Con cara de circunstancias

OPINIÓN

Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno
Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno BENITO ORDOÑEZ

Hoy hace noventa años que en Melilla se sublevó una parte del ejército contra el gobierno legítimo de la II República. El golpe de Estado fue secundado en algunas partes del país (en Oviedo/Uviéu, por ejemplo, fue dos días después tras la traición del coronel Aranda) y se puso inicio a una terrible guerra civil que terminó en Madrid el 1 de abril de 1939. Hasta el 20 de noviembre de 1975 estuvo España secuestrada bajo la dictadura del régimen franquista, uno de los periodos más negros en nuestra historia que hasta sus últimos coletazos estuvo asesinando, torturando e impidiendo la vuelta del exilio.

Aunque es indudable que la aprobación de la Constitución en 1978, la victoria de Felipe González en 1982 y la entrada en la Unión Europea en 1986 democratizaron y modernizaron nuestro país, no es menos cierto que en la actualidad siguen permaneciendo muchas heridas pendientes de cerrar y que, al igual que ha ocurrido en tantos otros lugares del mundo, la ultraderecha no se ha extinguido, sino que se siente fuerte, envalentonada y con poder de atracción entre los sectores más jóvenes, y particularmente con los varones. No es ningún descubrimiento decir que todo es cíclico y que ahora estamos en un instante en que sus resultados electorales les son favorables (hasta el punto de acceder a gobernar. En las últimas cuatro elecciones autonómicas celebradas han conseguido marcar su agenda e incluir la «prioridad nacional» como parte central de sus acuerdos con el PP).

No obstante, me niego a ser pesimista, porque España es muy diversa y plural, y aunque hay quien ataca y critica la variedad y la heterogeneidad, considero que quien hace eso se sitúa noventa años atrás por ignorar la realidad y demostrar que ni ama, ni entiende ni respeta a nuestro país. Decía Mecano en su canción «un año más» que en Nochevieja «los españolitos […] hacemos por una vez algo a la vez». Además de comernos las uvas, quizás otro elemento que ha ayudado a unir a las diferentes sensibilidades haya sido lo más importante entre las cosas menos importantes de la vida, que es el fútbol. El domingo la Selección se enfrentará a Argentina y aunque pienso que es todo un éxito haber alcanzado la final, es verdad que perder es un fracaso en el tiempo que vivimos y más cuando todo se calcula desde la perspectiva del negocio. Somos muchas personas las que nos encantará ver las caras de circunstancias de Donald Trump y Javier Milei si la Roja vence. Ojalá sea así y veamos a partir de ahora la segunda estrella en su camiseta.

Con la conclusión del Mundial se pondrá fin también a las columnas de opinión de M. Rajoy, que se cubrió de gloria con un inaceptable comentario racista por el que fue incapaz de disculparse (ni tan siquiera lo hizo tras las quejas del ejecutivo galo). Con cara de circunstancias sus mayores defensores se esforzaron en convencer al resto de que sus textos tenían un carácter sarcástico, algo que bajo mi punto de vista no encaja para poner en duda la nacionalidad a una persona en función de su apellido o del color de su piel. Un ex Presidente del Gobierno no puede caer tan bajo porque aunque sus palabras le representan solamente a él, nadie pierde la perspectiva de la vinculación de esa persona con el cargo que ostentó en el pasado. Sin que yo sea ni haya sido seguidor suyo, me duele que un dirigente político tan relevante en España diga algo así. ¿Quién es él para dar carnets de verdaderos franceses? No hay que cumplir ningún perfil porque esas personas nacieron en territorio francés y ninguno está por encima de la ley pero tampoco por debajo de sus derechos.