El invierno llama

OPINIÓN

A los servicios de limpieza les esperó una tarea difícil
A los servicios de limpieza les esperó una tarea difícil MARCOS MÍGUEZ

Se va agosto y aunque aún restarán días de sol, de playa, de fiestas, lo cierto es que el verano se va, el veraneo es ahora un tema del hablar, es momento de hacer balance. En Asturias a tope, tal como se presumía, lleno en todos los sentidos. Ha resultado ser un éxito ofrecer temperaturas suaves y comprobar que el orbayu para nada molesta a los visitantes, todo para diferenciarnos del resto de la Península donde el calor llega a ser insoportable. Cierto es, y muy cierto, que ha habido días de calor asfixiante, pero eso mejor no mencionarlo.

Hace no muchos años, el sector de la hostelerías asturiana, nunca conforme con nada y siempre exigiendo a los demás, había desplegado una campaña contra la agencia estatal de meteorología, pues decían los expertos hosteleros que no pocas veces se pronosticaba lluvia que luego no aparecía y eso les restaba turistas. Ahora se suplica que no se diga que en Asturias hay bochorno, ni cuesta dormir por las noches.

En efecto ha habido calor y los ríos bajan sedientos, algunos municipios anuncian restricciones de agua, pero todo eso pasa a segundo plano, el verano fue de fábula. Fiestas repartidas por toda la geografía y la mejor, como no, la nuestra. Bares, terrazas, restaurantes a tope.

Cada año la hostelería asturiana ofrece novedades en la forma de atender a la clientela. No se reservan mesas o hay que acudir a la hora indicada. No se atiende en la terraza, cada cual se auto sirve. Se restringe el uso de los baños. Y nosotros, los ciudadanos de a pie, tan exigentes en tantas ocasiones, transigimos sin rechistar.

Y cuando llega la fiesta, la fiesta grande, la fiesta del patrón o patrona, todo se desborda. No solo ellos, pero especialmente son los jóvenes los protagonistas, bailan, cantan, beben, comen, y todo en exceso. Y cuando al día siguiente se valora lo vivido, lo sucedido, encontramos cuerpos incapaces de mover un dedo y encontramos en el lugar de los festejos toneladas de basura. Es siempre igual, en el oriente, en el occidente o en el centro, en todos los grandes festejos la basura es la protagonista del día siguiente.

El gran día se verá como un éxito más de la organización, pero con la imagen de la basura cubriendo el paisaje, con la imagen de cientos o miles de personas conviviendo con la mugre, la decepción aflora o no tenemos sentido.

Y con esas lamentables imágenes sufren las familias que se han esforzado en enseñar a sus hijos a clasificar los residuos. Mal gastado parece el dinero de todos, que el Principado y los ayuntamientos usan en todos los servicios de basura. Fracasa la escuela que se esmera en inculcar los buenos hábitos. De nada sirven los mensajes de la Sanidad Pública que difunde mensajes saludables.

Tiene que haber una fórmula para que las fiestas sean una explosión de alegría, de convivencia y que se sigan conservando las buenas maneras y recoger cada cual la basura que pueda generar. No es mucho pedir.