La revisión del primer año: una oportunidad desaprovechada

Jessica Castaño Castaño

OPINIÓN

Pediatría del HUCA
Pediatría del HUCA

Resulta preocupante que, en muchas revisiones pediátricas del primer año de vida, la consulta se reduzca prácticamente a auscultar al niño, pesarlo, medirlo y revisar el calendario vacunal. Aunque estos controles son necesarios, están muy lejos de representar una valoración completa del estado de salud y del desarrollo infantil.

El primer año de vida es una etapa decisiva en la que pueden aparecer señales precoces de alteraciones del desarrollo, problemas neurológicos, dificultades visuales o auditivas, trastornos de la alimentación o retrasos en la adquisición de habilidades. Sin embargo, cuando las consultas duran apenas unos minutos, es difícil que exista una evaluación realmente exhaustiva o que las familias puedan plantear todas sus inquietudes y recibir respuestas adecuadas.

Esta situación transmite la sensación de que las revisiones se han convertido en un trámite protocolario más que en una auténtica herramienta de prevención y detección precoz. La sobrecarga asistencial y la falta de tiempo por paciente pueden explicar esta realidad, pero no la justifican desde el punto de vista de la calidad asistencial que merecen los niños.

Como consecuencia, muchas familias se ven obligadas a acudir a la sanidad privada para obtener una exploración más completa, con consultas más largas, una valoración detallada del desarrollo y, cuando es necesario, pruebas complementarias o derivaciones a especialistas. Lo que debería estar garantizado dentro del sistema público acaba dependiendo de la capacidad económica de cada familia.

La detección precoz de cualquier alteración en el desarrollo puede marcar una diferencia decisiva en el pronóstico y en las oportunidades de intervención. Por ello, es legítimo cuestionar un modelo de revisiones que, en demasiadas ocasiones, parece centrarse únicamente en comprobar que el niño crece y gana peso, dejando en un segundo plano una evaluación integral de su salud. Ninguna familia debería verse en la necesidad de recurrir a la medicina privada para tener la confianza de que su hijo ha recibido una valoración pediátrica completa.