España y Argentina, creciditos

César Casal González
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OPINIÓN

Entrenamiento de la selección española de fútbol para preparar su estreno en el Mundial 2026, este viernes en las instalaciones de Baylor School, en Chattanooga, en Tennessee.
Entrenamiento de la selección española de fútbol para preparar su estreno en el Mundial 2026, este viernes en las instalaciones de Baylor School, en Chattanooga, en Tennessee. Ángel Martínez / RFEF | EFE

Nos estamos viniendo muy arriba. El balón empezó a rodar en el mundial y parece que solo existen dos selecciones. Las demás están allí de paseo. Me refiero a la española y a la argentina. Ni Luis Enrique fue tan contundente, antes del fiasco marroquí, como lo está siendo De la Fuente. No para de repetir que se ve cómodo en el papel de favorito. No se corta. Le preguntan por Lamine Yamal, aún lesionado, y contesta que «este será el Mundial de Yamal». Ojalá.

Está bien motivar, pero es muy peligroso vender la piel del oso antes de cazarlo. Sucede lo mismo con Argentina. Los dos países, en sus formas de hablar, están creciditos los unos y agrandados los otros. La Scaloneta da por seguro que Messi va a repetir título. Es un exceso cuando en un campeonato de este tipo todo se mide por una baldosa del tamaño del filo de un folio. Recuerden la fabulosa final del torneo anterior que Argentina tuvo ganada y luego casi perdida frente a Francia. Solo el canto de una moneda de los penaltis decidió el campeón. No me gustan las declaraciones grandilocuentes antes de debutar. La humildad y el trabajo en equipo, en el fútbol y en la vida, lo son todo. Motivarse es necesario, pero pasarse es malo.

España ya vivió esta situación en Brasil y fuimos arrasados por presuntuosos. Países Bajos nos cortó la cabeza en el primer duelo. Tenemos que ir paso a paso. Respetemos mañana a Cabo Verde. Los grandes torneos se deciden por minucias. Por un palo. Por un paradón. Por el gol fácil que parece imposible que la estrella lo falle, y lo falla. No habrá grandes diferencias cuando este mundial se ponga serio, después del cachondeo de los 48 países convocados para que la FIFA se forre todavía más. Ni con 48 naciones entró Italia. Así de complicado es el fútbol. La dejó fuera Bosnia. Argentina salió campeón hace cuatro años tras perder contra Arabia Saudí. Confianzas cero. No por repetir que somos favoritos vamos a ganarlo. Tenemos un grupo extraordinario. Es obvio. Nosotros también nos llevamos el título tras debutar con derrota frente a Suiza. Solo el sudor nos dará la estrella. Están siendo mucho más prudentes otros países. Como Portugal. Ni palabra de la posibilidad de ganar, cuando es evidente que lo pueden hacer. Nos han derrotado en la final de la liga de las naciones. En la pena máxima (5-3), pero lo hicieron, después de empatar a dos goles. No lo olvidemos. Y ya éramos súper España.

Tampoco hablan Alemania e Inglaterra, por seguir con los europeos. Y hacen bien. Prudencia. Partido a partido. El talento sin sudor no es nada. Pero existen otros continentes, con posibilidades. Cuidado con Marruecos o Senegal. ¿Por qué no? Un mundial con las temperaturas, horarios y distancias de México, Estados Unidos y Canadá puede ser un mundial muy loco, aunque Louzán ha planificado hasta el más mínimo detalle. Japón y Corea del Sur pueden dar disgustos. A la Brasil de Ancelotti no la veo. Pero no debemos ni argentinos ni españoles proclamarnos reyes sin saltar al campo. Luego si fracasamos pasaremos de la euforia a la depresión más absoluta. No hay término medio en nuestra tierra. Como tampoco lo hay en Argentina. O en la cima o en el hoyo. O en el altar o en el diván. Todo antes de tiempo. En el fútbol solo se habla con la pelota.