La tragedia de Ceuta no puede cerrarse en falso, las personas son más importantes que las rayas fronterizas
OPINIÓN
Lo sucedido en Ceuta desde el pasado jueves, 30 de julio, tiene extraordinaria gravedad. No puede dejarse pasar la mayor tragedia producida en las fronteras españolas como un hecho menor en vías de solución. Todavía no hay cifras precisas, pero los inmigrantes muertos superan el centenar, jóvenes en su mayoría, incluso niños, entre 13 y 16 informaba El Diario Vasco el lunes, aunque su número puede aumentar. El desbordamiento de la frontera por una avalancha de decenas de miles de personas pone en entredicho su seguridad y, en consecuencia, al Estado español, su posible repetición se cierne sobre los habitantes de la ciudad. La peor consecuencia política es que ha dado argumentos a la extrema derecha y a todos los que consideran la inmigración como una amenaza.
Las imágenes eran impactantes, inusitadas, no hizo falta que la extrema derecha amplificara nada. Solo había que ver durante los días siguientes las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo, progresistas y conservadores, desde The New York Times, Le Monde o La Repubblica, a La Stampa, Le Figaro o The Times, o los informativos de las televisiones. La percepción de los inmigrantes al asalto de Europa quedó grabada en millones de personas que vieron las fotografías o los vídeos del dique; la playa, de nuevo el Tarajal; los pasos fronterizos abiertos, con guardias desconcertados que se limitaban a ver cómo pasaban las personas sin control; los incidentes en las calles... No fue necesario ningún publicista neofascista, Marruecos y España lo ofrecieron al mundo.
Sin duda, el presidente de Estados Unidos y los gobiernos europeos más conservadores, o partidarios de limitar drásticamente la inmigración, sobrerreaccionaron, especialmente el de Italia, con su pantomima de aumentar los controles fronterizos con un país con el que no tiene límites terrestres, pero se les puso en bandeja y lo sucedido va a tener consecuencias. España necesita a la UE para tener fuerza ante Marruecos.
Escribo este artículo el martes día 4 y la crisis está lejos de haber sido resuelta. Aún se buscan cadáveres en el mar, decenas de madres esperan atormentadas noticias sobre sus hijos, quieren saber si están vivos o muertos, internados o en las calles de la ciudad. Miles de migrantes permanecen en Ceuta en condiciones más que precarias. Sigue sin saberse por qué sucedió y si pudo evitarse. Las versiones poco creíbles de los gobiernos de Marruecos y de España acrecientan las dudas.
Asombra la escasa empatía de los gobiernos hacia las víctimas y sus familiares. Ni Mohamed VI ni Felipe VI hicieron referencia alguna, tampoco Pedro Sánchez o Grande Marlaska han sido solidarios. El presidente del gobierno se fue de vacaciones a Lanzarote el sábado y regaló a quien tuviera interés su lista de canciones en Spotify, el mar de Ceuta estaba todavía lleno de cadáveres. No pretendo hacer demagogia, supongo que es normal en el siglo XXI, espero que se me disculpe que, por mi edad, sea de otra época y mis ideas sobre los valores de la izquierda un tanto anacrónicas.
Una catástrofe como esta, aunque solo fuese por las víctimas, exige responsabilidades políticas y las hay en Marruecos y en España. No es creíble la versión oficial que atribuye la avalancha a las mafias, no se atisba qué pudieron ganar con una riada de personas, muchas del entorno de Ceuta, que entraron a la ciudad a pie o a nado. Mas bien perjudica su negocio que la mayoría haya tenido que retornar desengañada. Puede entenderse que el gobierno español quiera tratar las relaciones con Marruecos con prudencia, pero el exceso se percibe como debilidad.
No sé qué pensarán ministros como los Óscares, López y Puente, tan escépticos con las casualidades. ¿Es una casualidad que esto se produjese a los pocos días de la visita de Pedro Sánchez a Argel y del reconocimiento de la nacionalidad española a los saharauis que la tenían antes de la ocupación marroquí? Marruecos es un país relativamente pobre y con servicios públicos insuficientes, pero si algo no es escaso ni ineficaz es su policía ¿no se enteró de que decenas de miles de personas marchaban hacia Ceuta? Una vez logrado su objetivo, convertir en evidente su amenaza, coopera admitiendo el retorno de los migrantes, pero ahí está el temor a la Unión Europea, de la que depende económicamente. Dejó claro que posee un arma poderosa, también que no le importa sacrificar las vidas de sus ciudadanos para hacer presión política.
La sentencia del Tribunal Supremo que impide la devolución inmediata de personas que entren en España sin cruzar una barrera fronteriza es del 8 de julio, la avalancha se produjo el 30. Pasaron más de veinte días, hubo avisos de Marruecos, del gobierno de Ceuta y, probablemente, de los servicios de información españoles, colocar las boyas y la malla subacuática cuando ya se había producido la tragedia llevó unas horas ¿A nadie se le ocurrió en los ministerios de Interior y Defensa que podía ser una solución? Tampoco se reforzó la presencia policial.
Si hay motivos para acusar al ministerio del Interior de negligencia, más grave sería que el señor Grande Marlaska haya vuelto a mentir. La ministra de Defensa ha insistido en la eficacia de los servicios de información españoles. Desde luego, actúan a ambos lados de la frontera. ¿Estamos ante otro caso similar al de las reuniones o cafés de la directora general de la Guardia Civil con Leire Díez? ¿Hubo avisos aunque no existiese «un informe»? El Gobierno debería dar explicaciones ante el Parlamento con la mayor rapidez y, si Grande Marlaska ha vuelto a mentir, su dimisión o cese debería producirse de inmediato, aunque su incompetencia y las víctimas que provocó ya deberían ser motivo suficiente.
El mal político es inevitable. La extrema derecha xenófoba y racista ha recibido un espaldarazo. Hay que combatirlo con argumentos y ejercicio de la solidaridad, pero no es útil tapar los errores y dislates del Gobierno, así no se frena a Vox, más bien se lo potencia y las encuestas lo recuerdan mes a mes. Otra cosa es que deba ser apoyado si, de verdad, se opone a las políticas lesivas con los derechos humanos que promueven algunos miembros de la Unión.
Las relaciones con Marruecos exigirían un artículo específico. Deben ser buenas, es un vecino importante, pero que no puede decidir la política exterior de España. Como a muchos, me dolió el giro brusco y, como tantas veces, inexplicado del Gobierno español sobre el Sahara. No escribí sobre ello, preferí darle un margen a la política exterior española, pero, unido a lo sucedido con la acogida, por motivos humanitarios, de Brahim Ghali, tuvo mucho de humillante. España tiene un punto débil en Ceuta y Melilla, pero es la puerta de Marruecos a Europa y puede condicionar las relaciones de ese país con la Unión, esa es su fortaleza y debe saber usarla y nadie puede pedirle que se olvide de los saharauis o que no mantenga relaciones estrechas con otro vecino fundamental como es Argelia.
En cualquier caso, lo peor son las víctimas. Como casi siempre, son pobres, gente con esperanzas, con familias que los llorarán, pero cuyos nombres no pasarán a la historia. Como sucede con las del Tarajal, con las de la valla, con quienes se ahogan constantemente en el mar. Sería importante que quienes gobiernan hiciesen lo posible para que estas tragedias no se conviertan en habituales, las familias quizá les agradeciesen también un poco de solidaridad. Las personas son más importantes que las rayas fronterizas.
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