A pocos días de cumplirse un mes de la entrada a nado de miles de personas a Ceuta, la crisis humanitaria que persiste en la Ciudad Autónoma ha obligado al Gobierno Nacional a tomar la decisión de aplicar el llamado «mando único» (se encargará de ello, hasta por lo menos el 31 de diciembre, el Ministro Ángel Víctor Torres). El Presidente del Gobierno comparecerá en el Congreso la semana que viene (al igual que están haciendo diferentes ministros) y espero que ofrezca toda la información que le sea posible trasladar a la ciudadanía (porque entiendo también que habrá cuestiones relacionadas con la seguridad que deberán permanecer en secreto). Todas y todos necesitamos respuestas a preguntas que solamente él nos puede contestar, y es evidente que se tendrían que haber hecho mejor las cosas y no dejarlo todo al albur de que se restableciera la normalidad de manera rápida como ocurrió en mayo de 2021.
Valoro mucho que desde el principio las y los caballas frenasen cualquier intento de sembrar odio por parte de la ultraderecha, pero me preocupa que el cansancio y la indignación de estos últimos días multiplique incidentes graves que han sucedido y que manchan la imagen de la población ceutí, como son que algunos se tomen la justicia por su mano (sea destruyendo lugares donde malviven las y los migrantes en las playas o agrediendo e insultando a periodistas). Es urgentísimo que haya una respuesta eficaz del Estado para que los ochenta mil habitantes de Ceuta no se vean abandonados a su suerte.
Honestamente, el patriotismo y la solidaridad de los diferentes territorios de nuestro país con la Ciudad Autónoma no está en que se organicen el próximo miércoles concentraciones de apoyo a lo que están viviendo en sus propias carnes, sino que ante la imposibilidad de Ceuta para atender convenientemente a todas las personas de deambulan por sus calles nadie se haya ofrecido al traslado de esas y esos migrantes a diferentes partes de la península para evaluar su situación (sobre todo por evitar que vivan en condiciones de hacinamiento [y quien sabe si también de insalubridad], algo que no se merecen).
No es una situación nueva. En el pasado ya se vio que estos casos de colapso que ocurren tanto en Ceuta, en Melilla o en Canarias se enquistan, sobre todo por las zancadillas de las autonomías gobernadas por la derecha a acoger a migrantes, sean menores (que están obligadas) o adultos. Lamentablemente no nos comportamos tal y como se hizo en su día con las ucranianas y los ucranianos cuando fueron acogidos y aceptados sin ningún problema por todo nuestro país (así que, una vez más, se constata que el color de la piel sigue marcando la diferencia de trato aunque hablemos siempre de seres humanos).
Tampoco ha ayudado en nada la oposición, y muy especialmente Alberto Núñez Feijóo con planteamientos tan irresponsables como que había que confinar a toda Ceuta por peligro de contagios en gastroenteritis, sarna, tuberculosis y varicela (la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria le contestó que con «la información epidemiológica disponible, no existen razones de salud pública que justifiquen establecer un confinamiento preventivo»), que por cierto de hacerse sería una decisión que tendría que tomar el Gobierno de Juan José Vivas (con lo cual el líder del PP solamente demuestra o su ignorancia o su pretensión de sembrar gratuitamente alarmismo). Solamente espero que las medidas que se vayan poniendo en marcha desde ahora sirvan para poner punto y final a este mes duro y difícil (en Ceuta han tenido que suspender incluso sus fiestas).
Se acaba agosto y la vuelta al cole está cada vez más cerca, pero lo que no termina es la aparición de nuevos conceptos y modas que se hacen virales, especialmente entre la juventud. Si hace poco tiempo se popularizaron los «therian», ahora lo que motiva es «farmear aura» (y a saber qué vendrá después). Todo esto ocurre en un contexto en el que se empieza a hablar del declive de las y los «influencers», pero mientras se extinguen, todavía tenemos ejemplos de cómo consiguen protagonismo incluso en espacios en los que no tiene ningún sentido que estén.
Ha sido muy criticada esta semana Erola Jons, que se hizo famosa grabar videos con cámara oculta en la que se acerca a un hombre con el que le establece una conversación y al final le lanza un piropo (desconozco si las historias terminan en relaciones amorosas o solamente utiliza [imagino que con el pertinente permiso] a esos chicos para rentabilizar sus vídeos). Trasladar ese tipo de contenido a una competición ciclista parece una mezcla un tanto absurda, y de hecho sus primeras intervenciones en zonas restringidas para la mayor parte de quienes siguen la carrera molestaron bastante (tanto los equipos como las y los periodistas especializados que cubren la Vuelta a España mostraron su desacuerdo con la decisión de la organización de contratar a esta persona).
Si bien es cierto que ahora ya no se le deja que se acerque a los ciclistas, ella sigue realizando sus contenidos con las y los asistentes a la meta de las diferentes etapas. No me parece mal que se explore en este mundo digital. El ensayo-error es la mejor manera de ganar nuevos públicos, pero también se debe entender que por muchos seguidores que se tenga en sus perfiles en redes sociales, las actitudes de estos influencers pueden tirar por la borda el recorrido realizado. En el pasado ya se vio como puede sufrir una crisis de reputación una marca por no medir las consecuencias de confiar en este tipo de gente. Burger King, que de sobra es una empresa muy conocida, eligió al streamer «El Xokas» y tuvo precipitadamente que suspender su colaboración porque en algunos directos se dedicaba a lanzar mensajes machistas, racistas y clasistas. Ya no voy a entrar en los gustos y preferencias de la ciudadanía, porque son tan variables como los colores, pero confío en que lo que venga próximamente sea mucho más interesante y divulgativo.
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