El agua que Asturias necesita hoy y mañana
OPINIÓN
Hay cuestiones que forman parte de la gestión de un gobierno mucho antes de convertirse en titulares. El agua es una de ellas. La evolución de las precipitaciones durante los últimos meses y las temperaturas de este verano han vuelto a situar en el centro del debate una preocupación legítima: qué capacidad tiene Asturias para garantizar el abastecimiento si afrontamos periodos cada vez más prolongados de escasas precipitaciones.
La evolución es preocupante y merece toda nuestra atención, pero debemos abordarla con serenidad y perspectiva. Asturias parte de una posición favorable: contamos con recursos hídricos, infraestructuras consolidadas, conocimiento técnico y, sobre todo, con un sistema público de gestión que permite planificar y actuar con una visión supramunicipal. Sobre esa base estamos desarrollando una estrategia para anticiparnos a los efectos de un clima más variable y reforzar la garantía de un servicio público esencial.
Los datos recientes ayudan a comprender el reto. El año hidrológico 2025-2026 acumulaba hasta finales de julio 870,6 litros por metro cuadrado en Asturias, un 23 % menos que el valor de referencia y el séptimo registro más seco desde 1961. Julio alcanzó, además, una temperatura media de 20,5 grados, la más elevada de la serie para ese mes.
No se trata de atribuir automáticamente cada episodio meteorológico al cambio climático, sino de incorporar sus implicaciones a la gestión pública. Si tenemos que prepararnos para periodos secos más prolongados, temperaturas más elevadas o una distribución menos predecible de las precipitaciones, debemos conseguir que nuestro sistema de abastecimiento tenga capacidad para responder a escenarios más exigentes.
Y Asturias está haciendo precisamente eso: no parte de cero, sino que refuerza un sistema que ya tiene buenas capacidades para afrontar el futuro.
Para comprender las actuaciones que estamos desarrollando es importante explicar cómo funciona actualmente nuestro abastecimiento. CADASA suministra el agua en alta a los ayuntamientos, que posteriormente la distribuyen a hogares, empresas y servicios públicos a través de sus redes municipales.
En el área central contamos fundamentalmente con dos grandes fuentes: el Alto Nalón, con los embalses de Tanes y Rioseco, esencial para los municipios que dependen exclusivamente de este sistema, y el río Narcea, cuyo recurso se trata en la planta de Ablaneda y permite abastecer la arteria costera, que representa entre el 55 % y el 65 % del consumo del área central.
Esta configuración es una fortaleza. Asturias no depende de una única fuente y, cuando las circunstancias lo requieren, puede redistribuir parte de la demanda entre sistemas. Si las reservas del Alto Nalón disminuyen, los usuarios que pueden recibir agua del Narcea pueden pasar progresivamente a abastecerse desde esta fuente, preservando las reservas del Alto Nalón para quienes no disponen de una alternativa equivalente.
El reto actual: ampliar la capacidad y la resiliencia conectando
El Plan Director de Abastecimiento establece las necesidades y prioridades. La Dirección General del Agua desarrolla las actuaciones de competencia autonómica y trabaja con los ayuntamientos, mientras CADASA aporta la escala supramunicipal. Es una arquitectura pública que permite compartir recursos, infraestructuras y conocimiento técnico y que resulta especialmente valiosa en una Asturias territorialmente diversa.
CADASA garantiza actualmente el abastecimiento a 785.000 personas de 25 municipios y suministró más de 58 millones de metros cúbicos de agua en 2025. Pero su importancia no se mide únicamente en kilómetros de tubería o metros cúbicos suministrados. Se mide también en su capacidad para conectar territorios y compartir recursos.
Por eso estamos invirtiendo en hacer el sistema más redundante y flexible.
Una de las principales vulnerabilidades de cualquier sistema hidráulico aparece cuando depende excesivamente de una única fuente, una única conducción o una instalación crítica. Por eso buena parte de las inversiones que estamos desarrollando persigue aumentar la conexión y la redundancia del sistema.
El desdoblamiento de Lieres-Espiniella, con 38,56 millones de inversión y más de 13 kilómetros de nueva conducción, permitirá disponer de una segunda vía de transporte en una infraestructura estratégica del sistema central. No es una obra concebida para responder a una emergencia actual, sino para evitar que una eventual avería pueda convertirse mañana en un problema de abastecimiento.
La nueva estación de bombeo desde la arteria costera hacia la zona central, con una inversión de 8,69 millones de euros, permitirá conectar los recursos procedentes del Narcea con municipios como Oviedo, Siero, Llanera o Noreña.
La ampliación de la ETAP de Rioseco, con 36,9 millones, aumentará la capacidad de tratamiento de las principales instalaciones de potabilización del sistema central. La seguridad de un abastecimiento no depende únicamente de disponer de agua en origen: también exige tener capacidad suficiente para tratarla y ponerla a disposición de la población.
Y el horizonte es todavía más ambicioso. La futura ampliación del sistema central mediante las arterias Oriental y Bajo Nalón contempla alrededor de 150 kilómetros de nuevas tuberías y permitirá reforzar la garantía de suministro en municipios de la zona oriental y central occidental. Su ejecución está planteada por fases hasta 2033.
Lo importante es entender la lógica común de estas actuaciones. No estamos simplemente haciendo más grande la red: estamos aumentando las opciones que tiene el sistema para seguir funcionando cuando las condiciones cambian.
La resiliencia se construye así: con más conexiones, más capacidad de tratamiento y regulación y más alternativas.
Refuerzo de los sistemas municipales
La resiliencia no se construye únicamente a escala supramunicipal. También se construye en cada concejo, mejorando sus sistemas de regulación, potabilización y distribución.
Por eso, el Plan Director incorpora actuaciones para mejorar la regulación mediante nuevos depósitos, reforzar las instalaciones de potabilización y extender las conexiones con los sistemas supramunicipales. Hay actuaciones en Grandas de Salime, Corvera, Morcín, Sariego, Ribadesella, Yernes y Tameza y distintos municipios del occidente, entre otros.
En todos estos casos perseguimos una misma finalidad: que los sistemas tengan suficiente capacidad de regulación, tratamiento y respuesta para garantizar el servicio incluso cuando disminuyan temporalmente los recursos disponibles o aumente la demanda.
Por eso la adaptación al cambio climático no puede reducirse a una gran obra. Es un proceso de mejora progresiva de todo el sistema.
Previsión para cuando las reservas disminuyen
La anticipación tampoco consiste únicamente en construir infraestructuras. Significa saber de antemano cómo actuar cuando las condiciones hidrológicas empeoran.
CADASA dispone de un Plan de Emergencia ante situaciones de sequía que establece diferentes escenarios y las medidas asociadas a cada uno de ellos.
Cuando Tanes desciende por debajo de un nivel establecido para cada mes del año, se entra en situación de prealerta y se analiza si el sistema podría cubrir la demanda durante los seis meses siguientes. Si fuera necesario, se trasladan hacia el Narcea los usuarios que pueden recibir agua de esta fuente.
En niveles inferiores se declara la situación de alerta y se intensifica la protección de las reservas del Alto Nalón. Y cuando Tanes baja de 6,6 hectómetros cúbicos, en situación de emergencia, sus recursos quedan prioritariamente reservados para las zonas que dependen de ese sistema, mientras el resto se abastece desde el Narcea y, si fuera necesario, se aplican restricciones conforme a las prioridades de uso.
La clave es que las decisiones están previstas antes de que llegue el momento crítico. Esa es la diferencia entre reaccionar y anticiparse.
Más eficiencia y nuevas fuentes
La adaptación climática exige también utilizar mejor el agua. Reducir pérdidas, mejorar la regulación, digitalizar las redes y conocer con mayor precisión los consumos y caudales son medidas de eficiencia que aumentan también la seguridad del sistema. Y existe una transformación aún más profunda: conseguir que el agua pueda utilizarse más de una vez.
La transformación de Villaperi en biofactoría permitirá producir inicialmente unos 6,3 hectómetros cúbicos de agua regenerada al año, equivalentes a 6.300 millones de litros, para usos industriales compatibles. Ese volumen dejará de proceder de los recursos naturales convencionales.
Es una nueva forma de entender el ciclo del agua. No toda el agua tiene que ser potable. Allí donde sea técnicamente posible, debemos reservar el agua de mayor calidad para los usos que realmente la necesitan y utilizar agua regenerada para otros usos.
Eso es economía circular aplicada al agua y, al mismo tiempo, una medida de adaptación al cambio climático.
Un sistema preparado para el futuro
Todo este proceso requiere planificación, pero también inversión sostenida. El Gobierno de Asturias destina en 2026 más de 109 millones de euros al ciclo integral del agua, mientras
CADASA cuenta con un presupuesto de 54,27 millones y desarrolla un programa inversor de aproximadamente 169,4 millones en su Plan de inversiones hasta 2033. Este plan cuenta con el respaldo del Banco Europeo de Inversiones, por importe de 67 millones,y una subvención del Fondo de Transición Justa de la Unión Europea de 10 millones, por considerarlo un proyecto estratégico para garantizar la seguridad hídrica y facilitar una transición climática equitativa en Asturias.
Las cifras importan porque las infraestructuras hidráulicas que construimos hoy prestarán servicio durante décadas. Por eso debemos diseñarlas pensando no solo en las necesidades actuales, sino también en las condiciones que tendrán que afrontar durante su vida útil.
El escenario climático merece atención. Pero Asturias tiene capacidad para afrontarlo y, sobre todo, está desarrollando una planificación para anticiparse.
No podemos decidir cuánto va a llover ni controlar la temperatura. Sí podemos decidir cómo queremos que funcione nuestro sistema cuando las condiciones sean más exigentes.
Podemos conectar mejor nuestros territorios, aumentar la capacidad de tratamiento y regulación, disponer de conducciones alternativas, reducir pérdidas, digitalizar las redes y reutilizar agua cuando sea posible. Contamos, además, con un Plan de Emergencia que establece cómo actuar antes de que una situación de escasez se convierta en una emergencia.
Eso es construir seguridad hídrica.
Porque el agua es un derecho y un servicio público esencial. Es también cohesión territorial, protección ambiental, sostenibilidad y una condición imprescindible para nuestra economía y nuestro bienestar.
Por eso el debate de estos días debe servir para mirar hacia delante. La pregunta no es únicamente si Asturias tiene agua suficiente hoy, sino si estamos construyendo la capacidad necesaria para garantizarla también mañana.
Nuestra responsabilidad es que la respuesta sea sí. No podemos controlar el clima. Sí podemos anticiparnos a sus efectos. Y eso significa aprovechar las fortalezas que Asturias ya tiene para construir un sistema de agua más conectado, eficiente, sostenible y resiliente.
Garantizar el agua de hoy es una obligación. Construir la seguridad hídrica de mañana, también.
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