Apoyar y solidarizarse

OPINIÓN

Asistentes a la manifestación con motivo del Día de Ceuta en Oviedo, convocada este miércoles ante todos los ayuntamientos de España
Asistentes a la manifestación con motivo del Día de Ceuta en Oviedo, convocada este miércoles ante todos los ayuntamientos de España Eloy Alonso | EFE

El arranque del curso político tras las vacaciones veraniegas ha tenido como principal asunto la crisis humanitaria que se vive desde hace más de un mes en Ceuta. Ayer en el Congreso intervino Pedro Sánchez para relatar todo lo sucedido, complementando así toda la información que habían trasladado otras y otros miembros de su ejecutivo anteriormente. Es verdad que las explicaciones dadas siguen dejando muchas dudas, porque aunque se haya sido todo lo transparente posible, hay dos preguntas que requieren de más investigación para que la respuesta sea certera: ¿Quién está detrás de lo ocurrido el 30 y 31 de julio? ¿Se sabía que iba a producirse un intento de personas que iban a cruzar la frontera del Tarajal a nado a raíz de la sentencia del Tribunal Supremo sobre la imposibilidad de hacer las llamadas ‘devoluciones en caliente’?

Al Gobierno hay que reconocerle que ha sabido gestionar muy bien diferentes situaciones que se han dado a lo largo de los últimos ocho años, pero a mi juicio en este caso tan complejo no ha sido así. La versión oficial de La Moncloa sigue exculpando a Marruecos de haber organizado una operación orquestada contra España (y particularmente para debilitar al ejecutivo nacional). Continuar con este relato no es ninguna tontería, porque no es lo mismo hablar de una crisis migratoria que de una ‘guerra híbrida’ (por el que se instrumentaliza a personas para un fin concreto, con consecuencias que pueden ser fatales, como las del centenar que dejaron su vida en el intento de pisar suelo español).

Si bien cada cual es libre de sospechar o de mostrar sus teorías (porque es cierto que hay indicios que descolocan a todo aquel que quiere ser lo más riguroso y desechar toda clase de bulos), yo confío en que el Gobierno ha sido sincero y ha transmitido toda la información de la que dispone.

La última polémica que ha originado perplejidad fue el desconocimiento, por parte del Ministro del Interior, de un informe policial que explica el papel activo de ciertos gendarmes marroquíes para que un número indeterminado de personas (los datos más aproximados hablan de 72.000, pero tampoco se conoce la cifra exacta) entrasen a nado por la frontera del Tarajal. Considero que es inconcebible que Marlaska tuviera que enterarse de algo tan transcendental por una información periodística (supuestamente hubo una orden de la jueza de la Audiencia Nacional que investiga este caso para que quedase únicamente en sus manos), porque una cosa es que se tenga que mantener en secreto algunas cuestiones, pero otra muy distinta es que se le haya ocultado al máximo responsable político de nuestra seguridad nacional algo tan relevante.

Quizás este baile de versiones que se nos traslada a las y los ciudadanos haya ayudado a que a lo largo y ancho de España hubiera el miércoles concentraciones con una notable asistencia de público. Yo no asistí a ninguna porque creo que no trataban de apoyar y solidarizarse con las y los caballas el día de su Ciudad Autónoma (que, por cierto, si no llega a ser por esta crisis, nadie sabría que es cada 2 de septiembre), sino que realmente eran una especie de réplica de las que se hicieron en los peores años del ‘procés’ catalán para protestar, legítimamente en un estado democrático, contra Pedro Sánchez (lamentablemente era más que evidente que se iban a producir insultos contra su persona).

Lo que no cabe es que se exhiban símbolos fascistas (los que se llevaron la peor parte de la violencia de los ultras fueron las y los profesionales de los medios de comunicación (sobre todo quienes trabajan en televisión) ni se deshumanice a las y los migrantes (a quienes se les tildó despectivamente como de ‘invasores’). En ninguna de las concentraciones se puso el acento en la necesidad de cumplir con la ley vigente, en que se respete escrupulosamente los derechos humanos (condenando momentos como los del bloqueo al trabajo de entidades como Cruz Roja para el reparto de alimentos) y, pese a disfrazarlo todo en un apoyo a la población ceutí (que muchas y muchos deben desconocer que un 40% secunda el islam), ninguna Alcaldesa ni ningún Alcalde han ofrecido espacios en sus municipios para acoger temporalmente a esas personas a los que Ceuta, por sí sola, no puede darles una estancia digna.

En definitiva, el arrimar el hombro y el verdadero patriotismo creo que conlleva asumir compromisos y no tanto salir a las calles envuelto con la bandera nacional.

No es nueva la situación de que a través de las redes sociales existen múltiples perfiles anónimos cuyas personas usuarias (cobardemente) se dedican a insultar, a vejar y a amenazar. Yo mismo he tenido muchísimos ataques (el último caso fue por haber participado en una concentración contra el racismo en el barrio de La Florida de Oviedo/Uviéu) en mi cuenta personal en X (antiguo Twitter), y aunque nunca le he dado mayor importancia, reconozco que debería ponerle un límite, y lo digo porque la violencia digital es otra consecuencia de lo que existe en la sociedad con sus distintas ramificaciones.

El terrorismo machista también tiene su presencia en internet y se puede observar su acoso con los exabruptos que se lanzan a mujeres que deciden compartir contenidos variopintos con sus seguidoras y seguidores. En estos últimos días he visto a dos jóvenes políticas que se han encontrado con esta inaceptable situación.

Una es Lakshmi Roset, concejala de la CUP en el Ayuntamiento barcelonés de Moià, y la otra es la vicesecretaria general del PSOE andaluz y portavoz adjunta del Grupo Socialista en el Parlamento andaluz, María Márquez Romero. La primera tuvo que enfrentarse a una oleada de comentarios por su vestimenta en vez de por lo que motivó la grabación de un vídeo (sobre la postura de su grupo municipal respecto a la ampliación del matadero de la localidad y a la sangre derramada en una de las calles de la localidad tras pasar por allí un camión procedente de esta instalación). La segunda ha tenido que acudir a los juzgados a denunciar mensajes deplorables que le dicen que su posición en el partido (que se lo ha ganado honrada y justamente tanto por su trayectoria como por su valía) responde a cuestiones de índole sexual.

Por supuesto que hay que apoyar y solidarizarse con las mujeres, pero ante todo creo que hay que mentalizarse de la necesidad de combatir estas impresentables conductas machistas y misóginas que buscan, en último término, expulsar a las mujeres de la esfera pública. ¡No se saldrán con la suya!