Sánchez es prodigioso. Amnesia total. Nunca lo den por muerto. Ahora intenta el triple salto en el vacío: solo adelanta para salvarse él. Va a sacar un nuevo decreto de la vivienda en la Diputación Permanente, si el PNV le compra esa burla. Así irá a elecciones con la bandera de Sánchez antidesahucios. Ojo, está muy enfadado; Junts le ha cambiado los planes y no seguirá hasta el 2027. Intentará lograr que el «Ferrari rojo» del PSOE saque un buen resultado para seguir al volante, como jefe de la oposición. El sueño de ampliar la mayoría progresista es una misión imposible hasta para Tom Cruise. Por mucho que mejore el PSOE, por mucho que cuente con triturar a Feijoo en los debates de campaña, el Frente Amplio lo hundirá.
¿Qué es el Frente Amplio? Nada sin Podemos. O Podemos de verdad se une a Sumar y compañía, o la izquierda solo rascará restos. Encima, Sánchez en modo radical se quedará con su público. Y a Yolanda Díaz le pilla su difícil elección como secretaria general de la OIT, con un sueldazo de 300.000 euros, justo el 16 de noviembre, en plena campaña. El Frente Amplio es el Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y los comunes, hasta hoy. Su candidata iba a ser Mónica García, la doctora que odia a los médicos, o Ada Colau, a la que no quieren ni en Barcelona. Podemos exige primarias para una presunta fusión e Irene Montero intentará ser el rostro de esa unión. Las izquierdas secesionistas irán por su cuenta y riesgo: Bildu, ERC y BNG, por mucho que Gabriel Rufián se haya ofrecido a confluir. Sin esta confluencia, Sánchez no tiene muleta para ampliar esa mayoría progresista.
Las elecciones del 29 de noviembre serán las de las dos Españas. Pero por mucho que el presidente haya olvidado en su primer mitin el desastre de gestión de Ceuta, la cúpula de su partido en la cárcel de Soto del Real, la condena de su hermano y el juicio con jurado pendiente de su mujer, todo eso hace que —gracias al muro que él mismo ha levantado— haya entre un 48 % y un 51 % de votantes que irán a las urnas contra él. Así es como se cambian en España los presidentes desde la recuperación de la democracia en el 75. Este país vota contra, y por mucho que Sánchez sufra ataques de amnesia, ha sido él quien ha convertido el PSOE en el «Partido Sanchista», sin piedad con nadie. Su incompatibilidad con Ayuso es porque son iguales: dos egocéntricos castizos.
Los cabreados no son ninguna coalición de ultraderecha ni van por la calle con motosierras. Los enfadados que quieren a Sánchez lejos de la Moncloa son una mayoría transversal de españoles que están hartos de su forma de gobernar personalista. Aburridos de un presidente que nunca pensó en los administrados, ni en las pymes, ni en los millones de pequeños propietarios de un solo piso, ni en las familias. Dice que la economía va fenomenal. Será la suya. O tal vez es que no va a la compra: el susto que todos nos llevamos cuando la cajera nos da la factura es espectacular. Imposible también llenar el depósito del coche. Todo eso y el mes de vacaciones en La Mareta lo va a sentar en el banquillo, de momento, de la oposición.
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