El veto de Sánchez al Parlamento

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la presidenta de Congreso, Francina Armengol, en una imagen de archivo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la presidenta de Congreso, Francina Armengol, en una imagen de archivo Chema Moya | EFE

Aguanta Pedro Sánchez encastillado en la Moncloa y no quiere ni oír hablar de un posible adelanto electoral. Le da igual el proceso de descomposición que está viviendo tanto su Gobierno como su partido. Le importa bien poco que la situación sea insostenible, con una precariedad parlamentaria obvia, en la que no tiene mayoría alguna para sacar ninguna ley adelante. El Ejecutivo hace tiempo que era un pelele en manos de sus socios, pero es que a día de hoy la situación ha empeorado notablemente debido a la sucesión de casos de corrupción que han emponzoñado el ambiente y a la pérdida de la mayoría parlamentaria.

La última marrullería de este Gobierno de coalición ha sido la inadmisión por parte de la Mesa del Congreso de una enmienda de Junts a una moción del PP en la que se instaba a Pedro Sánchez a disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas. Hay que ser muy ingenuo para imaginar que tal decisión la toma motu proprio la citada mesa. Sería más acertado pensar que tiene su origen en el despacho del propio presidente del Gobierno. Populares e independentistas buscaban escenificar en el Parlamento la debilidad gubernamental. Sin duda, en el caso de que se llegara a votar la moción, nos encontraríamos con el siguiente titular: «El Congreso vota por mayoría que se convoquen elecciones generales». Algo de muy difícil digestión para Pedro Sánchez.

El hilo argumental al que se agarra la Mesa para vetar las enmiendas es que la convocatoria de elecciones generales es una competencia que pertenece exclusivamente al presidente y, por tanto, que el Congreso no tiene ninguna capacidad de votación sobre este asunto. La argumentación se cae por su propio peso porque el hecho de que se vote en el Parlamento español no anula la exclusiva prerrogativa de Pedro Sánchez para convocar o no unos comicios.

Molesta profundamente que la Mesa del Parlamento se haya convertido en otro instrumento más colonizado por el Ejecutivo. Y ya van unos cuantos. Resulta increíble que en un Congreso en el que en su momento se votó por los derechos de los chimpancés, gorilas y orangutanes no se pueda debatir y aprobar, o no, el derecho de la ciudadanía a unas elecciones anticipadas.

Estamos ante un postura que desprende cierto tufillo dictatorial y que no es defendible desde ningún punto de vista, ni técnico, ni legal, ni ético.

Y todo ello sucede con un presidente que se nos presenta siempre como el gran defensor de los derechos de las personas y de la democracia, que aboga por el multilateralismo y el diálogo entre diferentes. Alguien, en definitiva, que en su día se preguntaba cómo iba a pasar a la historia. Si sigue forzando la máquina, sin duda, dejará huella como el líder de un Gobierno que degradó todas las instituciones sobre las que puso la mano encima, bien sea la televisión pública, la Fiscalía General del Estado, la Mesa del Parlamento o incluso el propio Partido Socialista. Ha querido acaparar tanto que no es de extrañar que la situación, finalmente, se le haya ido de las manos hasta el punto de despreciar el Congreso de los Diputados.