¿Por qué Óscar Puente ataca al rey?

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

El ministro de Transportes, Óscar Puente, el pasado lunes en Alicante.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, el pasado lunes en Alicante. Rober Solsona | EUROPAPRESS

Es difícil encontrar en la historia de la democracia española un ministro con unas formas tan impropias de un servidor público como las de Óscar Puente. El lenguaraz y tuitero baluarte de Pedro Sánchez se explaya a lo largo y ancho de las redes sin aparente control, con textos hirientes, más que incisivos, que casi siempre rozan la mala educación y que se corresponden con lo que vulgarmente se conoce como un macarra. Vamos, que no se trata de un personaje que vaya a dejar un gran legado para la convivencia entre españoles, ni al que vayan a dar el premio Princesa de Asturias de la Concordia.

Lo último que ha hecho es señalar a Felipe VI. Obviamente, que se meta con el rey entra dentro de su derechos. Es libertad de expresión. Afortunadamente, en España los ciudadanos pueden opinar de lo que estimen oportuno, siempre y cuando no se invadan los derechos de los demás ni se infrinja la ley. Pero el ataque de Puente al monarca va más allá de un simple ejercicio de libertad, o de una crítica bien o mal intencionada.

La cuestión es si estamos ante un plan predeterminado o ante un calentón del ministro. O, más grave aún, si la acidez con la que se ha dirigido al rey cuenta con el beneplácito del presidente del Gobierno. ¿Tiene Óscar Puente tanta autonomía como para, sin el permiso o la orden de Pedro Sánchez, hablar de que una foto de Felipe VI es una ignominia? Si somos ingenuos optaremos por la primera opción. Concluiremos que, como tantas otras veces, el político se vino arriba y sin apenas pensarlo las palabras brotaron de sus dedos una detrás de otra. Pero si no nos hemos caído de un guindo llegaremos a la conclusión de que ningún ministro de un Gobierno ataca al jefe del Estado por su cuenta. Y menos si se trata de un ministro de Pedro Sánchez. El jefe del Ejecutivo no se caracteriza por dar rienda suelta al resto de su gabinete, sino por todo lo contrario. La tropa de Pedro Sánchez se ha significado por una sumisión absoluta y cada uno juega el papel que se le ha encomendado. Seguro que Puente no consulta todas sus ocurrencias en las redes sociales, pero nunca se atrevería a meterse con el monarca si no contara con el beneplácito de su líder.

Y es aquí dónde hay que preguntarse por qué desde la presidencia del Gobierno del Reino de España se induce, se aprueba o se consiente que se censure a la Casa Real.

Las teorías son varias. Por un lado, hay quien cree que estamos ante una nueva cortina de humo que pretende tapar los graves problemas por los que atraviesa el Ejecutivo, empezando por la crisis de Ceuta. Otros tienen ideas más simples, como una mala relación personal entre los titulares de la Moncloa y de la Zarzuela. Y, por último, se habla de que Pedro Sánchez, en su giro cada vez más a la izquierda, está asomando la patita de un proceso deconstituyente.

En su momento, Sánchez se preguntaba cómo le iba a juzgar la historia. Si sigue así, lo hará por el tremendo lío que está montando en España, a la que está tensionando a niveles muy peligrosos. Y lo hace sin consenso alguno y sin la fortaleza necesaria para afrontar grandes cambios de país.