Crítica de «Iván & Hadoum» de Ian de la Rosa: el deseo (queer) como antídoto al capitalismo tardío
OPINIÓN
El próximo domingo 19 de abril, a las 20:00h, el Festival de Cine LGTBI del Centro Niemeyer clausura su XI edición con el estreno en Asturias de «Iván & Hadoum» (2026), de Ian de la Rosa.
La película, Premio Teddy a la Mejor Película en la Berlinale 2026, uno de los reconocimientos más relevantes del cine queer internacional, ha sido también galardonada en el pasado Festival de Málaga con la Biznaga de Plata ? Premio Especial del Jurado, Mejor Guion y Mención Especial a la interpretación masculina para Silver Chicón.
Ambientada en los invernaderos de Almería, un no-lugar poco representado en el cine patrio, la película nos presenta una fórmula reconocible: una historia de amor atravesada por diferencias sociales, a modo de relectura actualizada de Romeo y Julieta. Sin embargo, pronto deviene en un relato menos evidente que se construye desde la fricción constante entre lo íntimo y lo estructural, entre el deseo y los condicionamientos sociales que lo limitan.
Iván (Silver Chicón), un chico trans, trabaja en un invernadero ligado a su entorno familiar. Hadoum (Herminia Loh), joven de origen marroquí, se incorpora como trabajadora a la cadena de envasado. Al poco tiempo, se establece entre ambos una conexión inmediata, aunque Ian de la Rosa, también guionista del film, evita deliberadamente el énfasis melodramático. Lo que le interesa no es tanto narrar una historia de amor imposible a la que estamos acostumbrados, como observar cómo esa posibilidad se tensiona dentro de un sistema económico y social que impone sus propias reglas.
Uno de los aciertos más significativos del film reside precisamente en su forma de abordar la identidad más allá del género. Iván es un personaje trans pero esta circunstancia no constituye el conflicto vertebrador del relato. No hay aquí un arco narrativo articulado en torno al tránsito, ni una insistencia pedagógica sobre su condición. Al contrario, la película se sitúa en un momento posterior: Iván ya es, ya está, y su identidad forma parte de su cotidianidad sin necesidad de ser constantemente explicada o problematizada en su círculo familiar y de amigues.
Esta «desproblematización» o desplazamiento de lo queer supone un cambio claro dentro del cine LGTBIQ+ contemporáneo y marca una evolución en sus formas de representación. En gran medida, tiene que ver con que cada vez más personas del propio colectivo están escribiendo y dirigiendo sus historias, lo que permite ir más allá de los relatos centrados únicamente en el conflicto identitario. En años recientes vemos ejemplos de films donde lo queer deja de ser el problema para integrarse de manera más orgánica en narraciones donde lo que pesa son las condiciones socioeconómicas que rodean a los personajes. «Iván & Hadoum» se inscribe en esa línea actual que entiende las vidas LGTBIQ+ no como excepciones, sino como parte del tejido social. Lo que atraviesa a sus personajes no es únicamente quiénes son, sino en qué condiciones materiales viven. Es en este aspecto donde la película despliega su verdadera potencia.
El contexto en el que se desarrolla el largometraje —los invernaderos industriales que abastecen al mercado internacional desde el sur de Europa— no funciona como mero decorado, sino como una estructura que condiciona y organiza el relato. La precariedad y las jerarquías que lo atraviesan se filtran en el vínculo afectivo de los protagonistas, moldeando sus decisiones y sus posibilidades. A medida que Iván asciende dentro de la empresa familiar, se ve obligado a posicionarse dentro de ese sistema, asumiendo o resistiendo sus lógicas. Es ahí donde la película sitúa su núcleo de conflicto: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar para garantizar nuestra estabilidad? ¿Puede el deseo sostenerse frente a las exigencias de productividad y supervivencia capitalistas? ¿Hay esperanza en el potencial revolucionario de «lo erótico» del que ya nos hablaba la feminista lesbiana Audre Lorde a finales de los setenta?
Formalmente, «Iván & Hadoum» apuesta por una puesta en escena contenida y observacional. La cámara de Beatriz Sastre, directora de fotografía, privilegia lo corporal y lo táctil, generando una fuerte sensación de proximidad a través de primeros planos que registran la intimidad desde una mirada no intrusiva, ajena a cualquier lógica de espectacularización o consumo voyeurista. Algunas secuencias destacan por su capacidad de condensar lo emocional y lo simbólico, como la escena rodada con cámara infrarroja en el interior del invernadero, donde la naturalidad de los cuerpos y el deseo se inscriben en la artificialidad del espacio plástico que los contiene, difuminando los límites entre naturaleza y artificio. En lo que respecta a las interpretaciones, les debutantes Silver Chicón y Herminia Loh construyen personajes y vínculos creíbles, alejados del estereotipo, consiguiendo mantener una tensión y química constantes que expresan tanto el deseo como la precariedad que les rodea.
En definitiva, «Iván & Hadoum» es una propuesta sugerente y honesta sobre las condiciones de posibilidad del amor en el presente. No lo idealiza ni lo convierte en salvación, sino que lo sitúa en un terreno atravesado por las mismas estructuras que organizan nuestra vida. La película amplía el foco del cine LGTBIQ+ contemporáneo, entrecruzando identidad, clase, migración y deseo y deja una pregunta en el aire: qué significa, hoy, amar y entregarse al deseo cuando las condiciones sociales y económicas parecen empujarnos en la dirección contraria.
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