Más libros, más libres

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

 El escritor Eduardo Mendoza firma libros durante el Día del Libro en Barcelona
El escritor Eduardo Mendoza firma libros durante el Día del Libro en Barcelona Marta Pérez | EFE

27 abr 2026 . Actualizado a las 08:28 h.

Es la semana del Día del Libro. Es importante celebrarlo leyendo. Para huir así de las hogueras de libros con las que las dictaduras siempre empiezan por desgracia marcando paquete. Prefiero a Manuel Vicent, que confesaba besar las mejores páginas de Jorge Luis Borges. Tierno Galván decía que a más libros, más libres. Lo recuerda Julia Otero en la radio. Así es. Un libro se abre y tiene alas. Te lleva a cualquier lado sin moverte de un sillón, de una cama, de una hamaca. Te saca del metro, aunque vayas en el vagón abarrotado al trabajo. Es pura democracia. Eliges el que quieres y lo dejas de leer cuando te da la gana. Lo compartes, si te entusiasma. Lo criticas, si te horroriza.

Los libros aguantan todo. Amar los libros es amar las bibliotecas públicas, que hacen un trabajo impagable. Amar los libros es amar las librerías. Cada vez que cierra una librería, el mundo se vuelve más pobre, más absurdo. Ojo, leer siempre. Pero estamos leyendo cada vez más en corto. Es esencial volver a leer en largo. Lo dicen los neurocientíficos: no es bueno saltar en el móvil de un texto a otro, sin rumbo, con ojos de yonqui. Tenemos que recuperar la lectura del libro de principio a fin. Eso es lo que estimula nuestro sentido crítico. Presentación, nudo y desenlace.

Están muy bien los tragos cortos de un poema, de un párrafo excelso que nos facilitan las redes sociales, pero nada como empezar en papel un libro y, si te gusta, seguir el camino hasta el final. Es como hacer el viaje a Santiago, paso a paso, página a página, completarlo y, al llegar, al cerrar el libro, alzar la vista con la mirada limpia y más sabia para admirar las torres de la catedral más hermosa del mundo. La nave de piedra de Compostela.

Los libros en papel no necesitan enchufe. Tampoco los periódicos. Pasar páginas es una gozada. No estamos locos los que los olemos, como si estuviesen perfumados. Muchos están perfumados de sabiduría, de belleza. Otros nos muestran el horror, el dolor, algo también necesario. La experiencia humana tiene la cara y la cruz, y los libros así lo reflejan. Los muy locos leemos diccionarios. Nos colocan las palabras. Los libros no existirían sin los autores.

Para terminar este canto a leer cito a un autor muy querido, que tiene novedad. Y que, con su espíritu travieso y su sentido del humor cervantino, la acaba de liar con su declaración contra el Sant Jordi y a favor del Día del Libro de toda la vida. Hablo de Eduardo Mendoza. «Voy a empezar a hacer la campaña ‘‘fuera Sant Jordi’’. Es el Día del Libro. Siempre se ha llamado Día del Libro. No pinta nada Sant Jordi. Era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer», soltó Mendoza. Es el escritor de La intriga del funeral inconveniente donde vuelve a brillar con su talento, que es puro ingenio, con frases como está: «¡Ni cuando tengo suerte tengo suerte!». Y de guinda una frase famosa y hermosa de uno de los libros entre libros: «Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos». El Principito, claro. Hagan de la lectura el principio de una vida distinta, más lenta, más bella, más elegante. Como decimos en Galicia, leía paseniño, sen facer ruído. En medio de la tormenta de este siglo, el libro como tregua, el corazón como esponja, como una estrella de mar de letras.