Laporta, ese defensor de la libertad

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

El presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta, esta semana.
El presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta, esta semana. AFP7 vía Europa Press | EUROPAPRESS

Hace dos días conocimos que el Barcelona suspendió el homenaje que estaba previsto para ayer por la noche a los jugadores del club que se proclamaron campeones del mundo este verano. Hasta ocho futbolistas que hoy visten la camiseta culé lograron la hazaña en Estados Unidos. Antes, en Bilbao, el Athletic sí que organizó un acto de reconocimiento para Laporte, Unai Simón, Nico Williams y Luis de la Fuente. El mismo fue saboteado por un sector minoritario, pero ruidoso, que alzó al viento sus ikurriñas en reivindicación de la nación vasca.

El nacionalismo es así, pertinaz en sus aspiraciones. Incansable y, sobre todo, profundamente antidemocrático y con tendencias autoritarias. Pero lo de Laporta va más allá. Es una mezcla diabólica de independentista, oportunista y populachero. Cambió el merecido homenaje a sus jugadores por un acto de reivindicación de la estelada, el símbolo que pretende unir a todos los soberanistas en su lucha por librarse del yugo españolista.

No perdió ni un segundo en tomar la decisión. En cuanto se viralizaron las imágenes del joven al que la policía le retiró una bandera y golpeó con aparente desproporción (cuando se trata de juzgar a los policías se tiende a olvidar el contexto), Laporta vio la vía de escape del acto con el que iban a honrar a unos chavales que compitieron bajo la rojigualda. Lo dicho: el nacionalismo nunca descansa. Y el fútbol es el marco perfecto para hacerse oír y poner un granito de arena más en la construcción de su particular paraíso.

Se inventan actos de desagravio al pueblo catalán al mismo tiempo que en Cataluña se agravia sin cesar a todo lo español. La presión que se ejerce sobre todo aquel que exhiba, promueva o reivindique símbolos y valores españoles es insoportable, generando un clima de falta de libertad intolerable. No es alejarse mucho de la realidad el decir que en Cataluña solo es libre aquella parte de la población que decida hacer su vida envuelta en una estelada. Aquellos que se sienten identificados con la roja y amarilla están condenados a callarse, si no quieren complicarse la vida.

«La estelada representa la forma de pensar de muchos culés y catalanes. De hecho, yo diría que España se define como un Estado democrático y de derecho, donde la libertad de expresión está dentro de los derechos fundamentales de la Constitución española, y la estelada, en este sentido, está en el marco de la libertad de expresión», dijo el presidente del Barcelona. Discurso impecable. Nada que objetar a que cualquier ciudadano tiene derecho a sentirse identificado con esa bandera y a no ser agredido por su uso. Pero, hablemos en serio, ¿alguien piensa que si un seguidor del Barça que se sienta español por los cuatro costados (los hay y muchos a lo largo y ancho de la propia Cataluña) fuera agredido por llevar la roja y gualda habría un acto de exaltación de la bandera en el Camp Nou? No hace falta dar respuesta.

Personajes como Joan Laporta son nocivos para nuestra sociedad. Se disfrazan de defensores de las libertades. De sus libertades. Las de los demás, ya si eso...