Tuvieron que llegar las llamas casi a las puertas del Congreso —esta imagen de resignación está tomada en San Martín de Valdeiglesias— para que un incendio se convirtiera en asunto de Estado. Hace un tiempo no tan lejano ardieron Larouco, Oímbra, San Martín de Valdeorras, etcétera, y bueno, mejor regresemos al presente. PSOE y PP entierran el hacha de guerra, pero no hacen un agujero muy profundo. En un abrir de micrófono se les desentierra. Mientras tanto, y al calor de las encuestas, los negacionistas climáticos de Vox siguen a lo suyo, que sería no mover un dedo si no fuera porque Abascal mueve uno: el que usa para incendiar la red X de mensajes apocalípticos. Ni el crepitar de los incendios es capaz de silenciar el duelo a garrotazos que Goya pintó hace 200 años. Un pacto de Estado contra el fuego. Huele a que acabará siendo humo. Pronto ellos se irán de vacaciones. Las llamas, no. Estaba escrito que después de la España vaciada iba a llegar la España quemada.
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