Leo estupefacto opiniones ajenas sobre la polémica o polémicas del topless en playas y piscinas. Jamás pensé que en 2026 estaríamos discutiendo esto, pero si uno mira atentamente por dónde han ido ciertos discursos en los últimos años no cabe duda de que algo así estaba por llegar. Una opinóloga muy conocida niega que detrás del hecho de que el topless esté desapareciendo de nuestras playas o piscinas esté la guerrita cultural y el auge reaccionario de cierto conservadurismo envuelto en papel brillante con lacitos. Es gracioso porque esa misma persona forma parte de este auge y ya me duelen los ojos de leer estupideces sobre la vuelta del catolicismo en forma de rosalías y domingos. No se puede tener al catolicismo de vuelta con cierto esplendor sin contar con los daños colaterales, no hay un catolicismo que se pueda elegir como menos rígido.
Hoy llevamos todos una cámara de fotos en el bolsillo y hay quienes dicen que ahí está el secreto del declive del topless en España. Puede que aquí exista parte de la explicación, pero me temo que caer en ella como la única es hacerse trampas. El caso de la mujer veraneante en un pueblo de Segovia que se tuvo que enfrentar a la Guardia Civil ante las quejas de otros usuarios de la piscina municipal por hacer topless deja bastante claro, creo yo, que estamos ante un movimiento reaccionario que, como un virus, poco a poco está contaminando las mentes de los habitantes de este país. El que la alcaldesa del municipio, del Partido Popular, atacara a la mujer que tuvo la osadía de hacer topless en la piscina del pueblo, aduciendo que hay normas que, por sentido común, no aparecen entre las de la piscina, es decir, asumiendo que el sentido común es conservador y que importan más las normas morales que las que se tomen por escrito y con la ley de las personas en la mano, deja bastante claro que estamos ante un auge del puritanismo que viene, como siempre, de la mano de la derecha.
También la alcaldesa expresó su preocupación por el terrorífico asunto de que los niños en la piscina vieran dos tetas y dijo que hay que proteger al menor que en la piscina está viendo culos apenas tapados a todas horas pero al que parece no afectarle esto último. Que la alcaldesa conservadora de un municipio y la Guardia Civil, alertada por personas jóvenes según la usuaria, nada menos, montaran el número por un topless, no se debe a ningún puritanismo porque la opinóloga de más arriba dice que todo está sexualizado, quizá el único acierto de su columna. También dice que es mejor sugerir que enseñar, y si esto no es conservador, que baje el mismísimo Jehová y lo vea. No estamos hablando de una película de terror de los años cincuenta del siglo pasado, estamos hablando de hacer topless. El puritanismo, evidentemente, al volver, no lo hace con las galas con las que nos tuvo durante más de cuarenta años amordazados porque generaría rechazo inmediato. Para hacerlo, para volver, debe envolverse como algo nuevo y fruto del sentido común, como por ejemplo esto del sugerir mejor que enseñar o esto de los bikinis insignificantes que dejan poco a la imaginación y hacia los que la columnista no puede evitar expresar cierto desdén, como si estuviera haciendo un favor a quienes los lucen.
El hecho es que las guerritas culturales y las alucinógenas justificaciones y hasta alabanzas a un supuesto regreso de valores católicos y a la abstinencia sexual como un valor, son un síntoma de hacia dónde nos dirigimos: a una sociedad pacata que ve dos tetas casi como una agresión a menores de edad, así, sin despeinarse, porque los que realmente lo sexualizan absolutamente todo son los reaccionarios, como siempre, que no se aguantan las ganas porque el cilicio aprieta mucho y eso termina estallando cuando menos se lo espera uno y entonces hay que llamar a la Guardia Civil, por si acaso.
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