Desde Asturias, quienes trabajamos en instalaciones eléctricas hemos vivido de cerca el crecimiento del autoconsumo y de los puntos de recarga. Son dos sectores relacionados con la transición energética, pero la retirada de las ayudas está mostrando que no todos los crecimientos tienen la misma base.
El autoconsumo residencial creció con mucha rapidez cuando las subvenciones podían cubrir una parte importante de la instalación. Muchas familias se animaron a instalar placas y numerosas empresas entraron en el mercado. Algunas lo hicieron con campañas comerciales muy agresivas y estructuras preparadas para trabajar mientras hubiera ayudas.
Cuando estas empezaron a desaparecer, una parte de esas empresas también desapareció. El mercado se enfrió y quedaron los profesionales con experiencia, conocimientos técnicos y capacidad para seguir atendiendo al cliente. La situación dejó una reflexión: una subvención puede acelerar la demanda, pero no siempre demuestra que exista un mercado estable.
Con los puntos de recarga teníamos un temor parecido. En 2025, el Plan MOVES podía cubrir hasta el 70 % de una instalación residencial. En 2026, el escenario cambió y pasamos a una deducción del 15 % en el IRPF. Como instaladores, esperábamos que la demanda pudiera frenarse de forma importante.
Pero no ocurrió así. Los clientes asturianos siguieron preguntando, pidiendo presupuestos y contratando instalaciones. Tampoco los precios se desplomaron. Durante un tiempo, algunos usuarios pensaban que estaban inflados por las subvenciones. Sin embargo, si hubieran sido artificiales, al reducirse las ayudas la demanda habría desaparecido o los precios habrían tenido que bajar drásticamente.
La realidad ha sido otra. Detrás de cada punto de recarga hay un trabajo profesional que debe adaptarse a cada vivienda o garaje y garantizar que la instalación sea segura y funcione correctamente. Y, sobre todo, hay una necesidad concreta: quien compra un vehículo eléctrico necesita cargarlo.
Esta diferencia también tiene importancia para Asturias. La movilidad eléctrica no solo afecta a los fabricantes o a las grandes empresas. Genera actividad para instaladores, fabricantes de equipos, distribuidores, mantenedores y profesionales capaces de trabajar con nuevas tecnologías. También exige formación y especialización en un sector eléctrico que debe evolucionar.
El reto consiste en que esta oportunidad se consolide con criterios de mercado y no dependa únicamente de nuevas convocatorias de ayudas. Las empresas que sepan prepararse y ofrecer soluciones profesionales podrán encontrar en la recarga una línea de actividad estable, también en las ciudades y en los concejos asturianos donde cada instalación requiere una respuesta adaptada.
Las ayudas pueden poner un mercado en marcha. Pero cuando la demanda continúa sin ellas es cuando se demuestra que existe una necesidad real. En el caso de la recarga eléctrica, esa necesidad crece cada día y Asturias no debería quedarse al margen de la oportunidad.
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