Ayuso, el «show» debe continuar

M.ª Carmen González Castro
M.ª Carmen González VUELTA Y VUELTA

OPINIÓN

Isabel Díaz Ayuso, durante su reciente visita a México.
Isabel Díaz Ayuso, durante su reciente visita a México. Luis Barron / Zuma Press / Europ | EUROPAPRESS

21 may 2026 . Actualizado a las 11:18 h.

Isabel Díaz Ayuso se maneja como pez en el agua en la polémica. Se defiende bien en el barro. Su favorito a la hora de atacar es Pedro Sánchez, porque le da rédito electoral. Ella tiene su propia agenda, y no duda en desmarcarse de lo que dicta la dirección del PP. Cuando en pandemia todos los gobiernos autonómicos, socialistas y populares, eran cautos, ella apostó por abrir los bares; cuando celebra algunos actos en Madrid, veta a los ministros del Gobierno. El enfrentamiento ha llegado al punto de que la filtración de una falsedad de su asesor en jefe, Miguel Ángel Rodríguez, derivó en una inhabilitación del fiscal general del Estado, cierto es que por haber cometido el error de desvelar datos personales en su intento por defenderse. Ha reconvertido un insulto a Pedro Sánchez en un eslogan que corean sus seguidores: «Me gusta la fruta».

En su más fiel estilo, decidió que España se le quedaba pequeña y, ante el reciente giro del rey —que reconoció abusos en la conquista de América, pero sin llegar a pedir perdón—, Isabel Ayuso se marchó a México a poner el contrapunto y reconocer los méritos del mismísimo Hernán Cortés. Ayuso aterrizó haciendo ruido y provocando, desafiando la posición del rey y poniendo en riesgo la relación entre los dos países, ya bastante delicada desde que llegó al poder López Obrador y que con las recientes palabras de Felipe VI parecía que empezaban a recomponerse.

No corresponde a Díaz Ayuso decidir qué tiene que hacer España en la relación con México. Ella puede tener su opinión, puede manifestarse sobre si España tiene que dejar en paz la historia o tiene que pedir perdón, pero es de una gran inconsciencia y de una gran insolencia cruzar el Atlántico con el ánimo de causar un incendio. La política exterior corresponde al Gobierno y, en última instancia, la representación del Estado recae en el rey. Una cosa es buscar el enfrentamiento con Sánchez y otra muy diferente jugar con la geopolítica, sin ningún otro fin que el ruido por el ruido.

A Ayuso se le fue de las manos. Menos mal que Sheinbaum la ha ignorado y las relaciones de los dos países siguen dando pasitos de la mano del rey. Mientras tanto, ya esperamos el siguiente show de Ayuso. Ella sabe que en la era de los populismos, el barullo y la provocación funcionan.