. Trevías merece respeto.
Si el río Esva gritase, gritaría a los gestores políticos: «Respeten mis aguas y mis orillas, háganlo bien porque ustedes se irán, pero yo seguiré aquí».
Si el río Esva gritase, nos gritaría a todos: «Cuidadme, limpiadme, queredme, protegedme… soy mis aguas, pero también mi cauce, mis orillas, los valles por los que paso y la gente que me mira». La depuradora es necesaria, pero para elegir su emplazamiento hay que usar los cinco sentidos: la vista (minimizar al máximo el impacto arquitectónico en el entorno), el olfato (agradable o desagradable), el tacto (respeto hacia el pueblo, su realidad y su futuro), el oído (hay que escuchar todas las alternativas y posibilidades) y, cómo no, el gusto (¿es una cuestión de buen o mal gusto construir algo tan feo en medio de un pueblo, junto al paseo a orillas de un precioso río truchero y salmonero?) Trevías es un pueblo milenario, con un gran potencial que no debe destruirse construyendo algo así, algo de mal gusto que nadie quiere tener delante de sí. Analicen las alternativas.
Si el río Esva gritase, gritaría a los cuatro vientos: «Limpiadme de una manera digna y con vistas al mañana. Pensad en que tengo historia, presente, pero también futuro». Si no se rectifica lo proyectado, desde el puente de Trevías ya no se verá un precioso río de aguas con bellos reflejos. Se verá y olerá una depuradora mal ubicada. El lugareño y el visitante abrirán la boca con asombro ante tal desacertada decisión.
Si el río Esva gritase, animaría a los trevienses: «Seguid luchando por un mejor futuro. Ahí tenéis el ejemplo del valle de Paredes: vuestros vecinos lograron con su movilización paralizar la construcción de una explotación minera en otro de los valles a los que doy forma. Que no decaiga la motivación, porque el motivo lo merece».
Si el río Esva gritase, exigiría a las autoridades competentes: «Escuchad a los que viven en mis orillas y corregid este proyecto. Aún estáis a tiempo de elegir otro emplazamiento. Rectificar es de sabios. Quiero que me miren a mí. Soy el río Esva, un río con historia, un río truchero y salmonero que discurre por valles que se deben mimar. Trevías y yo queremos ser un atractivo más, que sume y que no reste a Valdés y a Asturias». Es tarea de todos.
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