Vendrán más agresiones fascistas

OPINIÓN

Los médicos de familia Rubén Rosón (d) y Jorge Fernández (i), vinculados a AMA Asturies y al colectivo Fiestes Populares, que fueron agredidos el pasado jueves en la plaza de la Catedral de Oviedo, cerca de una de las casetas de Fiestes Populares en la que colaboraban durante San Mateo, durante la concentración convocada por AMA Asturies este sábado en la plaza de la Catedral en repulsa por dicha agresión
Los médicos de familia Rubén Rosón (d) y Jorge Fernández (i), vinculados a AMA Asturies y al colectivo Fiestes Populares, que fueron agredidos el pasado jueves en la plaza de la Catedral de Oviedo, cerca de una de las casetas de Fiestes Populares en la que colaboraban durante San Mateo, durante la concentración convocada por AMA Asturies este sábado en la plaza de la Catedral en repulsa por dicha agresión Eloy Alonso | EFE

Los chavales que me dieron una paliza por mi ideología o la que suponían que tenía, cuando era joven, eran buena gente. Lo sé porque en el juicio que perdieron se preocuparon mucho de ir ataviados de la mejor manera posible y de poner cara de no haber roto un plato, a pesar de haber intentado rajarme el pecho con un cuchillo de monte. En la ciudad donde crecí, las agresiones fascistas se daban todos los fines de semana y casi todos mis amigos habían recibido alguna más grave que la que yo sufrí. Si algo aprendí de aquellos años es que hay gente que está acostumbrada a la violencia y, de entre esa gente, hay algunos que saben practicarla muy bien.

El vídeo de la agresión fascista y homófoba en Oviedo contra Rubén Rosón y Jorge Fernández es bastante explícito, habla por sí solo. Nadie sale a la calle de fiesta y se lía a mamporros con otras personas si no viene así de casa. El peor problema con estas acciones es que en realidad la línea que separa los golpes descerebrados de la muerte es muy tenue, solo hay que desviarse unos centímetros para dejar a otra persona seca para siempre. Afortunadamente no ha ocurrido, pero sé muy bien la sensación que se te queda después de haber sufrido una agresión de este tipo, y eso se va a quedar ahí con los agredidos. El pasado día doce miles de personas se solidarizaron con ellos en la plaza de la Catedral y ojalá el día en el que fui agredido hubiera recibido algún tipo de solidaridad de algún partido, organización o lo que sea en mi ciudad. No fue así. Me vi completamente solo comiéndome la cabeza y hasta culpabilizándome por lo ocurrido. Pasé varias semanas completamente paranoico y mirando a mis espaldas por si acaso. No se lo deseo a nadie. Tenía miedo hasta de bajar a por tabaco a cien metros de casa.

Todo el apoyo institucional que reciban los agredidos en Oviedo es poco. El alcalde Alfredo Canteli tiene la obligación de ponerse del lado de ellos pero ha preferido no hacerlo, es decir, que ha tomado posición a favor de los agresores. Esto no es una apreciación mía, es un hecho. Vox se ha situado a su derecha y, como no podía ser de otra manera, le ha dado la razón. Esto es violencia política y, si me apuran, institucional. Mucho me temo que las agresiones de este tipo irán a mucho más en toda España y que, como ahora, la dirección del Partido Popular a nivel nacional eludirá ponerse del lado de los agredidos y, en el mejor de los casos, guardará silencio. Vox se pondrá sin rubor alguno del lado de los agresores. Poli bueno, poli malo, aunque en los últimos tiempos ya casi no existe el primero y solo existe el poli cobarde que es un poco el Ed Sheeran de los grandes partidos.

Para que dejen de producirse escenas tan terribles como las que vimos, hay que atar corto a cierta gente, aunque sean buenos chicos. En mi ciudad, el ayuntamiento, ante la oleada de ataques neonazis que se dieron, se negó a condenar y admitir la existencia de esas agresiones después de que Izquierda Unida lo pidiera en un pleno. Ningún otro partido apoyó a la formación. Ninguno. Se quedaron solos y yo me quedé con la sensación de que mi vida no valía nada. No hubo concentraciones ni nada parecido en la plaza principal de la ciudad. Esto no está pasando en Oviedo, afortunadamente, pero no tengo ninguna duda de que al alcalde le gustaría que fuera así. Es desolador porque es el alcalde de todo Oviedo, no solo del que le gusta a él, pero a estas alturas eso ha dejado de importar, supongo.