En qué piensa Sánchez

Nieves Lagares
Nieves Lagares CONTRADICCIONES

OPINIÓN

Sánchez, este lunes durante la declaración institucional en la que anunció el adelanto de las generales.
Sánchez, este lunes durante la declaración institucional en la que anunció el adelanto de las generales. Moncloa | EUROPAPRESS

Hace poco, el Equipo de Investigaciones Políticas de la USC, al que pertenezco, mostraba que más del 60 % de los españoles en edad de votar estaban enfadados con Sánchez, pero muy pocos se preguntaron cuántos de ellos tenían una salida de voto alternativa al PSOE.

Uno de los problemas de la polarización reside en la ausencia de camino entre el partido en el que militas y el de enfrente, y esto castiga especialmente a las formaciones más centrípetas en nuestro sistema, el PP y el PSOE, que antes tenían votantes que podían pivotar entre uno y otro, y ahora solo tienen la posibilidad de huir hacia sus extremos respectivos.

En ese escenario convoca Sánchez las elecciones, convencido de que, más allá de los relatos colectivos o individuales, la votación en el Parlamento ha dado lugar a un votante proclive emocionalmente a Maricarmen que puede sostener el discurso de la izquierda, y que ha rearmado a los ideológicamente desabastecidos mediante una reintroducción de los problemas de clase frente a los temas identitarios.

¿Qué se esconde detrás de la decisión del presidente de adelantar unas elecciones que, a juzgar por los resultados de las últimas encuestas, mantienen a los partidos de la derecha y de la extrema derecha al borde de una mayoría absoluta, aunque a los dos bordes? Sánchez espera que la derrota de los dos últimos decretos sobre la vivienda y la recuperación de la agenda política con las movilizaciones en la calle de la izquierda produzcan un cambio de rumbo en la política española tras la crisis migratoria en Ceuta.

Sin embargo, el problema de la vivienda es complejo y afecta de manera transversal a todos los sectores de la población: jóvenes y familias con empleos precarios, mayores con pensiones que no soportan la subida de precios, pero también a pequeños propietarios que tienen en una segunda vivienda un colchón al que aferrarse cuando llega la jubilación o cuando vienen mal dadas. Por esa razón, no parece que en este debate el PSOE vaya a encontrar su tabla de salvación electoral si no es capaz de mantener la discusión pública en unos pocos temas.

Por otro lado, el adelanto electoral urge a las formaciones a la izquierda del PSOE a improvisar un candidato/a capaz de aglutinar el conglomerado de siglas de su espacio político, que pasa por sus horas más bajas. Si lo que Sánchez pretende es concentrar el voto del bloque de la izquierda, esa mayoría progresista que defiende, tampoco eso parece suficiente para ganarles a las dos derechas.

Hace tiempo que la ola de extrema derecha está ganando la partida en Europa y en el mundo. Si detrás de la decisión de Sánchez está la idea de agitar la política del miedo, convirtiéndose en el baluarte de derechos y avances políticos y sociales, no parece que eso vaya a frenar el apoyo de un electorado que reconoce en Vox el azote a los errores y desmanes de las élites políticas.

En qué tipo de campaña está pensando Pedro Sánchez es difícil de saber, aunque tratándose del líder socialista estamos acostumbrados a los conejos que salen de la chistera. Sin embargo, en esta ocasión va a hacer falta más de un conejo y quizás más de una chistera.