Une los puntos

OPINIÓN

Niños entre las ruinas de edificios bombardeados en Gaza.
Niños entre las ruinas de edificios bombardeados en Gaza. CONTACTO vía Europa Press | EUROPAPRESS
  • El economista Manfred Max-Neef, en su Teoría del Desarrollo a Escala Humana, enumeró las necesidades humanas fundamentales: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Estas necesidades son finitas y universales; y los satisfactores difieren según la cultura.
  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como «estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Está directamente relacionada con la satisfacción de las necesidades humanas, condicionada, a su vez, por los Determinantes Sociales de la Salud, que no son otros que las circunstancias en las que nacemos, vivimos, trabajamos y envejecemos, resultantes de la distribución de dinero, poder y recursos a nivel mundial, nacional y local.
  • La OMS define la violencia como: «El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.» La definición, por tanto, abarca, además de las lesiones y la muerte, «innumerables consecuencias del comportamiento violento, a menudo menos notorias, como los daños psíquicos, privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometen el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.»
  • Por su parte, el sociólogo y politólogo Johann Galtung explicó en su Triangulo de la Violencia que la violencia directa (física o verbal) se sustenta sobre los vértices de la violencia estructural (obstáculos deliberados de la estructura social y política que impiden a las personas satisfacer las necesidades básicas) y la violencia cultural (las actitudes y discursos que justifican y normalizan las violencias directa y estructural). Según Galtung no habrá paz social (ausencia de conflicto) sin justicia social.
  • El psicólogo Marshall Rosenberg dedicó su carrera a estudiar las causas de la pérdida de nuestra naturaleza compasiva, y desarrolló la Comunicación No Violenta (CNV). Decía que los conflictos no surgen por las necesidades humanas en sí, dado que son universales, sino por las diferentes estrategias empleadas para satisfacerlas (por ejemplo, competición vs cooperación) y la evaluación, mediante el uso del lenguaje, basada en juicios, críticas y exigencias.
  • La tendencia hacia unas estrategias u otras depende de la interacción de nuestra biología con el entorno y, particularmente, de nuestro aprendizaje desde la más tierna infancia. Así, la probabilidad de desarrollar estrategias más agresivas, menos empáticas, aumenta con el padecimiento de situaciones violentas y entornos material o afectivamente adversos, sobre todo, en la infancia.
  • El neurobiólogo Robert Sapolsky explica que una infancia adversa, con pobre desarrollo afectivo, con negligencia emocional, con violencia doméstica y/o pobreza infantil, aumenta la probabilidad de tener en la vida adulta una conducta antisocial, violenta, y de reproducir el tipo de relaciones traumáticas vividas en la infancia. Es decir, los déficits afectivos en la infancia crean un cerebro adulto biológicamente predispuesto al egocentrismo, la impulsividad y la reactividad ante la amenaza.
  • El alcance social de estas conductas, el nivel de abuso y daño que pueden hacer estas personas traumatizadas, depende del poder que tengan. A más poder, más alcance y más sufrimiento para más gente. Desde una pareja tóxica, un/a vecino/a insoportable, a un/a gobernante despiadado, pasando por un/a jefe/a explotador/a.

El trazo que sugiere esta sucesión de puntos apunta a un revelador aspecto de la respuesta a cómo determinadas personas pudieron cometer atrocidades tan terribles como las que se dieron en el siglo XX. En un artículo anterior recurrí a dos casos extremos para ilustrar la dramática relación entre maltrato infantil y violencia adulta: Adolf Hitler e Iósif Stalin.

En el próximo capítulo aportaré cuatro ejemplos actuales. Cuatro gobernantes cuya contribución al caos global y al sufrimiento de la población los convierte en émulos de los Jinetes del Apocalipsis (conquista, guerra, hambruna y muerte). Cuatro sociópatas cuyo apoyo popular debería llevar a preguntarnos sobre el nivel de negligencia emocional al que nuestras sociedades en precarización, por la concentración de recursos en detrimento de las necesidades de la mayoría, someten a sus respectivas infancias. Hasta el punto de que, llegada la edad adulta, abracen los discursos que niegan la dignidad humana de toda persona, y que promueven una violencia que degrada a la humanidad a un nivel infame.

(Continuará)