Vito Quiles en un pase de la película «Torrente Presidente», en la que participa
Vito Quiles en un pase de la película «Torrente Presidente», en la que participa FERNANDO VILLAR | EFE

16 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sacar a la gente del armario a palos no es algo que me agrade. La gente puede tener sus motivos para vivir su sexualidad de forma oculta y no soy quién para empujar a nadie de esa manera sabiendo como sé que la respuesta a su alrededor puede ser abiertamente hostil. Pero no sé si, cuando la persona expulsada del armario se rodea de homófobos que se oponen a los derechos LGBTIQ+, tengo que tener los mismos escrúpulos. En realidad no sé si Vito Quiles se acuesta con hombres y en realidad ni siquiera me interesa lo que haga con su sexualidad ni cómo viva el amor, si es que alguien como él lo puede vivir, pero sí que creo que un personaje como él no debería quejarse mucho de lo que ha hecho la comunicadora Sarah Santaolalla. Hay que saber dónde mete uno el hocico y valorar las consecuencias de tus actos, y en el caso de ella, los acosos del pseudoperiodista son muy difíciles de aguantar. La paciencia tiene un límite. Ninguno de los que han salido a defender a Quiles se ha quejado nunca del acoso al que sometió a Sarah Santaolalla. Es más, muchos lo han jaleado y defendido y se han reído con este asunto. He visto vídeos en los que fans de Vito Quiles acosaban y grababan con el móvil a la comunicadora y su pareja en un aeropuerto. El recientemente expulsado del armario se ha presentado en su casa a menudo, rodeado de machacas. Si uno lee el tuit de Santaolalla que se ha viralizado, en realidad no hay mucho que reprochar. En nuestra sociedad, al menos aparentemente, el que alguien se acueste o se deje de acostar con alguien de su mismo género, no tiene importancia. El tuit se limitaba a contar que ella sabe cosas de Vito Quiles y que podría comportarse más o menos igual que él si se lo propusiera y no lo hace.

La ira se desató contra ella y a mucha gente le pareció una cosa muy fea lo que hizo, pero sigue flotando la cuestión de que el tal Quiles trabaja para un medio que ataca al colectivo LGTBIQ+ del mismo modo que ese mismo medio tenía a un negro de reportero y atacaba los derechos de las personas migrantes. La hipocresía es lo que se esconde detrás de toda esta indignación impostada, la de quienes piensan que las personas homosexuales deben vivir su sexualidad de forma clandestina para no molestar a la gente de bien, esto es, la gente heterosexual que puede hacer lo que le plazca. Cunde el pánico por si acaso alguien hurga un poco en tanta impostura y se encuentra lo que menos espere y cunde también la mala conciencia por quedar al descubierto que apoyan a un supuesto homosexual que le baila el agua a la ultraderecha y defiende sus políticas hostiles hacia un colectivo que ha sufrido y sufre lo indecible, un colectivo que vive en sus carnes día a día la discriminación y el desprecio jaleados por pseudomedios de comunicación que hacen todo lo posible por destruir la convivencia en nuestro país. Repito que no sé ni me interesa saber si a Vito Quiles le gusta la carne o el pescado. Estoy seguro de que ninguna persona decente espera ni desea que se le persiga por su condición sexual. No, Sarah Santaolalla tampoco pretendía eso. La misma gente que ha empujado fuera del supuesto armario a Quiles defenderá sus derechos a muerte si es necesario, no me cabe ninguna duda. Pero tampoco puedo sentir ni un mínimo de empatía por su situación. En serio, me resulta imposible. No puedo compadecerme por él. Sabe bien a qué se dedica y lo que hace y que no está bien hacerlo. A qué vienen estos lloros, hombre.