Trump juega con fuego. Tres atentados en dos años. Él dice que el oficio de presidente es peligroso. Y añade que así es la vida, que vivimos en un mundo loco. Tiene razón en que así es la vida, o más bien la historia. Y se equivoca en que hoy el peligro para los presidentes sea mayor. Menos mal que existen los historiadores para poner en contexto los magnicidios. En Estados Unidos, cuatro presidentes fueron asesinados. Pero el récord de un país occidental lo tiene España. Son cinco los presidentes que han sido asesinados en 103 años. Trump, con su discurso al límite, no ayuda. Pero siempre han existido los autores materiales que dan el paso por una desastrosa gestión del odio que sienten por los dirigentes. El caso español es curioso. El período en el que más tiros contra los presidentes con resultado de muerte hubo fue la Restauración. Hasta tres fueron asesinados: Cánovas del Castillo, Canalejas y Eduardo Dato. Cánovas fue el que diseñó el sistema político de la Restauración. Canalejas, el presidente del partido Liberal que quería reformar y democratizar ese régimen. Y Eduardo Dato fue abatido en pleno proceso de descomposición de esa época. Corrían los años 1897, 1912 y 1921. Los tres fueron tiroteados. A los tres les falló la seguridad. Cánovas murió por disparos del anarquista italiano Angiolillo, mientras descansaba en un balneario en Guipúzcoa. A Canalejas no le gustaba la escolta. Incluso la evitaba. Y así fue tiroteado por la espalda por el anarquista Pardiñas en la Puerta del Sol, mientras miraba el escaparate de la librería San Martín. Mirando libros se le fue la vida y el poder. A Dato se lo cargaron tres anarquistas a tiros desde una moto con sidecar cuando iba en su coche oficial, a la altura de la Puerta de Alcalá. La Restauración no fue una etapa tranquila. Los que creen que España vive hoy un infierno con la polarización y que no saldremos adelante, deben saber que superamos la Restauración, la Guerra Civil y que pasaremos página hoy también, sin necesidad de atentados. Es fácil decir que el odio se multiplica por las redes y se inocula más fácilmente en personas que pueden tener la tentación de pasar a la historia de la peor manera posible. Pero los libros dejan claro que Estados Unidos, con cuatro presidentes muertos, no es más peligrosa que España, si lo que comparamos es siglos, para tener una mayor panorámica. Para llegar a los cinco presidentes muertos en nuestro país hay que sumar el de Prim, en 1870. Murió a los pocos días de la infección que le causaron las heridas de bala tras ser tiroteado en la calle del Turco en Madrid, por traer como monarca a Amadeo de Saboya. El quinto es más reciente y muy conocido. Se llamó Operación Ogro y fue el único que no se produjo a tiros. Fue cuando ETA asesinó al presidente del Gobierno de Franco: Carrero Blanco. Una bomba en un túnel en la calle por la que pasaba con su coche oficial para ir a misa fue activada por un terrorista. El coche voló por los aires y superó un edificio de seis pisos. Fallecieron también el chófer y el escolta. Matar no es una competición, pero, a pesar de la querencia yanqui por las armas, en Estados Unidos se produjeron cuatro muertes presidenciales (Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy), una menos que en España.
Comentarios