Quisiera mantener la misma admiración

OPINIÓN

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin en Cádiz.
El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin en Cádiz. Nacho Frade | EUROPAPRESS

21 may 2026 . Actualizado a las 21:44 h.

El pasado martes, alrededor de las nueve de la mañana, los medios de comunicación empezaron a comentar todo un bombazo. Las primeras informaciones difundidas decían que José Luis Rodríguez Zapatero estaba imputado por blanqueo de capitales y que la Policía Nacional estaba registrando su despacho de la calle Ferraz, a la vez que se procedía a realizar la misma actuación en la oficina de la empresa de sus dos hijas. El shock fue brutal e inesperado, puesto que hasta ese instante se le tenía en un pedestal como ejemplo de honradez y de buen talante. Las primeras reacciones fueron en dos sentidos: los más afines a Zapatero vinculaban la imputación a la judicialización de la política, mientras los contrarios ya condenaban directamente al ex dirigente socialista (y exigían a Pedro Sánchez que convocase elecciones generales anticipadas). A la hora de comer, Zapatero envió un comunicado grabado en vídeo para negar estas acusaciones, se ofreció a colaborar con la justicia en el esclarecimiento de la verdad y afirmó que se demostrará su inocencia en sede judicial. Momentos después se difundió el auto judicial y ello permitió conocer las causas por las que Zapatero deberá comparecer en la Audiencia Nacional el próximo 2 de junio.

José Luis Calama, titular del Juzgado de Instrucción número 4, levantó el secreto de sumario del llamado «caso Plus Ultra» e investiga al ex presidente socialista por los presuntos delitos de blanqueo de capitales, organización criminal y falsedad documental. Si bien es cierto que solamente figuran indicios en las 85 páginas del auto (no hay ningún texto o conversación del propio Zapatero, sino que son de otras personas que hablan de él como el pana [amigo]), el duro relato del juez provocó un cambio radical en muchísimas declaraciones públicas, tanto dentro como fuera del PSOE (se pasó a escuchar posiciones mucho más preventivas y cautelosas, aunque también con el deseo de que Zapatero tenga argumentos sólidos para desmontar esas gravísimas acusaciones). 

Personalmente no me consuela nada que en otros partidos haya más casos de corrupción. Yo en el mío, el PSOE, quiero tolerancia cero desde el máximo dirigente hasta el último militante. Quisiera mantener la misma admiración que tengo de Zapatero desde el año 2000 (que fue cuando me afilié a Juventudes Socialistas de Oviedo/Mocedaes Socialistes d’Uviéu y él comenzó su andadura en Ferraz) pero reconozco que estoy a la espera de su declaración para seguir confiando en él. Está el riesgo de que me lleve una gigantesca decepción de quien para mí era todo un referente y ejemplo, pero las frustraciones y los engaños también forman parte de nuestras vidas hasta incluso con la gente más cercana (y que tenga que apoyar que todo el peso de la ley caiga sobre él). No obstante, creo que es importante que todas y todos aparquemos lo emocional (siendo consciente que no siempre es fácil controlar los sentimientos) y exijamos información fiable, veraz y real para lanzar una opinión.

No pueden volver a ocurrir vaivenes como los del pasado martes en los que se pasó en cuestión de horas de hablar de lawfare a alabar la secuencia de indicios que se detallan en las 85 páginas del auto, ni tampoco desacreditar una denuncia porque partía del pseudosindicato Manos Limpias cuando en realidad su origen fue la Fiscalía Anticorrupción. No sé si de aquí al 2 de junio saldrán más noticias relevantes y esclarecedoras (ayer el juez instructor ordenó el bloqueo de las cuentas bancarias de Zapatero), pero como demócratas debemos actuar responsablemente, y por muchas sospechas que nos genere este tema que suena muy feo debemos preservar la presunción de inocencia, algo que como periodista creo que no han cumplido algunos medios de comunicación, concretamente El Mundo («Cazado el comisionista internacional Zapatero») y ABC («Zapatero lideró una trama criminal») en sus portadas el pasado miércoles.

Este tema va para largo (estamos en la fase más inicial de la instrucción) y las sentencias las tienen que poner los jueces, y no son pocas las veces en las que se ha hecho un daño reputacional a gente inocente (como a Mónica Oltra, a la que nadie a estas alturas le ha pedido ni tan siquiera perdón).