Absentismo de tanatorio

Damián Manzano RESPONSABLE DE ACCIÓN SINDICAL DE CCOO ASTURIAS

OPINIÓN

Trabajadora frente a un ordenador
Trabajadora frente a un ordenador Pixabay

Fue a trabajar. Dos sacudidas brutales en menos de 40 segundos, pánico, caos, cientos de edificios desplomados en su otro país… Y ella fue a trabajar. Una noche en vela, las alertas reventando el móvil, una familia entera pendiente de las noticias, imágenes de cuerpos gritando ayuda bajo toneladas de escombros, polvo, llanto y devastación… Y ella, trabajando.

Vamos a llamarla Natalia. Es una joven camarera venezolana que lleva varios meses trabajando en Asturias. Desde primera hora de la mañana despacha cafés y pinchos con la habilidad y precisión de un pianista ruso. El jueves 25 de junio, pocas horas después del doble terremoto que segó la vida de miles de venezolanos, Natalia estaba un día más tras la barra, en su puesto de trabajo. Con la cara en vela, el móvil en la mano y un nudo en la garganta. Ni un tropiezo, ni un mal gesto o una comanda equivocada. Un turno perfecto, clavado.

Por un instante Natalia pensó si de verdad estaba en condiciones de ir a trabajar ese día. Si no sería mejor avisar y evitar así posibles accidentes, clientes insatisfechos y, de paso, una jornada infernal bajo la sombra de la angustia. Fue solo un instante porque Natalia sabe que en Asturias, que en España, es más fácil ir a trabajar cojo, febril, medio ciego o con la cabeza a punto de reventar, que exponerse a una sanción, una amenaza de despido o, en el mejor de los casos, una humillante bronca.

Así que Natalia fue a trabajar ese día y todos los que siguieron a una tragedia que su país de origen hacía tiempo que no recordaba. Y durante esos días Natalia vio por televisión a un presentador nacional decir que 300.000 trabajadores ni se habían molestado en presentar un justificante para no ir ese día a trabajar («oiga que no voy» bromeaba el tipo, cínico, dueño de su plató). Durante esos días, Natalia tuvo que leer la muerte de un hombre en Paterna tras caerle un muro encima mientras trabajaba, la muerte de un obrero que reparaba un tejado en Mallorca, la muerte de un temporero de 64 años en Lleida mientras recogía fruta a más de 40 grados en plena ola de calor. Y, por último, Natalia terminó esos días escuchando al líder de la oposición hablar del «cáncer» del absentismo, incluyendo en ese término tramposo las bajas por enfermedad, los permisos de maternidad o por la muerte de tu madre.

El absentismo es ausentarse del trabajo sin causa justificada. Punto. Una baja médica, sin embargo, es una situación reconocida por un profesional sanitario, regulada por la ley y causada por una enfermedad. Esto que acaban de leer es una obviedad, pero las obviedades se vuelven esenciales cuando se intenta cambiar el significado de las palabras para cargar la culpa sobre la víctima. El absentismo apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral. La Encuesta Trimestral de Coste Laboral es tozuda: en España se trabaja mucho, durante muchas horas y, demasiadas veces, en condiciones que enferman y matan.

Los trabajadores españoles somos más mayores y nuestra salud es más frágil. En este país hay más personas trabajando que nunca, y por eso también hay más enfermos. Las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas. Todo eso explica de manera rotunda y sencilla, el aumento de las bajas laborales. Pero hay una pregunta que ni la patronal ni el líder de la oposición se atreven a plantear. Es la clave de bóveda de todo este asunto, la madre del cordero: ¿Por qué tantos lugares de trabajo siguen organizados como trituradoras de carne? Objetivos imposibles, ritmos frenéticos, plantillas al límite, presión insoportable, turnos enfermizos y jefes expertos en exprimir personas. Dos millones y medio de horas extra a la semana que ni se pagan ni se compensan con descansos. ¿Po qué tanta gente enferma trabajando?

La vicesecretaria de regeneración institucional del Partido Popular, Cuca Gamarra, ha dicho que su partido no va a dejar de abrir «debates incómodos». Para los líderes del PP es un debate incómodo, para millones de trabajadores y trabajadoras es un debate doloroso, para decenas de miles de médicos y médicas es un debate insultante porque se les está acusando de fraude, para miles de economistas y expertos es un debate artificial, interesado y desorientado. Son valientes para abordar «el cáncer» del absentismo en un país con 700 muertes al año por accidentes de trabajo. Me pregunto si lo serán también para ir a hablar de absentismo laboral al tanatorio.