La crisis migratoria en Ceuta no se hubiera producido sin la inacción o dirección de Marruecos, con la bendición de Donald Trump. Y tampoco sin la complicidad de las redes sociales. Fueron una gran autopista para los bulos y las falsas expectativas que alentaron la avalancha de decenas de miles de personas.
Hubo publicaciones en TikTok que animaban a cruzar una frontera supuestamente «abierta». En grupos de Facebook o Telegram se compartieron itinerarios para llegar, de forma segura, a territorio español. Y se escribieron hilos en los que se narraban historias de éxito de personas que habían dado el salto a Europa de forma fácil e indolora.
¿El resultado de esa campaña? Una tormenta geopolítica y una tragedia tremenda, con más de 140 personas muertas que soñaban con una vida mejor. ¿Alguien le ha pedido cuentas a los gigantes de internet? Ellos tienen mecanismos para detectar tendencias, picos de actividad relacionadas con cualquier tema. Y herramientas para reducir su visibilidad o impacto, para invalidar una búsqueda por palabra clave si fuera preciso. Pero solo actúan cuando afecta a sus cuentas bancarias o a su reputación. Son irresponsables por definición. ¿La prueba? La nueva avalancha de embustes, imágenes falsas y discursos de odio que circulan estos días sin control sobre Ceuta.
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