Estamos asistiendo a un momento de la humanidad que podíamos calificar como particularmente indigno. Hubo muchos tiempos y hechos indignos en lo que llevamos de historia conocida e igual es una ilusión pretender que alguna vez hubo una tregua en la indignidad de la condición humana. Miserable es nuestra condición de medio animales con todas las indignidades que eso conlleva. Nuestra alma — la de algunos — siempre aspiró a la perfección y todo lo que se parezca a ese paradigma idealizado, seguro que aparente. Librarnos de nuestras miserias físicas sujetos a un cuerpo demasiado animal, lo mismo mejorar nuestro intelecto e intentar que nuestro receptor-emisor cerebral mejore y capte algo más que cinco sentidos y a veces fantasmas que no sabemos muy bien de dónde salen. Controlar las pasiones, serenarnos, no dañar ni al mundo ni a los demás ni a nosotros mismos, encender una vela en nuestra oscuridad junto a la de los demás para que muchos veamos mejor y más lejos. Aprender, algo que parece se intenta y muere con cada generación. Llegar a esto sería lo que podriamos referenciar como dignidad humana lo mismo que todo lo que vaya hacia ese bien solidario y ese objetivo común de vivir una vida objetivamente positiva (que sí es posible). Hay chispas de esto en cualquier momento de lo cotidiano, también en los grandes trazos de la Historia. De igual forma existen otro tipo de fogonazos tanto a diario como en los largos tiempos, son los épocas en las que predominan los ataques, a veces brutales, a este tipo de dignidad humana que se supone queremos para todos. Lo que está ocurriendo y agravándose desde que comenzó el siglo XXI es que contemplamos impotentes cómo nos adentramos en uno de esos momentos desesperanzadores en que no sólo no avanzamos sino que nos hundimos en el fango fétido de la destrucción, del odio, de la codicia, del desprecio a los demás sobre todo si los convertimos en pobres, asistimos pues al dominio de nuestros peores instintos plasmados y serigrafiados en los rostros de casi todos los dirigentes que están al frente de las naciones de este planeta. Quizás así fue siempre, pero hoy se nota más que nunca en los que mandan en casi cualquier campo de la vida (hasta en las oenegés) y lo peor es que por desgracia y obra de las redes observamos en tiempo real la inmensa cantidad de humanos que están dispuestos a odiar sin condición ni motivo, solo por el supuesto placer de vengarse de su miseria, de su maldad, de sus ansias de destrucción reflejada en los otros, en su prójimo. Igual (y más a los de mi generación) nos quedó la copla de «too er mundo es bueno», pero no vemos que nuestros dirigentes están ahí puestos por el capitalismo salvaje, por la estupidez, por los peores instintos humanos que superan con creces a los de nuestros pares los animales puros y duros.
Da fatiga de combate recordar el panorama mundial y nacional con el que nos levantamos todos los días y a veces varias veces al dia. Generalmente cuando uno enciende el orde nador y busca en las noticias de las agencias y de nuestros diarios lo primero que ve — el estómago se contrae cuando lo observa — es la imagen de Trump, sí o sí, con alguna gansada de nuevo-viejo cuño a las que ya nos tiene acostumbrados desgraciadamente a muchos pero no a todos, los gallinas inversores siguen haciéndole el juego tomándolo en serio (por si acaso) y él mismo es un gallina —TACO; Trump Always Chickens Out — que se retira en cuanto ve que le plantan cara o ataca el gallinero como un raposu aprovechando el miedo de los demás para ganar miles de millones. Este debería ser el líder del mundo libre, pero resultó ser un rey Midas que todo lo que tocaba lo convertía en oro, solo que Trump todo lo que toca lo convierte en caca pese a su obsesión con el dorado omnipresente en sus decorados incluso en su tramposo tupé.
En el resto de América Trump solo tiene contestación a sus paridas en Canadá, en Méjico, en Brasil y poco más, mientras vamos viendo con aprensión cómo centroamérica se hunde en el trumpismo bananero. Más al sur vuelve a aparecer Fujimori en versión femenina, mientras Venezuela y Cuba son ya paises asolados por USA y por los nativos. Lo de Argentina deberían hacérselo mirar porque son unos campeones en el arte de hablar mucho y no hacer nada, siempre, siempre gobernados por dirigentes nefastos aupados por un pueblo chauvinista a la argentina. Lo siento, pero había que decirlo
A Europa no la reconoce ni la madre que la parió; ¿dónde está aquel continente luz del mundo, de la razón y del pensamiento progresista? Naturalmente con unos exabruptos negativos para recordar y ser superados. Tierra desde hace casi un siglo de liberales y socialdemócratas autoboicoteada por el capitalismo con y sin patria y llevada al límite en este siglo y sobre todo en la última década. Chuleada, vendida al mejor o al peor postor. La UE corre el peligro de terminar en la inanidad, camino en el que están la ONU y el TPI. El progresismo no existe, los europeos padecen una grave desmemoria inducida interesadamente por los que quieren borrarnos del mapa mundi después de sacarnos hasta la sangre. Los «lideres» europeos, en general, son una caterva de profesionales de la política con empleo asegurado y extraordinariamente bien pagado que solo piensan en acendrar su chollo. La extrema derecha y las proclamas adanistas de la izquierda no hubieran tenido un pase en tiempos más lúcidos. Rusia y la URSS ? sí ? o son dictaduras, lo de Putin sí tiene un nombre pero es tan malsonante que no lo vamos a reproducir aquí, o vienen de dictaduras en todo el resto del «Telón de Acero» o van hacia dictaduras. China observa y caza ratones como el gato de Deng Xiaoping que tanto cautivó a Felipe Gonzálea hoy comentarista, tertuliano y opinador facha doquiera esté o hable. El resto de Asia baila al son del erhu chino, como casi todo el mundo. El «Chunguistán», como dice un amigo, sin novedad en un frente guerrero que entre unas cosas y otras (con diferentes religiones, diferentes estados y tribus) va a cumplir más de cinco mil años de guerra continuada Muy poca dignidad, en algunos sitios ninguna, encontramos en un mundo que nos tememos merece a sus dirigentes.
En España llevamos jugando con fuego una temporada ya demasiado larga, con el añadido de que los que nos parecieron unos líderes aceptablemente dignos en su momento hoy son unos retrógados o están bajo sospecha de tongo. Aznar que después de Roldán y otros estragos pareció un derechista aceptable (a riesgo de oxímoron), ahora es «la lucecita del Pardo» de la leyenda franquista con su FAES (Falange Española?) particular animando a una enfervorecida hinchada a acabar con un progresismo desgraciadamente inexistente. Tenemos en casa (y en el mundo) unos dirigentes que no nos sirven nada más que para problemas, debiéramos de cambiar esta situación de pantano que nos traga, debemos ejercer de ciudadanos responsables dejar de odiar y gritar, de tener miedo o pereza y hacer por poner coto a las mamandurrias de siempre -y mucho más de ahora - de los partidos y de sus inútiles dirigentes. Deberíamos de poner fin a esta situación política, económica y social, participando todos, serenamente, propiciando, para empezar el trabajo, una nueva Ley de Partidos Políticos elaborada por ciudadanos, jueces ciudadanos, sometida a referéndum y adscrita a mandato constitucional.
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