Esas damas del Imserso

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Personas haciendo cola ante una agencia para solicitar los viajes del Imserso.
Personas haciendo cola ante una agencia para solicitar los viajes del Imserso. Ángel Manso

Hay una forma de envejecer asociada a los viajes del Imserso que desde algunos sectores se observa con desdén. En general son facciones en la frontera previa, con una pierna puesta en el pub de los tequilas y la otra en el club de jubilados, pero, como siempre pasa con los muros, los que están en el lado bueno no los ven. Así que mientras apuramos los últimos años antes de pasar a la reserva, cuando se inicia el proceso de desconexión de lo que hemos sido, incluido el hábitat biológico, escrutamos la migración masiva de retirados hacia tierras cálidas con la misma condescendencia con la que pastoreamos a los cachorros o vemos cruzar cigüeñas por el cielo.

Andan estos días los pensionistas con la reserva de plazas y a mí me despierta una envidia eminente la textura con la que casi todas ellas han llegado a esta edad, liberadas al fin de indicaciones sociales y obligaciones por decreto. Deslumbra su talento para pasarse al fin el mundo por el forro de las apariencias, a pirarse con las colegas hacia el sol, a troncharse hasta de su sombra, a bailar sin complejos, a beber un poquito y a comer, que después ya intercederán las estatinas. El Imserso les pone una pasarela asequible, un finger con la aventura controlada, un desparrame con cierta estructura y horarios de vuelta a casa. Muchas registran que gastan más dinero en casa que en el retiro en Roquetas, y que en casa, además, se gastan mucho más ellas. Muchas disfrutan por primera vez de una juerga con amigas, de una temporada sin estropajos, de un tiempo sin más ocupación que ellas mismas.

Algunas, incluso, cruzan el mundo casi por primera vez tras devengar durante décadas nóminas tan recortaditas que no daban ni para un recreo en Zamora. Que viva el Imserso.