Hantavirus, de la gestión al meme

M.ª Carmen González Castro
M.ª Carmen González VUELTA Y VUELTA

OPINIÓN

La ministra de Sanidad, Mónica García, informa sobre la gestión del hantavirus, el pasado domingo en Canarias.
La ministra de Sanidad, Mónica García, informa sobre la gestión del hantavirus, el pasado domingo en Canarias. Alberto Valdés | EFE

14 may 2026 . Actualizado a las 08:43 h.

Las estrategias de comunicación en política son tan importantes como el propio mensaje. Cuando en el año 2014 una auxiliar del Hospital Carlos III de Madrid, la gallega Teresa Romero, se contagió de ébola, parecía que iba a llegar el fin del mundo. La forma en la que la ministra de Sanidad, Ana Mato, se enfrentó a los medios y a los ciudadanos fue un desastre: nervios, balbuceos, inseguridad, bastante desconocimiento de lo que tenía entre manos... Tanto, que la sensación que quedó tras sus primeras intervenciones era que el ébola estaba fuera de control: que si el perro Excalibur, que si el salón de belleza al que Teresa fue a depilarse... Hasta que Rajoy decidió que necesitaba un cambio y buscó a alguien de su máxima confianza. «El comité especial para la gestión del ébola estará presidido por mí», anunció Soraya Sáenz de Santamaría, entonces vicepresidenta y mujer para todo de aquel Ejecutivo del PP. Soraya puso a los expertos a comparecer, mañana y tarde, y la crisis desapareció. Con Ana Mato, una sola contagiada era una pandemia, pero quedó reducido a un incidente con Soraya.

Del hantavirus también podemos extraer una lección similar. La ministra de Sanidad, Mónica García, había tenido un perfil bajísimo toda la legislatura y solo asomaba a los informativos por las protestas de los médicos ante el estatuto marco que les planteó. La cartera de Sanidad no es la que más protagonismo tiene en un Gobierno —la competencia es de las autonomías—, salvo que te topes con una pandemia, como le ocurrió a Salvador Illa.

Pero Mónica García ha sabido aprovechar su momento. El desafío que tenía por delante no puede compararse, ni de lejos, con el del covid-19, pero ha sido capaz de transmitir planificación, orden y eficacia. La ministra comparecía y todo parecía estar bajo control.

La única pieza que no encajó en el puzle fue el presidente de Canarias, Fernando Clavijo. Dejando de lado el escaso sentido de la solidaridad y humanidad hacia las 150 personas que estuvieron atrapadas en el MV Hondius, no supo dónde tenía que posicionarse para llevarse un poquito de gloria. En lugar de colaborar en la gestión para compartir el éxito, se atrincheró en el «no»: no al atraque, no al desembarco e incluso no al fondeo en el mar frente a Canarias.

Y es esta última negativa la que, lamentablemente, va a quedar en el recuerdo, pero en forma de meme. Que Fernando Clavijo y su equipo hayan basado su rechazo al fondeo del crucero en la posibilidad de que un ratón nadador llegase a tierra, porque así lo sugirió ChatGPT, Gemini o cualquier otra plataforma de IA, define la calidad de sus argumentos. ¿No había un experto en Canarias a quien consultar? ¿No encontró a nadie que lo pudiera asesorar? Podrá cuestionarse la ética de quien filtró el pantallazo del ratón nadador, pero fue un ejemplo de comunicación letal: unas líneas de texto que terminaron con la credibilidad del Gobierno canario en este asunto.