Asturias: ¿Hasta cuándo vamos a seguir perdiendo el futuro?

OPINIÓN

F. Sotomonte

La vivienda se dispara, los salarios no alcanzan, los/as jóvenes se marchan y nuestros sectores productivos agonizan. ¿Qué está pasando en Asturias?

Hay cifras que deberían hacer saltar todas las alarmas. Y hay otras que, más allá de los porcentajes, deberían hacernos reflexionar sobre qué clase de Asturias estamos construyendo para quienes vivimos aquí y, sobre todo, para quienes quieren seguir viviendo aquí. La vivienda acaba de darnos otro golpe.

Mientras en el conjunto de España el precio de la vivienda aumentó un 12,2 % interanual en el segundo trimestre de 2026, Asturias alcanzó el 15 %, situándose entre los territorios con mayor incremento. No estamos hablando de un lujo. Estamos hablando de un derecho básico.

Y detrás de ese 15 % hay miles de personas que miran sus nóminas y comprueban que sus ingresos no crecen ni remotamente al mismo ritmo que el precio de una vivienda. Hay trabajadores/as con contratos precarios, familias que llegan con dificultad a final de mes, jóvenes que no pueden emanciparse y personas mayores que ven cómo el coste de la vida aumenta mientras sus posibilidades económicas permanecen prácticamente estancadas.

¿Qué futuro estamos ofreciendo a nuestros/as jóvenes?

Una persona joven que termina sus estudios debería poder plantearse trabajar, independizarse, formar una familia si lo desea y construir su proyecto de vida en Asturias. Pero cada vez resulta más difícil.

Y cuando la vivienda se convierte en un obstáculo insalvable, no basta con decirle a esa persona que tenga paciencia. Porque mientras espera, los años pasan y las oportunidades también.

El problema de Asturias no es únicamente que la vivienda haya subido mucho. El problema es que la vivienda está subiendo en una comunidad que necesita desesperadamente conservar a su población joven y atraer actividad económica, más allá de industria armamentística. Y eso debería preocuparnos enormemente.

No es solo la vivienda

Asturias lleva demasiado tiempo afrontando problemas que, en lugar de resolverse, parecen acumularse. Tenemos una población envejecida y una juventud que, en muchos casos, se ve obligada a buscar fuera las oportunidades que no encuentra aquí. Tenemos sectores tradicionales que han perdido peso y otros que no terminan de generar el empleo estable y cualificado que Asturias necesita.

El campo atraviesa enormes dificultades. Los incendios han ocasionado graves daños en determinadas zonas y la actividad agraria continúa enfrentándose a problemas estructurales. La pesca tampoco atraviesa precisamente su mejor momento. Y mientras tanto, seguimos escuchando hablar de la necesidad de modernizar Asturias, de atraer población, de impulsar nuevas actividades y de fijar talento.

Pero hay una pregunta que debemos hacer a nuestros gobernantes: ¿Cómo vamos a conseguir que los/as jóvenes se queden si no pueden acceder a una vivienda y tampoco encuentran suficientes oportunidades laborales?

No podemos pedir a una generación que se quede en Asturias mientras le ofrecemos salarios modestos, empleo precario y una vivienda cada vez más cara. Eso no es una política de población. Eso es confiar en que miles de personas hagan sacrificios que quienes toman las decisiones no parecen estar dispuestos a hacer.

Una Asturias que envejce y pierde a sus jóvenes

Hay algo todavía más preocupante. Cuando un joven abandona Asturias, no perdemos solamente a una persona. Perdemos talento. Perdemos capacidad de trabajo. Perdemos futuros emprendedores, profesionales, familias y contribuyentes. Perdemos niños que podrían haber nacido aquí. Perdemos consumidores para nuestros comercios. Perdemos vida para nuestros pueblos y ciudades. Y, sobre todo, perdemos futuro.

Por eso la vivienda no puede contemplarse únicamente como un asunto del mercado inmobiliario. Es un asunto económico, social y demográfico. Si una pareja joven necesita dedicar una parte desproporcionada de sus ingresos para poder comprar o alquilar una vivienda, difícilmente podrá ahorrar, formar una familia o desarrollar un proyecto de vida con tranquilidad. Y si además los empleos disponibles son inestables o están mal remunerados, el círculo se cierra.

¿Y qué hacemos con quien hereda la casa de sus padres?

Hay otra cuestión que tampoco deberíamos ignorar: la transmisión del patrimonio familiar. Durante generaciones, muchas familias asturianas han conseguido conservar una vivienda, un pequeño terreno o unos ahorros con enormes sacrificios. No estamos hablando necesariamente de grandes fortunas. Muchas veces hablamos de la vivienda familiar. De la casa donde vivieron nuestros padres o nuestros abuelos. De un patrimonio que se ha construido después de décadas de trabajo. Por eso la fiscalidad de las herencias merece un debate serio y transparente.

El Principado dispone actualmente de un régimen propio del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, con reducciones y condiciones específicas que deben analizarse caso por caso.

Pero precisamente por eso debemos preguntarnos si el sistema vigente está diseñado para proteger suficientemente a las familias trabajadoras y, especialmente, a quienes reciben una vivienda familiar sin disponer de una gran liquidez.

No podemos permitir que una familia tenga que plantearse renunciar a un patrimonio construido durante generaciones porque no dispone de dinero suficiente para afrontar los costes asociados a heredarlo. La vivienda familiar no debería convertirse en un privilegio reservado a quien dispone de liquidez.

Asturias necesita una reacción

No se trata de buscar culpables de todo en una sola administración o en un solo partido político. Pero sí de exigir responsabilidades a quienes gobiernan. Porque gobernar significa tomar decisiones. Y Asturias necesita decisiones.

Necesitamos una política de vivienda que tenga como prioridad a quienes viven y trabajan aquí. Necesitamos aumentar de forma significativa la vivienda pública y asequible. Necesitamos facilitar el acceso de los/as jóvenes a su primera vivienda. Necesitamos movilizar vivienda vacía cuando sea viable hacerlo con garantías. Necesitamos revisar las políticas urbanísticas y acelerar la construcción de vivienda asequible allí donde exista demanda real.

Pero también necesitamos algo mucho más importante:crear empleo estable y bien remunerado. Porque no habrá política de vivienda capaz de solucionar por sí sola el problema si una parte importante de la población no dispone de ingresos suficientes.

Hay que volver a producir y a crear oportunidades 

Asturias necesita recuperar ambición. Necesita formación profesional vinculada a los sectores que realmente necesitan trabajadores/as. Necesita impulsar nuevas actividades industriales y tecnológicas. Necesita defender su campo y su ganadería. Necesita apoyar a la pesca. Necesita proteger nuestro medio rural. Necesita aprovechar sus recursos naturales de manera responsable. Necesita facilitar que una persona joven pueda estudiar, formarse, trabajar y vivir dignamente sin verse obligada a marcharse.

Porque no podemos convertir Asturias en una comunidad donde solamente puedan quedarse quienes ya tienen una vivienda heredada o un patrimonio familiar. Eso sería aceptar la derrota. Y Asturias no debería resignarse a eso.

No queremos una Asturias para quienes puedan pagarla 

Queremos una Asturias donde una persona que trabaja pueda vivir dignamente. Una Asturias donde independizarse no sea un privilegio. Una Asturias donde heredar la vivienda de los padres no sea una carrera de obstáculos económicos. Una Asturias donde nuestros pueblos tengan jóvenes y niños. Una Asturias donde el campo tenga futuro. Una Asturias donde nuestros pescadores puedan seguir viviendo de su trabajo. Una Asturias donde la formación sirva para encontrar empleo y no simplemente para preparar la maleta. Una Asturias donde nuestros hijos no tengan que marcharse para poder construir su futuro.

Porque el problema no es solamente que la vivienda haya subido un 15 %. El verdadero problema es que estamos permitiendo que el derecho a vivir dignamente en Asturias sea cada vez más difícil para una parte creciente de nuestra sociedad. Y ante eso no podemos permanecer callados.

No podemos seguir aceptando que cada año miles de personas se marchen, que nuestros pueblos pierdan población, que nuestros sectores productivos se debiliten y que el precio de la vivienda se aleje cada vez más de los salarios.

Ha llegado el momento de exigir una política diferente. Una política que ponga a las personas por delante de las estadísticas. Que ponga el empleo por delante de la propaganda. Que ponga la vivienda al alcance de quienes trabajan. Y que tenga una prioridad por encima de todas: que Asturias vuelva a ser una tierra donde nuestros hijos puedan quedarse, vivir y construir su futuro.

Porque una comunidad que no puede garantizar a sus trabajadores/as el acceso a una vivienda está hipotecando su propio mañana. Y Asturias ya no puede permitirse seguir hipotecando su futuro.