No se está libre de pecado

Diego Valiño Seva OVIEDO

OPINIÓN

Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso
Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso Marta Fernández | EUROPA PRESS

La condena a José Luis Ábalos reabre el debate sobre la corrupción, la responsabilidad política y la capacidad del PSOE para recuperar la confianza ciudadana

26 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En estos días en los que hemos dado la bienvenida al verano el ambiente político ha ido bastante acorde a la ola de calor que ha azotado toda la península ibérica (con unas temperaturas muy elevadas e inusuales a años anteriores). Ha habido un motivo de peso: el Tribunal Supremo ha decidido condenar a José Luis Ábalos a 24 años de prisión por el conocido como «caso mascarillas» (por los delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Él mismamente ha anunciado a través de X [antiguo Twitter] que pedirá la nulidad de su pena).

Aunque lógicamente la atención de esta decisión judicial se ha centrado en él por el enorme poder que tuvo en el PSOE (fue a nivel orgánico Secretario de Organización, pero no fue menor su papel institucional cuando defendió la moción de censura contra M. Rajoy y, posteriormente, asumió la cartera del Ministerio de Fomento) y por su estrecha relación con Pedro Sánchez, el fallo también sanciona al exasesor Koldo García (que deberá estar 19 años en prisión) y libra del talego al corruptor (Víctor de Aldama), por, al parecer, colaborar con la justicia en el esclarecimiento de los hechos (estará obligado a presentar un informe semestral de actividades y hacer un año de trabajos en beneficio de la comunidad).

No hace falta decir lo obvio, pero voy a remarcarlo: quien la hace, la paga, se llame como se llame y sea quien sea. No se está libre de pecado porque cualquier asociación humana, como son los partidos políticos, puede verse envuelta en un caso de corrupción. Es verdad que sobre todo para la izquierda es letal cualquier atisbo que se dé dentro de sus filas (y no me parece válido el argumento que la derecha tiene muchos más encausados, porque nuestro electorado sí castiga esas execrables actitudes), pero lo que creo que hay que medir y valorar es cómo reacciona esa organización cuando se conoce un caso y cuál es su grado de colaboración con las investigaciones en curso.

Aquí, y lo digo sinceramente, considero que el PSOE, como partido, ha respondido rápida y eficazmente expulsando a quien haya actuado al margen de la ley (algo que en otras formaciones políticas no ocurre y, además, a quien se le hace la vida imposible es a quien delata un hecho delictivo). Soy consciente de que esto no se valora lo suficiente y que la reputación y la credibilidad se queda por los suelos a la mínima noticia (porque prima más señalar que nunca antes debieron ocupar puestos de responsabilidad, pero ninguna ni ninguno de nosotros somos policías ni tenemos capacidad ni el derecho de investigar la vida privada de nadie, así que no nos queda otra que apoyarnos en la confianza de que esas personas no nos van a fallar aunque en un futuro se descubra que todo fue postureo). Es verdad que Pedro Sánchez no se podrá quitar de encima que José Luis Ábalos y Santos Cerdán estuvieron donde estuvieron porque él los puso ahí, pero a mi juicio por ahora nadie ha podido probar que supiera lo más mínimo de las andanzas de ambos. Es evidente que ante una responsabilidad tan alta y grande como es la de dirigir un gobierno y un partido como el PSOE es dificilísimo controlarlo todo al milímetro, pero en lo que se suele llamar núcleo duro tu deber es rodearte de quienes consideres que son las personas más capaces que conoces (además de leales, que no pelotas). Cuando estalla públicamente algo así imagino que dentro de ti sentirás una sensación de culpa, de indignación, de rabia y de decepción enorme, pero luego cada persona de marcar su nivel de autoexigencia. Habrá quien asuma toda la responsabilidad por lo ocurrido (aunque no lo supiera) y habrá quien reconocerá la gravedad de lo ocurrido y lamentará no haberlo sabido antes para actuar en consecuencia, pero a la vez seguirá para adelante. Yo creo que hay una línea tan delgada que ambas posibilidades se pueden aceptar y respetar. En el contexto en el que nos encontramos, a mí me parece que a Pedro Sánchez no le queda otra que resistir al menos hasta 2027.

No creo que se vaya a enfriar en este periodo estival la sucesión de noticias sobre Rodríguez Zapatero (la difusión de su agenda y sus conversaciones y mensajes privados con su secretaria me parece inaceptable, porque viola su intimidad y como país democrático no deberían suceder estas cosas, y espero que la investigación del juez Calama dé sus frutos y se conozcan a los responsables), sobre la mujer y el hermano del Presidente del Gobierno ni si lo que se conoce hoy del Ayuntamiento de Soria va a ir a más, pero mi duda es si el nivel de confianza de la ciudadanía es recuperable.

En el pleno que hubo el miércoles en el Congreso para explicar y debatir todos los casos judiciales que directa o indirectamente afectan al Partido Socialista nadie se salió del guion esperado, y aunque hay mucho cabreo, indignación y miedo a que perjudique electoralmente al conjunto del llamado bloque de la investidura, el PP y Vox no tienen ninguna opción de llegar al poder si no es por las urnas. La tendencia electoral ha sido muy parecida en las últimas cuatro elecciones autonómicas, así que es lógico pensar que esa deriva se siga repitiendo en los siguientes comicios. Ojalá no, pero hay una posibilidad muy alta de que vayamos muy tarde y sin capacidad de remontar o de revertir la situación.