A) Petrus y el clima
No obstante su celeridad, Jacob Petrus presenta <<Aquí la Tierra>> con una excelente dicción, manejo de los tiempos (tiempo que le sigue reduciendo el nuevo formato de autopromoción de TVE, tan desagradable y agresivo), conocimiento de los temas y un entusiasmo cautivador. En uno de sus programas de esta misma semana, Petrus, un científico, o sea, que se rige por el rigor, resumió un informe internacional elaborado por otros muchos científicos que recogieron multitud de datos durante años sobre el clima. Dos conclusiones principales. Por un lado, que la temperatura media del planeta subió casi dos grados centígrados desde 1914, año en que ese valor ya estaba alto en relación a la primera mitad del siglo XVIII por la irrupción del carbón como motor de la actividad del hombre. Por el otro, que el Mar Mediterráneo rebasó esos dos grados. Un agua más caliente se evapora primero y en mayor cantidad, acabando de forma virulenta y con apenas pausa sobre grandes áreas del planeta. ¿Es necesario recordar la película dirigida por el genial Carlos Mazón <<La dana de Valencia>>, para la que se inspiró en <<La matanza de Texas>> y en <<La noche de los muertos vivientes>>?
B) El padre y el invernadero
Hace unos años un padre le explicó a su hijo adolescente que el cambio climático del presente era un hecho natural, pues había ocurrido en otros períodos geológicos causando extinciones de muchas especies. Advertido por mí de que en esas eras pasadas el hombre no era hombre, ni simio, ni mono, le pregunté si sabía las causas de los desastres habidos, y también de las presentes, y si el hombre jugaba algún papel, no en balde se había convertido en muy, muy hombre, altivo y poderoso, sustituto del león como rey de la selva (sabana, mejor) y de todos los ecosistemas que habita y aún de los que no habita, donde toda vida orgánica e inorgánica tiembla al escuchar sus lejanos pero <<contaminantes>> rugidos. El padre del adolescente, al que le vislumbré conocimientos no habituales pese a no darme la información que le requerí acerca de las extinciones del pasado, me dejó casi a oscuras (de sus conocimientos) cuando me respondió que el hombre estaba al margen. Sin embargo, la cosa se puso más negra, de hecho me dejó ciego (de sus conocimientos), cuando le inquirí si creía que el efecto invernadero era hoy una nimiedad, un cuento chino, de ponerlo al lado de esa natural Naturaleza, o, por el contrario, se emparentada con nosotros, los poderosos leones, y me dejó pasmado al decirme que qué era eso del efecto invernadero.
Precisamente, el efecto invernadero a lo bestia hace inhabitable Venus y lo hizo en el pasado en la Tierra, entre otros motivos, por la saturación por dióxido de carbono (y otros gases, como el metano, y partículas obstructivas, como las del vulcanismo) de la atmósfera, que deja pasar la luz del Sol pero retiene la mayor parte del calor que el planeta desprende al espacio, configurando progresivamente una mortaja global. Y este horizonte, aunque lejano para igualar al de nuestro vecino Venus, hace tiempo que se aprecia, y con una rapidez que hace temer lo que más se ha de temer: la irreversibilidad y progresión descontrolada. La pregunta de las preguntas no es si hay o no cambio climático, sino si el fenómeno calamitoso se ha hecho o no con el mando.
Como aviso a navegantes, resumo las cinco extinciones en masa habidas en la Historia de la Tierra, hoy azul, pero menos que ayer y mucho menos que mañana, y lo hago no tanto para informar cuanto para dejar paso a la reflexión, porque para reflexionar hay que tener algunos conocimientos y elevarnos un poquito del día a día y de nuestros menudos avatares personales. Digo menudos y digo bien, porque se verá en alguna de esas extinciones hasta dónde podemos llegar en la presente época geológica que, para un buen número de estudiosos, ya no es el Holoceno (del griego <<holos>>, todo, y <<kainos>>, reciente), que comenzó hace unos 12.000 años con el final de la última glaciación, sino el Antropoceno, o la decisiva intervención humana en la Naturaleza, que podría echar a andar la sexta extinción.
Primera extinción. Tras el colapso que supuso la conclusión del Precámbrico y el comienzo de la primera era cámbrica, la Paleozoica, hace 543 millones de años, que trajo una explosión de organismos pluricelulares con caparazón (aquí, léase el maravilloso libro del paleontólogo y biólogo evolutivo Stephen Jay Gould <<La vida maravillosa>>, Crítica, 1999: una joya divulgativa), aconteció, entre los períodos Ordovícico y Silúrico, 440 millones de años atrás, cuando los peces colonizaron los mares y aparecieron las plantas terrestres, la que es conocida como la primera gran extinción en masa. La causa fue la irrupción de una glaciación de una extensión que se estima condenó al 60% de las especies de todos los reinos de la vida. No fue comparable a la denominada Tierra Bola de Nieve, unos 300 millones de años antes, que cubrió el planeta de hielo de polo a polo, engullendo los trópicos y el ecuador. De haber vida compleja entonces, resultaría dificultoso hacer una estimación de la mortandad que causaría.
Segunda extinción. Poco antes de que concluyera el período Devónico (tiempo de los arbustos, los insectos y los anfibios), unos 365 millones de años, dos cometas o astroides cayeron en el Océano Pacífico y Eurasia. El oxígeno desapareció de los mares. La mortandad fue un 10% superior a la primera.
Tercera extinción. Final del Pérmico, unos 240 millones de años (vemos a los antepasados de los dinosaurios, como el mesosaurio, un pequeño reptil, y de los mamíferos, el más típico fue el prototerio). Antes de la conclusión de este período, se desató un vulcanismo de magnitudes inimaginables, conocido como las Trampas Siberianas, y sus efectos fueron los más devastadores jamás registrados, elevando la mortandad al 90% (los trilobites entre ellos). Esta catástrofe nos recuerda que el efecto invernadero, aunque hoy insignificante en relación al producido por los volcanes de Siberia, es el comienzo del fin de, al menos, la civilización humana, siendo muy generosos con el sintagma «civilización humana».
Cuarta extinción. En el Triásico, poco después de iniciarse, no antes de 210 millones de años, otra partición de los continentes originó un vulcanismo masivo durante millones de años. El efecto invernadero fue infernal (otro recordatorio para el presente) y pudieron desaparecer hasta el 80% de las especies. Pero este cataclismo empujó a los saurios (lagartos), que se ramificaron en numerosas especies, una de las primeras fue el celofisis, y el mayor depredador que aparece es el postosucus, una combinación de reptil antiguo y dinosaurio; asimismo surgen los dinosaurios herbívoros gigantes, caso del plateosaurio. En el período siguiente, el Jurásico (195 millones de años atrás) fue el tiempo más esplendoroso de los dinosaurios, junto al período siguiente, el Cretácico, donde algunos alcanzaron proporciones ciclópeas: el diplodocus, 30 toneladas; el branquiosaurio, 70 toneladas; el reptil marino liopleurodón, de 150 toneladas y 25 metros de largo; el argentinosaurio, de 90 toneladas, y el animal más grande jamás visto, un mamífero, la ballena azul, de 30 metros y 180 toneladas. Y, por supuesto, el carnívoro más famoso, el tyranosaurio rex, y junto a ellos, las flores y los pájaros, descendientes de dinosaurios con plumas. El movimiento de las placas tectónicas elevó los Alpes y el Himalaya.
Quinta extinción. Es la más conocida porque afectó a los <<lagartos terribles>>. Cuando la Tierra iba tomando su forma actual, una roca de al menos 10 kilómetros de diámetro cayó en el Golfo de México, junto a la Península de Yucatán. El impacto, ocurrido hace 66 millones de años, eliminó a los dinosaurios, excepto los pájaros, y al 75% de las especies, y dio la oportunidad a los pequeños y nocturnos primates a <<hacerse>> hombres, y a muchos otros mamíferos que no superaban los 19 kilos, a engordar y crecer.
C) La juez y el Begoño de Izde. Existen, por supuesto, otros tipos de climas. Está, por ejemplo, el clima(x) que se alcanza cuando mandas a tomar por el culo a los pasajeros de un barco que piden auxilio (el presidente canario, ahora rectificando, y Feijoo y Abascal aseverando que el Gobierno no está a la altura, lo que vuelve a mostrar una vez más el cinismo y la obscenidad de los populistas ultra, una jauría rabiosa que denota la repulsa por las vidas no propias, aunque haya 14 españoles, pero son españoles sospechosos, impuros) o el clima(x) que alcanza Ayuso cuando al genocidio lo llama «amor de cinco siglos» (entre México y España) para joder el clima de buenas relaciones entre los dos países que inició Felipe VI. Al rey y al papa, esta mezquina mujer los tiene enfilados, una mujer que pasará a la Historia España como una de las políticas más pérfidas, y pasará gracias a encefalogramas tan planos que sirven de pistas de aterrizaje. Con su retórica fascista, esta diva del sufrimiento y muerte de sus gobernados, los indefensos, tuvo que salir de México con el rabo entre las piernas, porque la muy mendruga se creyó, o la hicieron creer, que México es la Argentina del de la motosierra.
Otra acepción de clima(x) es el proceso que se sigue contra Miguel Ángel Rodríguez, la testosterona de su ama y señora, por difundir fotos y datos personales de dos periodistas de <<El País>> que investigaban las obras ilegales que la presidenta y su Amador mandaron realizar en su dúplex de Chamberí (del alcalde Almeida no se tienen noticias sancionadoras). No obstante, el Rodríguez está tranquilo, y no le falta razón: va en el mismo paquete inimputable de Isabel III de Madrid.
Pero en este último apartado quiero, sobremanera, dar voz a uno de los lectores de este diario que, con sus comentarios, da muestras de saberes y razonamientos, de ética y de compasión, o sea, la antítesis de la mierda de sociedad pergeñada por la codicia. En concreto, señalo a Izde que, desde Oviedo, en mi columna del pasado domingo (<<Yo declaro>>), escribió lo siguiente:
«Prioridad nacional. Brigitte Macron, mujer del presidente francés, fue víctima de insultos tránsfobos a través de las redes. En enero, el Tribunal Correccional de París condenó a penas de cuatro y ocho meses de cárcel a los diez acusados por ciberacosarla. Además, todos tuvieron que abonar de forma solidaria una indemnización de 10.000 euros por daños morales. En el juicio, celebrado el pasado 12 de marzo en la Audiencia de Madrid, contra la agitadora ultra Pilar Baselga, declaró que ella se limitó a ‘comentar noticias publicadas’ que todo lo que dijo fue fruto ‘de la improvisación’ y que, ahora, con el tiempo transcurrido, considera que ‘el tono’ que utilizó fue ‘inadecuado’, si bien nunca buscó ‘ni injuriar ni calumniar a nadie’. La jueza reconoció que expresiones como ‘begoño’ para referirse a la mujer del presidente del Gobierno español o acusaciones contra ella como estar relacionada con el tráfico de drogas en Marruecos ‘pudieran ser considerados términos o expresiones de contenido humillante, despreciativo, injurioso para su destinataria, al haberse realizado en un programa televisivo, y haberse difundido en redes sociales’, pero que no alcanzaban para ser consideradas delito. Sabemos bien que los jueces saben expresarse con soltura en el lenguaje vulgar, podía la jueza de la Audiencia haber simplificado la sentencia: la imbecilidad no está penada por la ley».
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