La pasada semana las presidenciales francesas irrumpieron con fuerza en las redes. Una encuesta le daba como segunda opción al candidato de La Izquierda Insumisa. Pero claro, la primera opción es la de Marine Le Pen. La noticia no generó el apoyo automático de los demócratas al candidato antifascista. Sino que al contrario, surgió la crítica de quienes opinaban que Mélenchon es un candidato de ultraizquierda y su llegada a la segunda vuelta solo generaría la victoria de Le Pen en Francia. Entre los que desarrollaron esa tesis ha estado Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias, quien subió su reflexión a Twitter argumentando lo siguiente: «De cara a las elecciones de Francia, es preciso hacer una observación: en estos momentos una confrontación entre un candidato de extrema derecha y uno de extrema izquierda, conduce a un mismo resultado, como ya hemos visto en otros países: victoria de la extrema derecha. Para hacer frente a la extrema derecha, hay que buscar otros caminos y actuar con inteligencia política. Hay que buscar candidatos que no solo ganen dentro sino, sobre todo, que puedan ganar fuera. De lo contrario, derrota segura. Esperemos, por el bien de Europa, que en Francia la ciudadanía acierte.» Ante estas palabras, no pude contenerme y contesté, siempre desde el cariño que le tengo a Adrián desde los muchísimos años que nos conocemos y desde el gusto que es debatir con él presencial o por redes. Le repliqué que son precisamente las políticas que alimentan a la ultraderecha las que le abren el camino a gobernar, no la extrema izquierda, señalando que la verdadera raíz del problema es la crisis política y social de una Europa gestionada por el bipartidismo, y concluyendo que @melenchon90 es lo mejor que le puede pasar a Francia y Europa.
Para rematar la semana, la intervención de Jean-Luc Mélenchon en el debate ante los empresarios franceses en la Rencontre des Entrepreneurs de France (REF), organizada por la patronal MEDEF, ha desatado un auténtico furor en las redes sociales con millones de reproducciones. Las burlas y risas que brotaron de la grada empresarial cuando Mélenchon defendió la subida del salario mínimo (SMIC), seguidas del sepulcral silencio que se hizo tras su tajante réplica, se han convertido en el impulso definitivo para su precampaña a las presidenciales. Mélenchon: «Es necesario aumentar los salarios, empezando por el salario mínimo...»(La sala estalla en risas espontáneas). Mélenchon: «Si no aumentan los salarios, no se reirán por mucho tiempo, porque provocarán una recesión...». A lo que quedaron en silencio. Tras ver la risa clasista, ya nadie duda en Francia de que el verdadero candidato de los trabajadores y de las trabajadoras es el de La Izquierda Insumisa.
La verdadera cuestión en Francia será ver si todos los demócratas votan antifascista, algo que está por demostrarse. Al fin y al cabo, el fascismo no es más que un instrumento del capitalismo; ante un candidato que defienda firmemente los derechos de la clase trabajadora, el gran capital preferirá votar a Le Pen. Los grupos de comunicación al servicio del poder financiero atacarán a Jean-Luc Mélenchon con todos los recursos a su alcance, una estrategia que llevan ejecutando durante décadas. Quizás la única diferencia con lo ocurrido en España con Pablo Iglesias es que en Francia cuentan con un instrumento cultural, la serie de televisión Baron Noir. Sus seguidores ya esperamos una cuarta temporada; ¿casualidad que coincida justo antes de las elecciones presidenciales francesas?
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