Taraneh y Romina

OPINIÓN

Unas personas pasan frente a un mural que representa al difunto líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Ruhollah Jomeini, y al difunto Líder Supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí.
Unas personas pasan frente a un mural que representa al difunto líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Ruhollah Jomeini, y al difunto Líder Supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí. ABEDIN TAHERKENAREH | EFE

Taraneh y Romina Rahimi, dos hermanas gemelas de 19 años, estudiantes de secundaria en Isfahán, cometieron el terrible delito de ser mujeres y querer ser libres. En enero de este año participaron en las manifestaciones que protestaban contra la carestía de la vida y pedían libertad. En febrero, fueron detenidas en su casa. La brutal policía iraní las sometió a terribles torturas. A Taraneh la obligaron a firmar una confesión falsa, con la amenaza de que, si no accedía, violarían a su hermana. No permitieron que su madre asistiese al juicio. Condenaron a la horca a Taraneh, a Romina a 25 años de cárcel. Las ejecuciones de disidentes son constantes, en cualquier momento se puede producir la de Taraneh.

Me impactó la noticia, que vi este domingo en la prensa italiana, país desde el que escribo, y después en The Guardian. Las fotografías de las dos jóvenes antes de su detención, en las que aparecían sonrientes y con el pelo al descubierto, provocaban cercanía y agravaban el horror de su martirio a manos de los fanáticos clérigos iraníes. Sus nombres salieron a la luz porque su caso ha sido denunciado por un primo que vive en Estados Unidos, pero las detenidas/os y asesinadas/os por participar en las protestas se cuentan por decenas de millares. Los ahorcamientos se realizan con frecuencia en las plazas públicas, para aterrorizar a las y los disidentes. Permítanme que hoy no use el masculino genérico. Aunque muchas de las víctimas de la represión sean hombres, no deseo oscurecer el protagonismo de esas heroicas mujeres que iniciaron la lucha por la libertad descubriendo sus cabezas y enfrentándose al integrismo clerical.

Son dos mujeres entre miles de perseguidas y perseguidos, pero pueden convertirse en un símbolo. Quienes tenemos cierta edad recordamos las campañas internacionales contra las ejecuciones de presos políticos durante la dictadura franquista. Algunas, como la que intentó evitar el fusilamiento de Julián Grimau, no tuvieron éxito, pero tampoco fueron inútiles, esa logró que el régimen declarase prescritos los crímenes producidos durante la Guerra Civil, una de las razones por las que, por ejemplo, no pudieron procesar a Santiago Carrillo cuando fue detenido en 1976. Otras sí lograron impedir las muertes, como sucedió con los condenados en el proceso de Burgos. Ocurrió con muchas dictaduras, que cedieron a la presión de la opinión pública mundial y de los países democráticos. Una movilización solidaria, con ellas y con todas las presas y los presos políticos iraníes, puede salvar la vida de Taraneh y atenuar la represión del régimen de los ayatolás.

El rechazo a la guerra imperialista de Israel y Estados Unidos contra Irán no implica el apoyo al régimen de los ayatolás. Pronto fue evidente que su objetivo no era liberar al pueblo iraní, ni garantizar los derechos de las mujeres, sino imponer la hegemonía de Israel en Oriente Próximo y, como en el caso de Venezuela, apropiarse de las riquezas del país. Era una guerra ilegal, sin respaldo de la ONU ni provocación previa, pero eso no cambiaba el carácter de la república islámica. No cabe desde la izquierda confundir la oposición a la guerra con la defensa de un régimen reaccionario, intolerante y represivo, que viola sistemáticamente los derechos humanos y especialmente los de las mujeres. Un régimen que exterminó a la oposición comunista, el importante partido Tudeh, socialdemócrata y liberal laica y en el que habría que escarbar mucho para encontrar algún rasgo progresista, salvo que es enemigo de Estados Unidos, si es que eso puede ser considerado en sí mismo «progresista».

La defensa de los derechos humanos y de la igualdad de las mujeres debería ser transversal, implicar a todos los demócratas, si es que realmente lo son. Partidos políticos, sindicatos y organizaciones no gubernamentales, pero también los gobiernos de los países democráticos, deberían presionar a Irán para lograr la libertad de Taraneh y de Romina, de todas las presas y presos políticos, el fin de las ejecuciones y el respeto a los derechos de las mujeres, a su capacidad de decidir cómo quieren vivir y cómo quieren vestirse. El régimen iraní debería ser consciente de que su aislamiento será mayor si mantiene la represión y que esta debilita la oposición internacional a la guerra.

Miren las fotografías de Taraneh y de Romina, recuerden a Mahsha Amimi, cuyo asesinato por parte de la policía inició, hace ya cuatro años, las protestas al grito de «¡mujer, vida, libertad!» y piensen en si podemos construir un mundo en el que se pueda vivir razonablemente escondiendo la cabeza. No olviden tampoco a las mujeres afganas. Su causa es también la nuestra. Este domingo, la victoria de la extrema derecha en el land alemán de Sajonia-Anhalt revivió viejos demonios en Europa, solo la defensa sin fisuras de los derechos humanos, de la libertad y de la igualdad puede frenar a los nuevos/viejos autoritarismos nacionalistas reaccionarios. No hay causas lejanas, todas son próximas.