No he visto mucho el Mundial pero me he ido informando, al contrario que otros columnistas que hasta se han permitido el lujo de escribir sobre el papel de la Selección Española sin haberse informado ni un poco y haciendo profecías que, el día de la publicación de la columna, ya han quedado obsoletas y lo que es peor, ya eran obsoletas mientras se escribían e incluso mientras se pensaban porque son fruto de un pensamiento que también es obsoleto. Esto no es lo peor, uno puede equivocarse, faltaría más, pero la soberbia encaja un poco regular con la asunción de los errores.
Vaticinar el fracaso de una Selección Española trans: mestiza, igualitaria y risueña, y atribuírselo precisamente a esto y que esa España trans, mestiza, igualitaria y risueña haya ganado el Mundial, es un fracaso del columnista, que ve en la igualdad, en las personas trans y nada menos que en la España risueña todos los fracasos que en este país son. Si esta España retratada con tanto odio es la culpable de nuestras desgracias, necesariamente también es la razón de nuestros triunfos, y resulta que todo eso que vaticina el columnista no es tanto un fracaso como un valor innegable: el de una España diversa y unida en sus diferencias. Así, es el propio columnista quien ha fusilado en público y con torpeza todas y cada una de las ideas que suele presentar sobre nuestro país habitualmente, disparándose en el pie como no recuerdo que columnista alguno haya hecho jamás antes. Todo debido a un error de publicación pero, me temo, más debido al propio pensamiento expuesto en la columna.
Por supuesto, en la derecha política se están desgañitando al gritar que el triunfo de la Selección Española no debe politizarse, pero ya es tarde porque uno de sus más destacados opinólogos nos ha dicho a todos que recordemos que nunca es solo fútbol, quizá el único acierto, a su pesar, que ha tenido en la columna. Efectivamente, nunca fue solo eso. El triunfo de la individualidad se ha expuesto ante nosotros como lo que es, un fracaso, y el trabajo colectivo es lo que logró que España brillara en el Mundial. No me interpreten mal, no creo que la Selección Española tenga una ideología en sí misma y sé que dentro del fútbol todo huele a podrido casi siempre, pero el equipo al que Donald Trump se vio obligado a entregar el trofeo refleja un poco nuestro país, que es diverso y está bastante lejos de la caricatura grosera que los actores de la guerrita cultural vienen haciendo desde hace años. Nuestro país tiene problemas y desigualdades monstruosas, aunque me temo que estas no interesan mucho al columnista fracasado, que solo ve en ellas el triunfo de la meritocracia a la que el socialismo pretende ahogar, pero España es un país moderno al fin y al cabo y eso se refleja, como no puede ser de otra manera, en la Selección Española de fútbol, le pese a quien le pese. Frente a la individualidad obsoleta y suicida, jugar en equipo funciona mucho mejor y así ha sido siempre, aunque algunos no parecen entender ni qué significa la palabra «equipo» y ahí los tenemos, cobrando por opinar.
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