La decepción cae por la izquierda

Juan Miguel Fernández

OPINIÓN

Agentes de la UDEF saliendo de la empresa de las hijas de Zapatero
Agentes de la UDEF saliendo de la empresa de las hijas de Zapatero FERNANDO VILLAR | EFE

Habían transcurrido 40 años de una dictadura, que como todas las dictaduras son muy tristes, que como todas las dictaduras había cercenado todas las libertades y como todas las dictaduras fue cruel con los que discrepaban.

Quienes comulgaban con aquel régimen militar y católico lograron cierto bienestar y los más próximos al poder triunfo social y económico. Por el contrario quienes, por acción u omisión, no eran afectos sufrieron penurias, persecución y maltrato.

Aquella dictadura era una anomalía en Europa y, aunque duró más de lo que debería, llegó a su fin y la democracia emergió tímida pero firme. Pronto los españoles recuperaron el derecho a decidir. Se respiraba la libertad. Surgieron los partidos políticos, a derecha y a izquierda. La derecha se acomodó en UCD y AP. Bajo sus siglas cupieron tanto demócratas convencidos como nostálgicos del régimen anterior. No resultó extraño que en las primeras elecciones diputados, senadores o alcaldes de la derecha fueran personas que habían ostentado cargos en el franquismo.

La izquierda, hasta entonces clandestina, se presentó en sociedad en torno al PSOE y al PCE. Estos partidos partían en desventaja, pero el ansia de los españoles por cambiar y avanzar hizo que la izquierda, sobre todo en territorios como Asturias, se alzara con el poder en la Junta y en la mayoría de ayuntamientos. La izquierda fue hegemónica en España por largo tiempo.

Con la izquierda se fueron conquistando libertades de todo orden que parecían solo al alcance de los extranjeros, la educación propició, en no pocos casos, el ascenso social, la sanidad de calidad alcanzó a todos los niveles de la sociedad. El cambio era visible.

Los años de gobiernos socialistas borraron las huellas del franquismo, pero no se eliminaron los vicios del poder. Se mantienen privilegios para los cercanos y adeptos, el enchufismo sigue siendo práctica habitual, el poder económico domina todos los ámbitos y no hay manera de erradicar la corrupción. Casos como el hermano de Guerra o el de Roldan dejaron una mácula que ni el paso del tiempo puede borrar.

En aquel tiempo, no tan lejano, la izquierda tuvo la oportunidad de marcar distancias, de diferenciarse de la derecha, y no lo hizo, como consecuencia los electores mudaron el voto. Una derecha, similar a la anterior, con los mismos vicios, volvió a los gobiernos de las instituciones. Ahora se está repitiendo la escena.

No será aventurado predecir que la caída de la izquierda no ha terminado y no será porque la derecha ilusione será porque la izquierda decepciona cada día más.

Si la idea dominante es que todos los políticos son iguales es que estamos en la peor tesitura posible.