El camino es la cuestión de confianza

La Voz de Asturias

OPINIÓN

La grave situación política que vive España empeorará día a día si no se hace nada ahora. La aparición de nuevas causas judiciales que afectan al partido en el Gobierno, la pérdida de apoyos parlamentarios del Ejecutivo, la imposibilidad de aprobar presupuestos y nuevas leyes, y hasta el desánimo en sus propias filas y en muchos votantes hacen concluir, sin riesgo de error, que la crisis es demasiado grande y no se va a resolver sentándose a esperar. También, que el país no puede permitirse mucho tiempo esta sensación de pérdida de músculo y de confianza. La tarea de un Gobierno no es resistir, sino liderar.

Aunque el presidente Pedro Sánchez y los miembros más activos de su Ejecutivo se empeñan en destacar los logros en la economía y en ayudas sociales, e incluso en la imagen internacional de España, lo cierto es que su capacidad para buscar soluciones a los asuntos que más preocupan a los ciudadanos está totalmente limitada. 

La pérdida de la mayoría al retirarle el voto los independentistas de Puigdemont, a los que tanto benefició; las diferencias y críticas de sus propios socios de Gobierno, e incluso el aviso del PNV de que así no se puede seguir, lo dejan desarmado en el Congreso. En la calle, la imputación de Zapatero por presuntos delitos de corrupción y el reciente registro en la sede del partido, junto con otras causas judiciales, son un duro antídoto a las palabras de éxito del Gobierno.

 España necesita aclararse. Necesita un Gobierno fuerte y con iniciativa. Si Pedro Sánchez cree que está en condiciones de liderar el país, lo lógico sería reconocer esta crisis y afrontarla. La Constitución le da al presidente del Gobierno la fórmula para validar su liderazgo, que quedaría demostrado si consigue en el Congreso más síes que noes. Es la cuestión de confianza, que está en la carta magna para afrontar momentos críticos como este. Utilizarla conviene ahora. Primero, por la propia operatividad del Gobierno. Y, sobre todo, para que el país no pierda más el  tiempo. España no puede permitirse un año con un Ejecutivo debilitado. Resulta insuficiente la comparecencia en el Congreso que ayer mismo pidió Sánchez para dar explicaciones, algo a lo que accede solo después de que haber notado la presión de sus socios.

La otra vía que prevé la Constitución es la moción de censura, pero Alberto Núñez Feijoo debería saber que no puede sucumbir ante esa tentación, puesto que requiere mayoría absoluta (no simple, como la cuestión de confianza) y no la reúne ni puede conseguirla con los nacionalistas. Desde luego, no la apoyaría el PNV, que tiene gobiernos en coalición con el PSOE en el Gobierno vasco, las tres diputaciones forales y grandes ayuntamientos, como Bilbao, San Sebastián y Vitoria. Y es impensable y sería infamante lo que reclamaría Junts para dar su voto a Feijoo,  después de todo lo que ha exigido y conseguido del actual Ejecutivo, y con su líder, Puigdemont, huido de España.

Por tanto, la salida urgente a la crisis es la cuestión de confianza, que es prerrogativa del presidente, y se presenta como la única opción que puede salvarle de esta tormenta. Si la supera, quedará fortalecido para acometer el año que queda de legislatura. Y si la pierde y tiene que dimitir el Gobierno, se abrirá un camino que debe llevar a elecciones. Dándole la vuelta a lo que dijo Sánchez el miércoles en Roma, no sería una convocatoria por su interés partidista, sino que obedecería al interés de los ciudadanos. Si no resuelve el Congreso, que resuelvan los españoles.