San Mateo. Entre la crítica, la nostalgia y la realidad

OPINIÓN

Fiestas de San Mateo, en Oviedo
Fiestas de San Mateo, en Oviedo Paco Paredes | EFE

Una opinión no se convierte en mayoritaria por el mero hecho de ser repetida insistentemente por los mismos.

Desde hace años, especialmente durante las celebraciones y las semanas posteriores, hay quien critica la organización de las fiestas de San Mateo.

Todas las opiniones expresadas desde el respeto no solo merecen consideración, sino también ser escuchadas. Desafortunadamente —basta echar un vistazo a las redes sociales— hay quien prefiere acompañar su posición con el insulto y, con ello, incurre en un merecido descrédito.

Normalmente, las valoraciones negativas se apoyan en la comparación con los festejos de hace décadas.

Sin embargo, añorar tiempos pasados sin atender a los inevitables cambios que provoca el paso de los años suele deformar la realidad. La ciudad de Oviedo, como cualquiera de nosotros, no es exactamente la misma que hace un par de décadas. Ignorarlo nos impide, por un lado, comprender el entorno en el que vivimos y, por otro, puede arrastrarnos a situaciones ridículas.

Es evidente que el modelo de las fiestas de la capital cambió tras la victoria del Partido Popular, con Alfredo Canteli a la cabeza, en las elecciones municipales de 2019. A lo largo de aquel mandato, el nuevo formato se fue asentando progresivamente. Sus detractores vaticinaron que el modelo colapsaría por un rechazo vecinal mayoritario que se traduciría en calles vacías. Sin embargo, los comicios de 2023, en los que el gobierno municipal reforzó su victoria alcanzando la mayoría absoluta, demostraron que las nuevas formas no contaban con la oposición multitudinaria que algunos pronosticaban.

Los chiringuitos continúan siendo el pilar central de las críticas. Hay quien sostiene que si estas instalaciones están gestionadas exclusivamente por entidades vecinales, deportivas, culturales o políticas generan mayor dinamismo, son más «populares», que si también participan en su explotación los profesionales de la hostelería ovetense. Sin embargo, mantener la presencia de los puestos tradicionales y, al mismo tiempo, abrir espacio a quienes contribuyen a la economía local durante todo el año no resta, amplía la oferta y, por tanto, suma.

En el frente crítico coinciden los defensores del anterior modelo con quienes se oponen a que el Campo de San Francisco acoja actividad festiva alguna. Estos últimos, desde una visión inmovilista, parecen olvidar que nuestro histórico parque, además de pulmón de la ciudad, es también su corazón, un testigo activo de cada época.

Ser un escenario inmejorable para festejos y exposiciones no está reñido con unas estrictas e imprescindibles labores de mantenimiento y protección de su patrimonio.

Si algo demostró el evidente abandono que sufrió el Campo de San Francisco entre 2015 y 2019 —semejante al padecido en la década de los años ochenta del pasado siglo XX— es que alejar el día a día de la ciudad de sus jardines no garantiza una mejor conservación.

Llama la atención que voces, hoy tan críticas con que el parque sea punto de encuentro multitudinario en San Mateo o en La Ascensión, no se escucharan durante aquellos años de abandono.

Organizar las principales fiestas de la capital asturiana implica un delicado equilibrio entre el impulso político de la concejalía que dirige Covadonga Díaz y el desempeño de los técnicos del área municipal de festejos. Se trata de un trabajo exigente que raras veces cosecha el reconocimiento unánime, pues el acuerdo total es una utopía.

Quienes asumen esta responsabilidad deben mantener la serenidad: atender de buen grado las observaciones constructivas, desestimar los ataques alimentados por el insulto, el sesgo ideológico o la animadversión personal, y encontrar su mayor recompensa en la certeza del deber cumplido, cristalizado en la multitud de ciudadanos que cada año, con su participación, hacen suyas las fiestas de San Mateo.