La Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP) tendrá su sede en la ciudad de Zaragoza. Así lo anunció el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 28 de julio. Desde finales de enero de 2024, poco después de que el Consejo de Ministros aprobase la creación del organismo, Oviedo aspiraba a albergar la mencionada agencia. En enero de este mismo año, los gobiernos autonómico y municipal propusieron oficialmente al Ministerio de Política Territorial el Edificio Calatrava como sede.
La decisión del Ejecutivo central no es solo una mala noticia para el municipio de Oviedo; toda Asturias ha perdido una oportunidad. Haciendo uso de la hemeroteca —donde se han detallado los beneficios que la agencia aportaría allí donde se asentase— basta revisar lo que, una vez más, se nos escurre entre las manos al quedar Oviedo excluida como epicentro de la salud pública y la bioseguridad española:
-Creación inmediata de sesenta puestos de trabajo directos vinculados al ámbito sanitario, con una previsión paulatina de alcanzar los trescientos empleos.
-Conversión de la región en un polo de atracción para la investigación, apoyado en una estrecha colaboración con la Universidad de Oviedo. Un motor para captar y retener talento científico, atraer congresos de especialistas y acoger delegaciones internacionales.
-Todo ello tendría un impacto económico directo estimado en tres millones de euros durante los primeros años, con capacidad de alcanzar los quince millones cuando la agencia se encuentre a pleno rendimiento.
Tras asumir que otro tren de progreso pasa de largo por nuestra comunidad, toca preguntarse por qué. ?Suele repetirse en campaña electoral que la coincidencia de siglas entre administraciones facilita una gestión más ágil y próspera. Sin embargo, si analizamos lo acontecido bajo el prisma de la sintonía partidista, el Gobierno del Principado de Asturias no sale bien parado. En Aragón gobiernan el Partido Popular tanto en la comunidad, con Jorge Azcón, como en el Ayuntamiento de Zaragoza, con Natalia Chueca.
Que desde Moncloa —con un Ejecutivo de coalición entre PSOE y Sumar— se haya elegido Zaragoza demuestra una paradoja demoledora: la verdadera influencia no depende de compartir carnet de partido, sino de proyectar un liderazgo ambicioso, exigente y capaz de hacerse valer.
En Asturias, la militancia compartida entre Sánchez y Barbón no se traduce en ventajas reales. Nuestra comunidad autónoma, pese a ser una de las pocas gobernadas por el PSOE, sigue sin recibir la atención prioritaria que merece por parte del Consejo de Ministros. Para los asturianos sería infinitamente más provechoso ver a su presidente alzar la voz con firmeza en Madrid en defensa de los intereses de su tierra, en lugar de volcar esa energía en foros internos de partido en favor de la continuidad de Pedro Sánchez.
Son muchas las razones que justifican la conveniencia de la alternancia política, pero tras este nuevo revés hay una exigencia que cobra urgencia: la utilidad. Asturias precisa un gobierno que sea útil a sus ciudadanos. «Servir a la patria no es hacer lo que nos conviene, sino hacer lo que exige su utilidad.» Gaspar Melchor de Jovellanos.
Comentarios