La red que conecta Asturias, hoy y mañana
OPINIÓN
El Gobierno de Asturias refuerza la conservación de los más de 4.200 kilómetros de la red autonómica y prepara, con la Estrategia 2026-2036, las necesidades de movilidad de la próxima década.
Cuando en Asturias hablamos de carreteras, conviene empezar por una cuestión que parece sencilla, pero que en muchas ocasiones se pierde en el debate público: no todas las carreteras que recorren nuestro territorio tienen la misma titularidad, ni dependen de la misma Administración. En Asturias conviven la red de carreteras del Estado, la red autonómica, que corresponde al Principado, y las redes de titularidad municipal. La propia normativa asturiana establece esta diferenciación y clasifica nuestra red autonómica atendiendo tanto a sus características técnicas como a la función territorial que desempeña.
Esta distinción no es una cuestión administrativa menor. Es necesaria para entender qué está haciendo cada Gobierno y qué puede exigirse a cada Administración. En ocasiones, las grandes infraestructuras de la Red de Carreteras del Estado concentran buena parte de la conversación pública, porque son corredores fundamentales para Asturias y para nuestra conexión con el resto de España. En otras, problemas que afectan a una carretera o a una calle de titularidad municipal se atribuyen al Principado. Y esa confusión termina dificultando algo que considero fundamental: que los ciudadanos sepan quién tiene la responsabilidad sobre cada infraestructura y qué está haciendo cada Administración para mantenerla y mejorarla.
Desde el Gobierno de Asturias tenemos una responsabilidad concreta: cuidar, conservar y mejorar nuestra propia red, más de 4.200 kilómetros de carreteras que recorren el conjunto del territorio y que cumplen una función esencial para la movilidad cotidiana, para el acceso a los servicios públicos, para la actividad económica y para la cohesión de nuestros pueblos y concejos.
Por eso estamos trabajando en una nueva Estrategia de Infraestructuras Viarias y Movilidad 2026-2036. Su objetivo es mirar hacia delante y definir cómo debe evolucionar la red autonómica durante la próxima década: qué necesidades tendremos, qué actuaciones habrá que priorizar, cómo debemos organizar la conservación, dónde debemos reforzar la seguridad, cómo anticiparnos a los riesgos y de qué manera podemos aprovechar mejor los recursos públicos. Porque gestionar una red de esta dimensión exige mucho más que actuar cuando aparece un problema. Exige conocerla, recorrerla, mantenerla, inspeccionarla y planificar con tiempo.
Una red que necesita estar atendida todos los días
Una carretera no empieza a gestionarse cuando aparece un bache, un desprendimiento o una barrera dañada. La conservación forma parte de la gestión ordinaria de la red y requiere una presencia permanente sobre el territorio. En los tres últimos años hemos actuado anualmente sobre más de 500 kilómetros de nuestra red autonómica. Es una magnitud que permite entender la dimensión del esfuerzo que supone mantener en condiciones adecuadas una red que supera los 4.200 kilómetros y que atraviesa realidades territoriales muy diferentes.
El presupuesto destinado en 2026 a las carreteras autonómicas supera los 97 millones de euros. Es un volumen de recursos que permite atender nuevas actuaciones, conservación ordinaria y extraordinaria, vialidad invernal, seguridad vial, control geotécnico y nuevas herramientas de digitalización. La prioridad es que cada euro tenga una utilidad concreta: mantener mejor lo que ya tenemos, anticiparnos a los problemas y concentrar las inversiones allí donde son más necesarias.
Para hacerlo necesitamos, además, saber dónde están esas necesidades. No es igual una carretera que articula distintas comarcas que otra que garantiza el acceso a un núcleo rural o conecta pequeños municipios. La intensidad de tráfico, las características de cada vía, su función territorial y los riesgos a los que está expuesta deben formar parte de las decisiones sobre dónde intervenir y con qué prioridad.
En este sentido, en 2024 aprobamos un nuevo Catálogo de Carreteras del Principado que incorporó por primera vez la clasificación técnica y la clasificación funcional-territorial. Es un paso importante para disponer de una visión más completa de la red y para ordenar mejor las decisiones que tendremos que tomar en los próximos años.
Una parte fundamental del trabajo se realiza a través de nuestras brigadas de carreteras, con presencia permanente sobre el territorio a través de los distintos parques de conservación distribuidos por toda la región. En 2026 destinamos alrededor de 15 millones de euros a personal, vehículos y maquinaria vinculados a las labores de conservación y emergencia. Son profesionales que conocen el territorio, que trabajan todos los días sobre la red y que resultan especialmente importantes cuando las condiciones meteorológicas complican la circulación o cuando es necesario responder con rapidez ante una incidencia.
A esto se suma una programación plurianual de contratos de conservación y mantenimiento que permite disponer de medios y servicios durante varios ejercicios y ordenar el trabajo con una perspectiva más estable. Desbroces, señalización, barreras de seguridad, túneles, estructuras y otros elementos de la carretera requieren continuidad y planificación, no actuaciones aisladas. El conjunto de los contratos plurianuales de conservación y mantenimiento supone un esfuerzo que supera los 20 millones de euros anuales, precisamente para garantizar esa continuidad y evitar que el mantenimiento de la red dependa únicamente de actuaciones puntuales.
La gestión de una red tan extensa necesita combinar tres niveles de actuación que son diferentes, pero forman parte de una misma política: atender las incidencias cuando se producen, conservar de manera preventiva para evitar que los problemas vayan a más y ejecutar obras de mejora y rehabilitación cuando las condiciones de la carretera requieren una intervención de mayor alcance.
Conservar es también prevenir
Cuando hablamos de conservar una carretera, no hablamos solamente del firme por el que circulan los vehículos. Una carretera es también su drenaje, sus taludes, sus muros, sus estructuras, sus túneles, sus barreras, su señalización y todos aquellos elementos que permiten que pueda prestar servicio con seguridad.
Por eso estamos avanzando hacia una gestión más integral de la red. En los últimos años se han reforzado las inspecciones y los sistemas de seguimiento. Se han programado revisiones de más de un millar de estructuras y de decenas de túneles, y estamos incorporando progresivamente más información técnica para conocer con mayor precisión el estado de los firmes y de los distintos elementos de la infraestructura.
La prevención es especialmente importante en Asturias. Nuestra orografía y nuestras condiciones meteorológicas hacen que tengamos que convivir con riesgos como los desprendimientos, las lluvias intensas, la nieve o los problemas derivados de la vegetación. No podemos eliminar esos riesgos, pero sí podemos mejorar nuestra capacidad para identificarlos, vigilarlos y responder antes y mejor.
Un ejemplo muy visible es la campaña anual de desbroce. En 2026 destinamos más de 3,1 millones de euros a estas labores a lo largo de los 4.254 kilómetros de la red autonómica. Puede parecer una actuación menor frente a una gran obra de carretera, pero mantener despejados los márgenes permite mejorar la visibilidad, facilita la conservación de cunetas y elementos de drenaje y contribuye a la seguridad de quienes utilizan nuestras carreteras.
Lo mismo ocurre con los taludes. La prevención de un desprendimiento no comienza cuando una piedra llega a la calzada. Comienza mucho antes, con inspecciones, inventarios, seguimiento y actuaciones de estabilización allí donde los análisis técnicos indican que existe un riesgo que debemos reducir.
También tenemos que prestar atención a un patrimonio viario que ha cambiado con el tiempo. Existen tramos que han dejado de cumplir su función original y que debemos identificar y ordenar para conocer su estado y estudiar, cuando proceda, otros posibles usos o fórmulas de colaboración con los concejos. Conocer el patrimonio que administramos es una condición necesaria para gestionarlo bien y para tomar decisiones responsables sobre su futuro.
Esta forma de trabajar tiene una consecuencia importante: permite pasar de una Administración que simplemente repara a una Administración que conoce sus infraestructuras y decide cuándo intervenir para conservarlas mejor. Y exige también una colaboración cada vez mayor entre Administraciones. Especialmente en las travesías y en los tramos urbanos, donde carretera y ciudad se encuentran y donde las actuaciones de conservación y mejora deben coordinarse con los concejos. La propia normativa asturiana contempla estos espacios como ámbitos preferentes para la cooperación entre Administraciones.
La década que tenemos por delante
La Estrategia de Infraestructuras Viarias y Movilidad 2026-2036 nace para definir el futuro de la red autonómica durante los próximos diez años. No parte de cero. Parte de una red que estamos conservando, de unos equipos que están trabajando sobre el territorio, de contratos que permiten programar actuaciones durante varios ejercicios, de sistemas de inspección que nos proporcionan más información y de una experiencia acumulada que debemos utilizar para tomar mejores decisiones.
Pero una estrategia a diez años tiene que hacerse algunas preguntas nuevas. Tenemos que decidir cómo conservar los firmes para prolongar su vida útil, cómo seguir mejorando la seguridad vial, cómo actuar sobre estructuras y túneles, cómo anticiparnos a los riesgos geotécnicos, cómo gestionar los márgenes y el dominio público de las carreteras y cómo adaptar nuestra red a una realidad climática y territorial que también está cambiando.
Tenemos que pensar, además, en la función que desempeñan las carreteras en una Asturias con nuevas necesidades de movilidad, con una población que sigue teniendo una importante dispersión territorial y con una actividad económica que necesita buenas conexiones. La carretera autonómica no es únicamente una infraestructura de transporte: en muchos lugares es la conexión cotidiana con el centro de salud, el colegio, el trabajo, los servicios públicos o los principales núcleos de población.
Por eso la Estrategia 2026-2036 debe ser un instrumento de Gobierno. Tiene que ayudarnos a establecer prioridades, ordenar inversiones y decidir dónde debemos poner el esfuerzo en cada momento, combinando los recursos propios de la Administración con la contratación de servicios y con las obras de mejora que sean necesarias.
La carretera que vemos hoy es el resultado de muchas decisiones tomadas durante décadas. Las carreteras que tendremos dentro de diez años dependerán, en buena medida, de las decisiones que seamos capaces de tomar ahora.
Por eso estamos trabajando en una estrategia que mira a 2036, pero que empieza en algo tan concreto como mantener bien la carretera que tenemos hoy. Porque conservar una infraestructura pública es también cuidar el territorio que conecta. Y planificar su futuro es una forma de garantizar que Asturias siga estando conectada, que sus pueblos sigan teniendo oportunidades y que nuestra red viaria esté preparada para las necesidades de la próxima década.
La red que conecta Asturias se construye con grandes obras, pero también con miles de actuaciones cotidianas de conservación, prevención y mejora. Esa tarea, que no siempre es la más visible, es la que permite que las carreteras sigan cumpliendo cada día su función y la que nos permite afrontar con mayor responsabilidad la década que tenemos por delante.
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