No debería hacer falta decirlo

OPINIÓN

Los Reyes Felipe y Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañados del ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, la embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celaá, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida,reciben al Papa León XIV
Los Reyes Felipe y Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañados del ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, la embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celaá, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida,reciben al Papa León XIV A. Pérez Meca | EUROPAPRESS

No tengo nada en contra de que un líder religioso visite un país como es España. Entiendo que las calles son espacios públicos para celebrar diferentes eventos, y aunque yo no crea en ninguna confesión, respeto al máximo a todas las personas creyentes. También comprendo que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado hacen una valoración objetiva de las necesidades que deben conllevar los diferentes escenarios por donde se desarrollan los actos previstos (son inevitables las molestias por cierres de vías o restricciones de paso). Lo único que lamento de lo que hemos visto estos días no es con la gente (tengo la sensación de que cada vez hay más fervor por lo religioso), sino con las instituciones públicas, y creo que la razón puede estar en las múltiples consecuencias de la ola reaccionaria que asola al mundo, porque la laicidad ha dado pasos atrás.

No debería hacer falta decirlo, pero por poner la venda antes de la herida, me refiero a que el Estado en su conjunto debe ser escrupulosamente neutral con respecto a lo que son cuestiones de índole estrictamente privada. Esto no es ni mucho menos promover el anticlericalismo o la antirreligiosidad, porque quienes defendemos esta posición queremos alcanzar una sociedad mejor mostrando por encima de todo nuestro respeto más absoluto a quienes creen, a quienes no creen, a quienes piensan una cosa o a quienes piensan otra. En esta ocasión el tema que más descolocado son los siete minutos ininterrumpidos de aplausos de nuestras y nuestros representantes políticos a León XIV tras finalizar su discurso en el Congreso, y hago especial énfasis con la bancada de la izquierda.

No le quito el mérito en su enfrentamiento con Donald Trump, a sus mensajes a favor de la paz (mediante el diálogo y la diplomacia en vez de la guerra) o su opinión de que hay que acoger a las y los migrantes que escapan de la pobreza y anhelan una vida mejor. Por supuesto que estos posicionamientos chocan con los discursos de la derecha y de la ultraderecha, pero ello no le ha convertido en ningún Papa progresista. Este hombre es el máximo representante de una institución machista (solamente le eligen unos hombres seleccionados) que está en contra de derechos como son el divorcio, el aborto y la eutanasia, así que valoremos en su justa medida al actual Pontífice, que bajo mi punto de vista no ha dado un vuelco radical a las doctrinas de la Iglesia católica.

El pasado fin de semana estuve en A Coruña animando al Alimerka Oviedo Baloncesto, que tras una espectacular temporada, alcanzó la «Final Four» de ascenso a la Liga ACB. Nunca antes había asistido a una eliminatoria de estas características, con lo que no conocía su funcionamiento. La Federación Española de Baloncesto eligió la ciudad gallega como sede (para las dos semifinales y para la final) y dependiendo del lugar que quisieras ocupar en el Coliseum tu abono (no había posibilidad de adquirir entradas por separado para uno o dos partidos, sino que reservabas un asiento para los tres encuentros a disputarse) tenía un precio u otro.

Cuando llegué al pabellón y accedí a su interior me sorprendió que no había ningún tipo de sectorización ni más agentes de seguridad de los necesarios, con lo cual las aficiones de los cuatro equipos nos podíamos cruzar en zonas comunes como son los pasillos o los servicios. Acostumbrado a ver muchas quejas por las limitaciones que sí se ponen en los campos de fútbol, a mí me prestó por la vida ver que en ese espacio estábamos gente que habíamos ido a disfrutar de nuestros equipos, a pelear en la grada cada jugada animando a nuestros jugadores y a convivir con total normalidad los cuarenta minutos de reloj que duraban cada uno de los partidos. No debería hacer falta decirlo, pero ojalá en todo el deporte, y especialmente el fútbol, pudiera regirse el mismo criterio.

A Coruña, que al igual que Oviedo/Uviéu es una ciudad muy futbolera, yo como seguidor de un club como es el Real Oviedo desearía poder ir a Riazor (en la próxima temporada, lamentablemente, no será posible por el descenso del club azul) sin tener que estar encajonado entre metacrilato ni teniendo que cumplir unos protocolos de seguridad concretos para evitar que unos exaltados pudieran provocar incidentes.