El amor platónico

Cristina Gufé
Cristina Gufé ESCRITORA Y LICENCIADA EN FILOSOFÍA Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

OPINIÓN

Busto escultórico del filósofo Platón.
Busto escultórico del filósofo Platón.

21 may 2026 . Actualizado a las 09:54 h.

¿Qué se esconde detrás de la expresión amor platónico? ¿Cómo ha podido convertirse en cercano y coloquial algo que encierra un significado tan profundo? ¿Qué pensaba Platón —siglo IV. a. de C.— acerca del amor? Para explicarlo conviene tener en cuenta algunos aspectos de su filosofía en lo referido al ser humano y también al conjunto de la realidad.

El ser humano es un compuesto de una parte material (el cuerpo) y otra inmaterial (el alma). Cuando estamos en el mundo físico, observable, podemos conocer y también enamorarnos; nos enamoramos para conocer, por ello decimos que en este autor el conocimiento tiene un origen erótico. El alma existe antes de estar unida al cuerpo; con la unión se siente incómoda, ya que su origen no es la materia y tampoco su destino, se halla como en una cárcel.

La realidad está estructurada en cuatro niveles. El más bajo sería el reflejo de los objetos que podemos observar. Por ejemplo: si observo un árbol reflejado en un charco de agua, esa observación sería el primer grado del conocimiento (es poco lo que conocemos de un árbol si solo accedo a su reflejo, pero podemos ascender a través del aprendizaje). El segundo nivel sería observar el árbol con la vista, el tacto, oír el sonido de sus ramas mecidas por el viento, etcétera. Es decir, conocer todo lo que nos muestran los sentidos. El tercer nivel de realidad está constituido por las entidades matemáticas; aquí ya nos estamos elevando a un grado superior que no es físico., solo se puede llegar por medio de la parte racional del ser humano: lo referido a los números, aspectos de lo real expresables matemáticamente. Por último, el nivel más elevado lo constituyen los «arquetipos ideales» de los seres: las ideas platónicas. La palabra idea aquí puede confundir; las llamadas ideas son esencias, modelos de los seres. En ese nivel se halla, siguiendo con el ejemplo, la esencia árbol, el modelo eterno, lo que no nace ni muere. Todos los arboles de la naturaleza se parecen a dicha esencia, ya que participan del modelo, pero, al ser materiales, no pueden alcanzar esa perfección, solo la imitan (esto le sucede a la naturaleza entera, que es concebida como un reflejo o sombra). En el mundo inmaterial de esencias eternas se halla la esencia del árbol, y se encuentra también la esencia de la belleza, algo que el alma contempló cuando estaba en aquel mundo, antes de —por un accidente— unirse al cuerpo. El amor es deseo de belleza, y un camino para conocer; una llamada que experimenta el ser humano cuando alguien —el ser amado— le recuerda lo que ya conocía pero olvidó al mezclarse con la materia.

Enamorarse platónicamente significa hallarse en proceso de desequilibrio. El cuerpo desea materialidad, el alma pureza, la vida eterna donde brilla la belleza en absoluto. El ser humano, a medio camino entre lo material y lo inmaterial, sufre el dolor y la tensión al no poder todavía alcanzar lo que su alma anhela, algo que solo se verá colmado con la muerte, al regresar al origen: el mundo del espíritu.