En toda la historia, que sepamos, no hubo un avance tan importante en materia de pensamiento humano como lo que dio en llamarse La Ilustración que la solemos cristalizar en el siglo XVIII y situamos su origen primero en Francia. La filosofía griega está quizás a la par y los romanos aportaron la ley humana, el derecho civil y otros muchos elementos que nos proyectaron hacia la racionalidad del pensamiento y del avance humano en general que nos separó de la barbarie y de los simios humanos. Ya antes en lo que hoy llamamos Renacimiento observamos cómo irradiando desde el norte y el centro de Italia se echó la vista hacia la luz de un pasado extinguido por más de mil años; Roma y Grecia y nos queremos ceñir no a los adelantos técnicos de estas dos patrias del avance que nos llevaron a pensar por nosotros mismos y a escoger entre los ídolos y la razón, despertando esta última como luz y guía de toda la realidad existente y demostrable.
Podemos pensar que antes de romanos y griegos estuvo Egipto, Sumeria, Babilonia, Persia, India y China que indudablemente contribuyeron de una manera impactante a los adelantos técnicos y a los órdenes sociales y a un pensamiento religioso y filosófico más elaborado e inteligente. Todos ellos nos llevaron, por supuesto, a dejar atrás las aldehuelas neolíticas y las cuevas paleolíticas, sí, pero no podemos aplicar la palabra racionalismo a sus saltos por encima del pensamiento más primitivo, el de los popes dioses y otras creencias que incluso hoy enlazarían con la física cuántica pero de las que no tenemos constancia que hubiera una conciencia razonable detrás de ellas.
Los romanos y los griegos liberaron nuestro cuerpo y lo hicieron visible a escala universal, adoptaron religiones en las que los dioses estaban muy humanizados, muy propicios para ser criticados, aunque temidos, por los propios practicantes, incluso con humor irónico. Desde luego no llegaron a lo que nos ocupa en la cuestión del avance humano como sociedad, del pensamiento racional para todos; libertad, igualdad, fraternidad a la par de la utilización de la razón para la observación del universo mundo que nos llevó a los avances científicos que nos hicieron a todos más inteligentes y quizás mejores, hasta hoy que parece vuelven antiguos fantasmas.
Ya antes del siglo XVIII se empleaba o mejor dicho se aplicaba el pensamiento racional sobre todo en la técnica y en la ciencia, pero es a partir de ese siglo, como referencia, cuando nos «enteramos» que se puede vivir y pensar sin los dioses por en medio. Ojo, pero primero se enteró Francia y luego poco a poco Europa occidental y de ahí pasó a algunas zonas de América y a otros escasos lugares. Por supuesto que siguió y sigue existiendo la irracionalidad, la brutalidad, las guerras que son el mayor estigma conocido de nuestra civilización terrestre, pero huelga decir y subrayar que las guías religiosas, buenas o malas, fueron, son y serán irracionales.
Hoy sigue habiendo religión por todas partes, es normal; la fe es un «don» que desde la razón podemos observar como un consuelo efectivo para las personas. Eso mientras no invada la libertad individual y el espacio público puede ser hasta bueno, pero hay religiones y religiones y desde luego las llamadas religiones del Libro, aparte de las bondades para sus practicantes e incluso para la sociedad como supuso el llamado humanismo cristiano, fueron, son y no sabemos si serán un freno cuando no una vuelta atrás decidida para el mundo conocido y desde luego para el mundo clásico en Occidente. Tendrán que disculparme los medievalistas por pensar que la implantación en las sociedades del Bajo Imperio del judaísmo y del cristianismo, entre otras causas también principales como el agotamiento del modelo imperial romano, nos llevaron a tener mil años de oscurantismo en el pensamiento, decadencia en la técnica, la ciencia y en los ordenes sociales posteriores al Imperio Romano. Añadiríamos que los llamados bárbaros supusieron también una vuelta a atrás en todos los órdenes de las sociedades proto-europeas por mucho que quisieran imitar con su subdesarrollado pensamiento a sus antiguos invasores romanos a su vez invadidos por ellos. Nosotros, los actuales occidentales, llevamos la marca judeo-cristiana y hoy deberíamos añadir a la musulmana en una parte significativa de Europa.
Aunque podemos reconocer sobre todo a nuestro «cristianismo», sobre todo al más primitivo, una idea de la compasión humana quizás poco existente antes en el mundo conocido, las religiones del Libro supusieron, en general, un salto atrás en casi todos las esferas religiosas, políticas, sociales, económicas, culturales y científicas también en el modo de ver al hombre y mucho más a la mujer. El cuerpo humano deja de existir, nos hace pecar —y más el de la mujer —, vivimos para no pecar y morir puros y devotos para ir a un prometido Cielo, Paraíso donde nos aguardaba el premio de un jefe supremo y una jerarquía que nos reconocerá o no nuestros méritos en un mundo al que sólo hemos venido a modo de prueba. La implantación —digamos pública y muy estamentada—, en las sociedades antes más adelantadas, de un pensamiento que consideramos poco avanzado, con permiso de los medievalistas, supuso un periodo demasiado largo de atraso para el mundo conocido, excepto Asia que estaban en lo mismo, casi inamovibles, desde hacía milenios. Nosotros los nuevos habitantes de Europa asumimos con los años y la insistencia pertinaz los credos que nacieron escindidos de la Biblia que tiene su origen precisamente en un Oriente Medio que no nos dejó ni nos deja un minuto de resuello desde entonces.
La religiones del Medio Oriente nos hablan de 5000 años donde lo que más abundó fueron los enfrentamientos, las barbaridades de las guerras de religión y de las cazas de brujas entre moros, judíos y cristianos con un cristianismo, creemos que se debería reconocer, que se humanizó con los adelantos en el pensamiento y en la ciencia occidentales que hoy en la embestida irracional de los reaccionarios —con la excepción meritoria de los dos últimos papas— quieren volver al Concilio de Trento o más atrás en el tiempo.
De las tres religiones de ese Oriente Medio que nunca encontró ¿ni buscó? la paz, el verdadero peligro hasta casi hoy, podríamos decir, para la Ilustración es el Islam mundializado y fuera de control contra el cristianismo, contra la Ilustración, la Razón, el humanismo y contra el hombre mismo subrayado desde sus teocracias cortejadas por el capitalismo sin empatía que es el verdadero mal de la Historia escondido detrás de todos los conflictos que tuvo, tiene y parece que seguirá teniendo la humanidad si salimos vivos de esta última embestida a la que asistimos.
Los plutócratas, el Islam así como el sionismo —no todos los judíos—, constituyen hoy la cara más visible de un nada imaginario fin de civilización al que nos pueden llevar sus cerriles e interesadas disputas y sus actitudes que tanto misioneras como extractivas hacen pensar a sus dirigentes en la gloria de paraísos artificiales que no son de LSD o en búnkeres donde escondan su oro, sus esclavos y su decrepitud confiando en vivir eternamente, pero en esta Tierra.
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