¿Y si el miércoles es en Melilla?

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Militares españoles en una exhibición durante el Día de Melilla el pasado jueves.
Militares españoles en una exhibición durante el Día de Melilla el pasado jueves. Jose Manuel Giner | EFE

Sin solucionar aún la crisis de Ceuta, la semana pasada nos comemos el acuerdo de Nueva York entre Estados Unidos, Israel y Marruecos. ¿Casualidad o causalidad? La respuesta es fácil. Los hechos traen consecuencias. Seis años después de los denominados pactos de Abraham, que firmó Israel con varios países árabes, entre ellos Marruecos, esta alianza bilateral se convierte en una trilateral muy poderosa, impulsada por la tercera pata de esa mesa, que no es otra que la de Donald Trump. Trump le tiene ganas a Sánchez. Esa es la política lamentable de hoy, personalista, feroz. Y detrás vamos los países y los ciudadanos, como rebaños. Ya saben el dicho: reunión de pastores, oveja muerta. España sigue debilitándose en la zona. Empezó con las cesiones del Sáhara, siguió con lo que aún no se sabe sobre el espionaje marroquí de los móviles del presidente y de otros miembros del Gobierno, continuó con las relaciones con Argelia y explotó con la invasión híbrida de Ceuta. Marruecos, y su monarquía dictatorial, se ve más fuerte que nunca. Con este nuevo acuerdo con Israel y Estados Unidos se asfalta una autopista que ya funcionaba a pleno rendimiento. Marruecos pasa a ser el socio prioritario de Estados Unidos en un punto geográfico estratégico como es el Estrecho. Rota sufrirá las consecuencias. Para la Casa Blanca, Rabat es ahora el amigo y no Madrid. Israel nos pasa factura por nuestra postura lógica en la masacre que Tel Aviv protagonizó en Gaza, aunque los de Hamás no son santos. Ahora, las embajadas de Rabat con Israel y Estados Unidos pasan a ser de pleno derecho, mientras España ha roto relaciones con los maestros de la inteligencia y el espionaje internacional, que no son otros que los israelíes. Perdemos por todas partes. En lo de Gaza tenemos razón, pero hay maneras y maneras, y Sánchez no se caracteriza por su delicadeza. Bien lo sabe Vivas. La fragilidad de España hace pensar que en cualquier momento podemos vivir una crisis como la de Ceuta en Melilla. ¿Por qué no el miércoles? En teoría, la frontera de Melilla está reforzada. Por razones de seguridad no se desvela los agentes que protegen la ciudad. Pero nadie se cree que sean suficientes, con el cuidado extremo que Sánchez está teniendo con Mohamed VI. Además, si se reproduce la invasión híbrida, sea en Ceuta o en Melilla, ¿cómo se frenan oleadas de miles de migrantes? No hay presunto blindaje que frene esa marea. Utilizan el eslabón más débil de la cadena, migrantes que no tienen nada, para romper la integridad territorial de España y, por tanto, de Europa. A Marruecos le dan igual los derechos humanos. Y ahora se sienta en la mesa con Trump y con Netanyahu, dos conocidos pacifistas. Tras el pacto, España es menos y Marruecos es mucho más en la escena internacional. ¿Alguien se cree que las buenas palabras de Von der Leyen sirven para algo? Mohamed VI está convencido de que Ceuta y Melilla son suyas. No está haciendo nada que su padre no hiciese hace décadas, con las marchas que nos fueron expulsando de África. Antes se aprovecharon de la debilidad de Franco, ahora de la Sánchez, a quien ya no le funciona ni el relato. Haga lo que haga, tras las vacaciones de agosto en La Mareta se queda sin la Moncloa.