Prioridad a la sensatez y a la humanidad

OPINIÓN

Donald Trump, en la rueda de prensa posterior al tiroteo en la cena de corresponsales.
Donald Trump, en la rueda de prensa posterior al tiroteo en la cena de corresponsales. Jonathan Ernst | REUTERS

29 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

No ha habido nada tan nefasto en las últimas décadas como el populismo nacionalista reaccionario. El «América primero» de Donald Trump ha conducido a Estados Unidos a la guerra, a un endeudamiento gigantesco, al crecimiento de la inflación, al enfrentamiento civil y a medidas represivas que amenazan la democracia. Los efectos del «brexit» para el Reino Unido son catastróficos. Orbán dejó a Hungría con la inflación desbocada y una corrupción generalizada. El nacionalismo imperialista y ultraderechista de Putin ha provocado una guerra infame en Europa y convertido a su país en una dictadura ultraconservadora y corrupta. Netanyahu, también manchado por la corrupción, ha hundido el prestigio de Israel, dividido a la sociedad y, él sí, fomentado el renacer del antisemitismo, de terrible recuerdo. Entre Trump, Netanyahu y Putin están llevando al mundo a una grave crisis económica y provocando miles de muertos con sus guerras.

Si no fuese suficiente la inmoralidad perversa del nacionalismo xenófobo y el racismo, comprobar cada día sus consecuencias debería convencer a cualquier persona con un mínimo de lucidez, por egoísta que sea, de lo peligrosos que resultan sus cantos de sirena. En España, Vox ha logrado imponer al PP lo que llama «prioridad nacional», que se supone que beneficiaría a los españoles frente a los extranjeros en los servicios públicos. El PP dice que la acepta para dejarlos contentos, pero que la ley no permite aplicarla, debe recordarse que se trataría de discriminar a personas con residencia legal y permiso de trabajo. Como alternativa para no ofender a su socio, los de Núñez Feijoo han sacado de la chistera el conejo del arraigo, que solo serviría para discriminar a unos españoles frente a otros, incluso frente a algunos extranjeros con residencia legalizada.

Soy gijonés y en 1983 conseguí, mediante concurso público, un contrato de profesor en la Universidad de León. Cuando llegué a esta ciudad, con 25 años, no tenía arraigo ninguno, solo un contrato precario, de renovación anual y escasa remuneración. No existían entonces ni Vox ni el PP, pero tampoco había ayudas públicas para jóvenes en mi situación. Pronto firmarán un pacto similar a los de Extremadura y Aragón los dos partidos derechistas en Castilla y León. ¿Qué le sucederá a un asturiano actual que se vea obligado a trasladarse a esa comunidad? ¿Se verá excluido de las ayudas al alquiler, para la compra de viviendas sociales o de cualquier otro tipo? Evidentemente, lo mismo cabría preguntar sobre cualquier castellano o leonés que tenga que ir a vivir a Aragón o Extremadura, o a Madrid, donde Díaz Ayuso también desvarió sobre el arraigo. Reflexionen los votantes de Vox y del PP.

Por cierto, aunque ese sea otro debate, soy un malvado «boomer», somos seis hermanos, pero, a pesar de esa condición «privilegiada», aunque terminé la carrera en 1979, viví primero con mis padres y en pisos compartidos entre 1982 y 1990, cuando, después de obtener la plaza de profesor titular por oposición, pude comprarme un pequeño apartamento en un pueblo de la periferia de León, con una hipoteca al 17% de interés. No sé si existió una época en la que a los jóvenes les lloviesen contratos espléndidos y casas hermosas y baratas, pero no la recuerdo. Espero que se entienda que creo que todo el mundo debe tener salarios dignos y una vivienda asequible, pero también que es estúpido buscar falsos culpables o forzar guerras generacionales sin justificación, las causas de los problemas son otras.

Ni prioridad nacional ni prioridad al arraigo en un país en el que la movilidad interna de la población es enorme, lo que hace falta es sensatez y humanidad. Sensatez en la ciudadanía para no dejarse arrastrar por quienes prometen resolver todas las dificultades con banderas, cánticos patrióticos y la búsqueda de falsos culpables. Humanidad para recordar que todos somos iguales y cualquier persona merece respeto.

No hay mayor contradicción que la de un partido que dice defender los valores del cristianismo, se presenta, con planteamientos más propios de la Edad Media, como baluarte frente a la religión musulmana y se olvida de que uno de los pilares de su supuesta religión es que todos los seres humanos son hijos de Dios. Si leyesen los Evangelios, supongo que es mucho pedir para gente poco aficionada a la lectura, los dirigentes y seguidores de Vox comprenderían que los obispos españoles, que tampoco son un ejemplo de coherencia, no pueden decir otra cosa sobre las personas inmigrantes y que Cáritas no puede discriminar a los necesitados por su pasaporte. No sé si el señor Abascal acabará arremetiendo contra el papa, como Donald Trump, pero su visita a España va a resultarle muy molesta.

El PP está en una situación incómoda. El señor Moreno Bonilla y la señora Díaz Ayuso pueden rechazar la xenofobia de Vox porque cuentan con mayoría absoluta y la presidenta madrileña espera obtener votos de los inmigrantes nacionalizados, pero se complican las cosas para ese partido donde Vox puede bloquear la formación de gobierno. Independientemente de que los adelantos electorales hayan estado mal calculados, el problema está en determinar qué se puede ceder en un pacto, en hasta dónde se puede prescindir de los principios. Los continuos vaivenes y rectificaciones, los trucos y las cesiones en aspectos tan importantes como la inmigración, la violencia contra las mujeres, la homofobia o los derechos de las víctimas de la dictadura, el primero a una tumba digna, a las que incluso denigran, alejan al PP del centro democrático y siembran muchas dudas sobre lo que haría si gobernase España en coalición con Vox.

Sobre la regularización de inmigrantes en curso cabe recordar tres cuestiones: son personas que ya están en España, la mayoría son hispanoamericanos y para nada va a influir en el censo electoral. Esa última insidia es fácil de rebatir y solo puede persuadir a crédulos ignorantes. Solo quienes poseen nacionalidad española pueden votar y ser elegidos y el proceso de nacionalización lleva años. Ninguna de las personas beneficiadas por la actual regularización podrá votar en las próximas elecciones ni probablemente en las siguientes. Pedro Sánchez no va a verse beneficiado electoralmente, salvo los votos que consiga por promover medidas sensatas y coherentes. En cuanto al origen latinoamericano de la mayoría de los inmigrantes, es una ventaja atribuible a ese pasado imperial que los reconquistadores de Vox tanto dicen amar. Ventaja porque resulta más fácil la integración de personas que comparten la lengua e incluso la religión mayoritaria. Eso no quiere decir que haya problemas insalvables con otras procedencias y no solo con los de origen europeo. Marruecos es un país vecino, con el que España ha tenido siempre una especial relación histórica, el integrismo religioso es allí minoritario, los marroquíes llevan muchos años trabajando en este país y solo en mentes enfermas puede cuajar la idea de la sustitución cultural o la imposición de la religión musulmana.

Es otra mentira estúpida que se vaya a regularizar a personas que hayan cometido graves delitos, no lo conseguirá nadie que tenga antecedentes penales y serán considerados los informes policiales. España no tiene las fronteras abiertas, ningún Estado puede hacerlo. Quienes buscan ahora la residencia han llegado en su gran mayoría por vías legales, generalmente por aeropuertos, y con su documentación en regla, otra cosa es que hayan decidido quedarse a trabajar y vivir en este país. Son necesarios, así lo indican los empresarios, y gracias a ellos comienza a revertirse el declive poblacional de Asturias y de Castilla y León, por poner solo dos ejemplos próximos. Los delincuentes, son procesados y encarcelados o expulsados. España es uno de los países más seguros del mundo. A través del mar llega una minoría, que incluye, eso sí, a algunos menores no acompañados, de los que el Estado español no puede desentenderse. Son los que, involuntariamente, protagonizaron hace unos meses un bochornoso regateo entre comunidades autónomas, en el que Vox le marcó una vez más el paso al PP.

No está muy lejos Junts de esas posiciones xenófobas, con Aliança haciendo de su Vox particular en Cataluña. También se ha opuesto al decreto de regularización y no debe olvidarse que coincide con los de Núñez Feijoo en su obsesión con los impuestos. Tendrán que hablar las urnas, pero no es inverosímil que la nueva mayoría de investidura deje a Vox, y a otros muchos, con un palmo de narices.

Donald Trump es un insensato que gobierna un país desquiciado, no puede ser modelo para nadie. Quien siembra vientos recoge tempestades. No es normal que un gobernante sufra tres atentados en dos años. A la polarización política extrema, que ha cultivado, se suma la facilidad para adquirir armas de fuego, que él promueve. Cuanto antes termine su mandato, mejor, pero por vía pacífica y democrática. La violencia solo engendra violencia, a ver si el bermejo albardán lo percibe y se modera, no es fácil. Tampoco lo es que se enteren sus secuaces, en España y en el mundo, esperemos que la sensatez llegue a sus votantes, donde puedan votar libremente, en Rusia solo cabe esperar que el tirano no haya logrado la inmortalidad o un poco probable golpe de estado.