En estos tiempos tan convulsos en los que parece casi inevitable la llegada de un periodo de profunda involución política a manos de la derecha y la ultraderecha negacionista, es necesaria una reflexión sobre la situación de crisis que estamos viviendo en Asturies dentro de la izquierda o, más concretamente, de la denominada «izquierda alternativa».
Mi reflexión parte, obviamente, de mi propia experiencia personal tras más de cuarenta años de militancia en la política ligada al ecologismo, al pacifismo y al feminismo como los tres pilares ideológicos fundamentales inherentes a los partidos verdes que siempre han sido mi referencia. La mayor necesidad que tenemos es, a mi entender, la recuperación de la esperanza y la ilusión en un proyecto que sea capaz de afrontar y transformar una situación a la que hemos llegado en la que la grave injusticia social con las personas convive con una degradación insostenible del clima, del territorio, de la cultura, la biodiversidad y de la vida en el planeta en su conjunto.
La izquierda tradicional, aun con sus innegables méritos y valores que han permitido, a lo largo de los años, avanzar en el progreso social, en la reducción de la discriminación de las minorías y en la mejora de la calidad de vida de las personas más vulnerables, ya no genera ni la ilusión ni la rebeldía necesaria para una auténtica transformación y superación de un sistema capitalista cada vez más individualista, cortoplacista y egoísta y que destruye la vida en todas sus manifestaciones.
La tan reivindicada «unidad de la izquierda» deja, en la práctica, de lado, el esfuerzo colectivo y democrático de una pluralidad real y constructiva que respete y se enriquezca con los diferentes prismas ideológicos que la constituyen y se convierte «de facto» en una «unicidad» que solo sirve para garantizar el control total por parte de los aparatos políticos dirigentes para así conservar, al coste que sea, su supremacía, sus cargos y su poder. Así, las distintas configuraciones de alianzas entre partidos de izquierdas estatales que estamos conociendo se limitan a defender lo que ya tienen, renunciando a avanzar hacia modelos más rupturistas que requerirían cesiones y acuerdos que equivaldrían a una descentralización y una pérdida de control que no están dispuestos a asumir.
Las orientaciones estatalistas y centralizadas de los partidos provocan la desafección en los territorios puesto que relativizan las diferencias y diversidades de las diferentes personas y pueblos, en su cultura, costumbres, organización social y medios de vida a favor de una homogeneización que aleja las decisiones de una democracia participativa real y autónoma de los grupos sociales radicados e imbricados profundamente en las necesidades de su territorio. Hemos observado en los últimos años casos muy claros de este fenómeno en Asturies: el intento de creación de un Podemos Asturies autónomo, en el que las decisiones se adoptaran en Asturies y no plegado sin más a las instrucciones recibidas desde sus órganos centrales estatales, fue desarticulado ferozmente, mediante sanciones y expulsiones a quienes pretendían un modelo descentralizado y apegado al territorio y provocando la decepción de sus militantes y una enorme pérdida de apoyo popular y de incidencia social. Otro caso, tal vez menos conocido pero muy significativo también, fue el pacto decidido en Madrid entre Iñigo Errejón (en representación de Más País) e Izquierda Unida en el que se intercambiaron un puesto de salida como diputado en la Junta General a una persona de confianza de Errejón a camio de una participación destacada y estelar del mismo en la campaña autonómica de 2023 y de su apoyo explícito a la marca «Izquierda Unida—Convocatoria por Asturias». Este acuerdo malogró la constitución de un partido autonómico independiente (denominado «Más Asturias») y el abandono de la mayor parte de las personas que estaban promoviendo el proyecto tras el pacto de un candidato, que ni siquiera estaba residiendo en Asturies, a sus espaldas.
No es fácil que las políticas que se promueven desde fuera de un territorio, sin contar ni con las personas ni con las organizaciones sociales del mismo, respondan a las necesidades reales de la población de ese territorio. En Asturies, a diferencia de lo que sucede en otras comunidades del estado español, carecemos de un espacio político propio, asturiano, de izquierdas y verde que priorice y defienda desde las instituciones, los intereses del pueblo asturiano, desde la cercanía y la autonomía plena.
Es una opción no solo necesaria, si no también urgente e ilusionante. La única izquierda transformadora que está creciendo y convenciendo es la que actúa desde y para su pueblo y su territorio, con alianzas entre las fuerzas comprometidas con lo cercano y lo propio (Compromís, Mes, Chunta Aragonesista, BNG, Bildu, Adelante Andalucía…).
Es preciso configurar un «Polo Político Asturiano» desde el entendimiento entre la izquierda soberanista y las organizaciones verdes y no productivistas, independiente, con carácter de permanencia en el futuro, a partir de ideas nuevas y radicales y sin ataduras a los aparatos que dan y quitan cargos políticos que terminan siendo un modo de vida y que propician la sumisión. Necesitamos una participación directa y radicalmente democrática de la población asturiana en todas las decisiones, desde Asturies y para Asturies. ¿Nos ponemos a ello?
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