San Lorenzo no puede oler a cloaca mientras las administraciones hablan de agua excelente

OPINIÓN

Playa de San Lorenzo, en Gijón.
Playa de San Lorenzo, en Gijón.

Hay cosas que no necesitan un laboratorio para ser percibidas. Hay olores que no necesitan estadísticas. Y hay imágenes que ningún comunicado oficial puede borrar. Quien camina estos días por el litoral Gijones, especialmente por la zona de El Rinconín, Naval Azul y los pedreros próximos a la playa de San Lorenzo, sabe perfectamente de qué estamos hablando.

Cuando baja la marea, en determinados puntos vuelve a aparecer un olor intenso y desagradable que muchos ciudadanos/as describen sencillamente como olor a cloaca. No es una impresión aislada ni una cuestión de sensibilidad personal. Es una realidad que quienes paseamos habitualmente por esa zona llevamos años denunciando. Y aquí aparece la gran contradicción que debería hacernos reflexionar: mientras el ciudadano/a huele algo que recuerda inequívocamente a aguas residuales y observa el aspecto que presenta el litoral en determinados momentos, sin embargo los informes oficiales nos dicen que el agua es óptima para el baño.

¿Quién tiene razón?

La respuesta probablemente sea más compleja de lo que parece. Pero precisamente por eso resulta imprescindible explicar a la ciudadanía qué se analiza, cuándo se analiza, dónde se toman las muestras y, sobre todo, qué ocurre entre una muestra y otra. Porque decir que el agua es apta para el baño en un determinado momento no significa que no existan episodios puntuales de contaminación. De hecho, el propio Ayuntamiento de Gijón ha reconocido en anteriores temporadas la existencia de episodios de contaminación asociados a la red de saneamiento de la zona del río Piles y a la presencia de enterococos intestinales, especialmente después de episodios de lluvia.

Y aquí está el problema de fondo

Gijón lleva décadas hablando de saneamiento, depuración, colectores, emisarios, aliviaderos y obras hidráulicas. Las administraciones dicen que han invertido millones de euros y existen actuaciones importantes en marcha o ya ejecutadas. El proyecto Piles Natural, por ejemplo, ha supuesto una inversión superior a tres millones de euros y ha tenido entre sus objetivos mejorar la calidad del agua y recuperar el ecosistema fluvial, pero hay muestras graficas muy recientes que demuestran lo contrario.

Pero una cosa es invertir y otra muy distinta es resolver definitivamente el problema que percibe el ciudadano/a. Y esa es la pregunta que deberían responder el Ayuntamiento de Gijón, el Principado y las demás administraciones con competencias en materia de saneamiento: ¿Por qué después de tantos años seguimos hablando de olores, vertidos, episodios de contaminación y problemas en el entorno de la desembocadura del Piles? No basta con presentar una lista de obras ejecutadas. Hay que demostrar que esas obras están consiguiendo el resultado para el que fueron diseñadas.

La playa no puede ser una simple cifra

El problema es que la calidad de las aguas de baño se expresa fundamentalmente mediante parámetros sanitarios y muestras tomadas en determinados puntos y momentos.

Pero una playa es mucho más que una analítica.

También es su olor.

Es su aspecto.

Es lo que ocurre cuando baja la marea.

Es lo que aparece en los pedreros.

Es lo que percibe una familia que llega de otra parte de España o del extranjero y se encuentra con un litoral que desprende un olor insoportable.

Y aquí aparece una cuestión especialmente delicada: la imagen turística de Gijón.

San Lorenzo es uno de los grandes escaparates de la ciudad. No podemos conformarnos con que una analítica diga que el agua es apta si al mismo tiempo existe un problema ambiental perceptible que se repite año tras año.

La pregunta no debería ser únicamente si una persona puede bañarse sin que una muestra concreta supere determinados parámetros.

La pregunta debería ser mucho más ambiciosa:

¿Queremos que San Lorenzo sea una playa limpia, saludable y ambientalmente ejemplar?

Yo creo que la respuesta de cualquier gijonés/a debería ser evidente.

El Piles no termina en el paseo del muro 

Además, sería un error reducir todo el problema a una única causa. El sistema de saneamiento de Gijón es extraordinariamente complejo. El convenio de gestión firmado entre el Estado, la Confederación Hidrográfica,el Principado y el Ayuntamiento incluye numerosas infraestructuras relacionadas con el saneamiento, entre ellas los sistemas de Aboño, Pilón, Cutis y Peñarrubia.

Eso demuestra algo fundamental: la responsabilidad del saneamiento de Gijón no puede convertirse en un simple intercambio de culpas entre administraciones. Cuando un problema dura años, las competencias dejan de ser una explicación y pasan a convertirse en una obligación de coordinación. Al ciudadano/a no le importa si una tubería pertenece al Ayuntamiento, al Principado, al Estado o a otro organismo. Le importa que funcione. Y si no funciona, quiere saber quién es responsable de repararla.

¿Y los pozos de tormenta?

También conviene distinguir entre las distintas infraestructuras hidráulicas. Los grandes depósitos y pozos de tormenta tienen una función fundamental: evitar que determinadas lluvias intensas provoquen inundaciones y reducir los vertidos directos que se producen durante episodios de sobrecarga del sistema. Pero no son una varita mágica capaz de eliminar por sí solos todos los problemas de contaminación. Por eso no deberíamos presentar la existencia de estas infraestructuras como si significara que el problema de fondo está resuelto.

La pregunta vuelve a ser la misma: ¿Qué sucede con las aguas contaminadas que entran en el sistema y qué destino tienen después? Porque almacenar temporalmente agua durante una tormenta puede ser necesario. Pero la verdadera solución pasa por garantizar que las aguas residuales reciban el tratamiento adecuado y que el sistema completo funcione correctamente.

No se trata de buscar culpables. Se trata de exigir resultados

Han pasado gobiernos de distinto signo por el Ayuntamiento de Gijón. Han cambiado las mayorías políticas. Han cambiado concejales, consejeros y responsables de diferentes organismos.

Pero el problema ambiental no entiende de legislaturas.

Por eso sería demasiado fácil señalar únicamente a un partido político.

La responsabilidad política, en realidad, es mucho más amplia.

Foro, PSOE, gobiernos municipales posteriores, Principado, Estado y organismos hidráulicos: todos deben responder de aquello que les corresponde.

Y todos deberían sentarse en la misma mesa para explicar a los gijoneses/as qué queda por solucionar, cuánto va a costar y cuándo estará definitivamente resuelto.

Porque presentar una obra como terminada no puede ser el punto final.

El punto final debe ser que el ciudadano/a deje de percibir el problema.

¿Hay dinero para todo menos para esto?

Y aquí aparece otra cuestión que genera indignación entre muchos ciudadanos/as. Gijón organiza y financia numerosos acontecimientos y actividades que forman parte de su calendario político, cultural, festivo o turístico. Algunos generan consenso; otros provocan protestas y división, como las corridas de toros y el festival aéreo militarista

Es legítimo que una ciudad discuta en qué quiere gastar su dinero. Pero también es legítimo preguntarse si las prioridades presupuestarias responden realmente a las preocupaciones de la ciudadanía. Si somos capaces de movilizar recursos para acontecimientos extraordinarios, también deberíamos ser capaces de afrontar con la misma determinación aquellos problemas ambientales que llevan años pendientes.

Y eso no significa necesariamente eliminar cualquier evento.

Significa establecer prioridades.

Porque una ciudad que aspira a ser referente turístico, sostenible y respetuosa con su entorno no puede resignarse a convivir cada verano con zonas de su litoral que desprenden olor a aguas residuales.

San Lorenzo merece algo más

No estoy diciendo que todas las analíticas sean falsas.

No estoy diciendo que cada olor sea necesariamente consecuencia de un vertido de aguas residuales.

Y tampoco estoy diciendo que no se haya hecho absolutamente nada.

Los datos oficiales demuestran que se han realizado inversiones y actuaciones importantes. Precisamente por eso la ciudadanía tiene derecho a exigir que esas inversiones se traduzcan en resultados visibles.

Porque la contradicción entre un informe favorable y la experiencia cotidiana de quien pasea por el litoral merece una explicación.

Si el olor procede de la descomposición natural de algas, que se explique con claridad y con datos.

Si existe una relación con el saneamiento, que se diga.

Si existen vertidos puntuales, que se identifiquen.

Si las infraestructuras funcionan correctamente, que se publiquen los datos que lo demuestren.

Y si existe algún problema pendiente, que se reconozca y se establezca un calendario para solucionarlo.

Lo que no podemos hacer es mirar hacia otro lado.

Una propuesta muy sencilla: transparencia

¿Por qué no establecer un sistema público y fácilmente comprensible que permita conocer durante toda la temporada de baño:

dónde se toman las muestras;

cuando se toman;

qué parámetros se analizan;

cuáles son los resultados;

si ha habido episodios de lluvia;

si se han producido alivios o vertidos;

qué infraestructuras han intervenido;

y qué medidas se adoptan cuando aparece una incidencia?

Eso permitiría terminar con la desconfianza.

Y permitiría que la ciudadanía dejara de enfrentarse a una falsa elección entre «lo que dice el informe» y «lo que ven sus ojos».

La transparencia no debería molestar a ninguna administración.

Al contrario: si todo funciona correctamente, debería ser la mejor defensa posible.

El mar no vota

El Piles no vota.

La playa de San Lorenzo no vota.

Los pedreros del Rinconín no votan.

El Cantábrico tampoco.

Pero los ciudadanos/as sí.

Y los ciudadanos/as tienen memoria.

No quieren otra temporada de promesas. No quieren otra explicación. No quieren otra fotografía inaugurando una obra.

Quieren resultados.

Quieren poder caminar por su litoral sin tener que taparse la nariz cuando baja la marea.

Quieren saber que sus hijos pueden jugar en la playa con tranquilidad.

Quieren que el visitante que llega a Gijón se lleve el recuerdo de una ciudad abierta al mar, limpia y orgullosa de su patrimonio natural, y no la imagen de un litoral que en determinados momentos huele a cloaca.

Y, sobre todo, quieren que las administraciones dejen de preguntarse de quién es la competencia y empiecen a preguntarse quién va a solucionar el problema.

Porque San Lorenzo no necesita más excusas.

San Lorenzo necesita soluciones.