Desesperan las listas de espera

OPINIÓN

Imagen de archivo de una sala de espera en Atención Primaria
Imagen de archivo de una sala de espera en Atención Primaria LOLITA VÁZQUEZ

Los humanos nos caracterizamos, entre otras muchas cosas, por ser contradictorios. Hay quien es capaz de pasar una hora sentado en el banco del parque sin hacer absolutamente nada, solo mirando lo que buenamente se ofrece a su vista. Hay quien pasa horas en el sofá con la mirada clavada en la televisión y después no es capaz de decir nada coherente sobre lo que ha visto. Esas mismas personas no son capaces de aguantar un mínimo de espera en una cola.

Hay una mayoría que no soporta la pérdida de tiempo, que odian cualquier modo de espera. Los minutos de espera en la peluquería hace que nos revolvamos en el asiento como si algo nos alterase el ritmo cardiaco. Esperar para hacer el pago en la cola del super puede provocar un conflicto entre quienes están en la fila, tan solo por un par de minutos, que es lo que supone estar un puesto antes o después. Aunque no sea una situación frecuente puede que nos hayamos quedado atrapados en un ascensor, la espera hasta ser socorrido resulta, en todo caso, agobiante.

Pero no hay nada comparable, nada que haga más daño que la espera médica, ya sea para una cita con tu médico de cabecera o una consulta con un especialista o una intervención programada. Esa espera lo trastorna todo, influye el humor, en el trabajo, en la familia.

Puede que sea mera sugestión, pero cuando se acude a una consulta médica nada tiene que ver la expresión del rostro cuando cruzas la puerta a la entrada con la de la salida, aunque solo salgas con una receta en la mano por todo tratamiento. Si esa consulta fue obtenida después de cuatro o cinco días de espera, serian unas horas ingratas que se pasaron tras salir del centro de salud. Ese es el milagro que logran los médicos, esa es la fe que se tiene hacia tan loable profesión, aunque a veces su corporativismo les aleje de la sociedad.

Otra cosa es que la espera sea para hacer un escáner o una operación, entonces la cosa es más seria. Serán semanas y semanas de espera, días de angustia, amaneceres en espera de una llamada que no llega. Probablemente será un tiempo de baja para el trabajo, que seguramente algunos irresponsables lo califiquen de absentismo. El cacareado absentismo laboral bajaría drásticamente si esas listas de espera no fueran tan gigantescas.

Hace poco en la Consejería de Sanidad ha habido un vuelco sorprendente a estas alturas de la película. Se sustituye al responsable del SESPA, según se ha explicado para reducir las listas de espera y para apaciguar la huelga que se anuncia. Se entiende que quienes estaban antes también trabajaban para aminorar las listas de espera. Se desconocen las armas que ahora se van a utilizar para lograr esa eficacia que hasta ahora era inalcanzable.

Parece, según se anuncia, que hay un clima de entendimiento entre la Consejería y los sindicatos médicos. Lo que no se sabe es si eso puede suponer que al fin las listas de espera cambiarán de tendencia. El optimismo entre la población no se adivina fácil.